Familiares de las 29 víctimas del Instituto Próvolo luchan mientras aguardan el reinicio del juicio este miércoles para que se haga justicia por los abusos sexuales que allí se cometieron a los menores, y para que sus seres queridos se reinserten en la sociedad dado que "en sus años alojados allí no aprendieron ni el lenguaje de señas ni un oficio", explicaron.
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"Hay muy pocas víctimas reinsertadas en la sociedad dado que tras las denuncias y el desalojo del Instituto la reinserción ha sido a nivel escolar pero no laboral", dijo a la agencia de noticias Telam Sergio Salinas, defensor en la causa que tiene a 29 víctimas, 11 de las cuales son querellantes en este primer juicio iniciado este mes, sobre un total de 28 casos de abuso sexual.
El juicio, que marca el mayor escándalo por denuncias de abusos sexuales eclesiásticos registrado en Mendoza, comenzó el 5 de agosto contra los curas Nicola Corradi (83), Horacio Corvacho (59) y el administrativo Armando Gómez (57), imputados por "abuso sexual con acceso carnal agravado por la guarda y la convivencia preexistente con menores, en concurso real con corrupción de menores".
Sin embargo, ya se suspendió dos veces durante varios días para resolver planteos de la defensa oficial por la supuesta imposibilidad de escucha de Corradi, y el analfabetismo de Gómez para comprender el debate, que se reanudará este miércoles a las 8.30 con la declaración de María Patricia Gorra, del departamento de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo.
Familiares consultados por Télam coincidieron que el Próvolo "era una fachada" donde no se enseñaba el lenguaje universal de señas, sino que aplicaba un viejo método de oralidad basado en reconocimiento de sonidos y lectura labial o vibraciones, "algo muy difícil de lograr porque es por retroalimentación de escuchar e imitación", explicó la profesora y terapeuta Alejandra Berlanga.
La profesional destacó este lunes que la ley y la Convención Internacional de Personas con Discapacidad dicen que "la lengua de señas es la forma natural de comunicación de las personas sordas y se la debe entender como su primera lengua, mientras que el idioma español es una segunda lengua que se aprende en forma escrita, pero no se pretende que los sordos aprendan a hablar".
"En el Próvolo no se enseñaba el lenguaje de señas porque no se ponía el eje ahí", aseguró Berlanga.
Érica es hermana de una de las tantas víctimas que pasaron años alojados allí y al salir, tras el escándalo, quedaron fuera del sistema, sin inclusión, estudio ni un oficio.




