Cuando el cielo se cubre de nubes en Mendoza, la rutina de miles de personas cambia de un momento a otro. Salir de la cama cuesta el doble, las ganas de encarar la jornada disminuyen y aparece una sensación generalizada de desgano o desmotivación. Lejos de ser una simple cuestión de pereza o falta de actitud, se trata de un fenómeno psicofisiológico real en el que interactúan el reloj biológico del cuerpo, las emociones acumuladas y el entorno en el que vivimos.
En diálogo con Diario UNO, la psicóloga María Paula Quiroga Alberoni explicó que la falta de luz solar afecta de forma directa el funcionamiento del organismo: "El ser humano necesita de la luz solar para regular sus funciones básicas. Sentirse con menos energía, sensible o irritable cuando hay varios días grises consecutivos no es falta de voluntad, sino una respuesta esperable de nuestro cuerpo", remarcó la profesional.
El "modo ahorro de energía" y la respuesta del cerebro
La causa principal de este cansancio repentino se encuentra en la química cerebral. La luz natural regula la producción de neurotransmisores clave para el bienestar cotidianas. Cuando escasea el sol, disminuyen los niveles de serotonina y dopamina las sustancias ligadas al placer, la motivación y la vitalidad, mientras que aumenta la melatonina, la hormona que le avisa al cuerpo que es momento de dormir. Por eso es común sentir somnolencia incluso tras haber descansado bien.
Frente a este escenario, el organismo entra automáticamente en una suerte de "modo ahorro de energía". Consultada por este medio, la psicóloga Jazmín Campagna Ruffolo señaló que "la oscuridad envía señales al cuerpo de que hay que bajar las revoluciones y reducir el estado de alerta".
La especialista agregó además que el impacto no es igual para todo el mundo: "No hay una respuesta universal. Somos seres integrales y cada persona interpreta el día gris de manera distinta: mientras para alguien puede asociarse al descanso y la calma, para otra persona puede significar encierro o la molesta interrupción de sus actividades".
A esto se le suma un factor geográfico y cultural propio de la provincia. En zonas áridas como Mendoza, donde las precipitaciones no son habituales y la infraestructura no siempre acompaña, la lluvia fuerte interrumpe de lleno el ritmo diario.
De acuerdo con lo manifestado a Diario UNO por la psicóloga Cecilia Olivar, "Al no estar acostumbrados a convivir con la lluvia como en Buenos Aires, un día torrencial en la provincia puede disparar estados de ansiedad o preocupación por la seguridad de la vivienda, algo que se suma al estrés o las preocupaciones económicas que la persona ya viene arrastrando".
Cuándo es un desánimo pasajero y cuándo hay que consultar
Sentir menos ganas de salir o cancelar planes al aire libre cuando el clima está gris es completamente normal. Sin embargo, las especialistas advierten sobre el peligro de quedarse esperando pasivamente a que "vuelvan las ganas" para retomar las actividades. Suprimir el contacto social o el movimiento físico crea un círculo vicioso que prolonga y profundiza el malestar emocional.
Por eso, resulta fundamental aprender a distinguir entre un bajón de ánimo temporal y un cuadro de mayor gravedad. "Las fluctuaciones del ánimo son normales, pero cambian cuando el sol vuelve a salir. En cambio, si el malestar persiste en el tiempo, paraliza a la persona o se manifiesta con síntomas en el cuerpo como taquicardia, insomnio, crisis de llanto o pérdida total del interés por las cosas que antes disfrutaba, es momento de prestar atención", advirtió Olivar.
En esos casos prolongados, la medicina y la psicología contemplan el Trastorno Afectivo Estacional (TAE), un tipo de depresión ligada a los meses de otoño e invierno, donde la luz solar se reduce por períodos extensos de hasta tres meses. Ante la duda, las tres profesionales coincidieron en que no hay que naturalizar la angustia constante y que realizar una consulta a tiempo con un profesional de la salud mental es la mejor manera de cuidar el bienestar integral.
En pocas palabras
- Falta de luz solar: altera la química cerebral, disminuye serotonina y aumenta melatonina, provocando desgano.
- Impacto individual: la respuesta al día gris varía según la persona y sus circunstancias, pudiendo generar estrés.
- Señales de alerta: malestar persistente que paraliza o afecta el cuerpo puede indicar Trastorno Afectivo Estacional (TAE).






