La ola polar convirtió este miércoles a Mendoza en un escenario hostil. El termómetro apenas logró despegar de los registros bajo cero, el viento hizo que el frío calara hasta los huesos y una llovizna persistente terminó de completar una postal invernal que invitaba a no salir de casa.
Pero para miles de mendocinos esa posibilidad no existe.
Mientras muchos observan el mal tiempo desde una oficina calefaccionada o detrás de una ventana, hay quienes pasan toda la jornada al aire libre porque de eso depende el plato de comida. Son vendedores ambulantes, playeros de estaciones de servicio, pintores, operarios y tantos otros trabajadores que, aunque el invierno golpee con fuerza, no pueden darse el lujo de faltar.
En la avenida Champagnat, muy cerca del barrio Dalvian, Maximiliano Fabián Fredes permanece detrás de una pequeña mesa improvisada. Apenas se le distinguen los ojos entre un pasamontañas y una campera de Boca Juniors algo gastada y bien cerrada hasta el cuello.
Esperando clientes desde las 6.30 en plena intemperie
Sobre la mesa descansan 15 termos de café, algunos alfajores y tortitas. Todo fue preparado en su casa, donde vive junto a su padre.
Desde las 6.30 de este miércoles esperan a los primeros clientes. "Todo lo hago en casa", cuenta mientras sirve un vaso humeante. Su principal público son los empleados que ingresan a trabajar en Dalvian, aunque también se detienen automovilistas que buscan unos minutos de calor antes de seguir viaje.
El combo cuesta 1.500 pesos: un vaso de café y dos tortitas.
Según el movimiento del día puede reunir entre 30.000 y 40.000 pesos. Cuando se le pregunta cómo soporta semejante frío, la respuesta sale sin dramatismo: "No me queda otra. Hoy es terrible, pero se pasa. Voy a estar acá hasta vender el último termo", dice.
A pocos kilómetros, en la esquina de Monseñor Orzali y Lencinas, en el ingreso a la Ciudad Universitaria de la UNCuyo, Pablo Laferrier también enfrenta el invierno detrás de su puesto.
Hace 10 años que trabaja allí y ya conoce a buena parte de sus clientes.
"La gente no habla otra cosa que del frío en Mendoza"
"La mejor época es la primavera. Hoy hace demasiado frío. La gente no habla de otra cosa", dice. Su rutina comienza incluso antes que la de muchos mendocinos.
A las 5.45 ya está en movimiento buscando la mercadería para instalarse.
Curiosamente, asegura que las primeras horas de la madrugada resultan más soportables que cuando amanece por completo: "Cuando sale el sol parece que el frío pega más. Y hoy el viento fue lo más duro."
Sin embargo, Pablo asegura que el verdadero desafío es otro. "Depende mucho de la actitud. Uno puede achicarse o intentar salir adelante. Yo elijo venir igual."
En una estación de servicio Shell, Fabián Vargas aprovecha unos minutos para cargar combustible antes de continuar rumbo a una obra. Es pintor, vive en Godoy Cruz y todos los días viaja hasta Luján de Cuyo en motocicleta.
"Es impresionante. No se aguanta", resume. Para combatir el frío utiliza triple campera, guantes, bufanda y dos pantalones.
Aun así, reconoce que arriba de la moto el viento atraviesa toda la ropa.
"El frío cala los huesos", dice un pintor que anda en moto
Pero enseguida cambia el tono y aparece una reflexión que resume el espíritu de muchos trabajadores durante esta ola polar.
"No queda otra que afrontarlo con un cafecito. El frío cala los huesos, pero hay que agradecer que uno tiene trabajo. Peor sería este frío y estar desempleado."
Quienes también pasan horas enteras bajo el cielo gris son los expendedores de combustible.
Aunque llegan en auto a su trabajo, la mayor parte del turno transcurre completamente a la intemperie.
Paulo Gómez arribó a las 6 de la mañana desde Godoy Cruz hasta una estación de servicio en Ciudad.
Mientras los conductores permanecen dentro de sus vehículos con la calefacción encendida, él permanece afuera durante toda la jornada.
"Uso remera térmica, pantalones aislantes y doble par de medias. Hay que venir muy abrigado", explica. Reconoce que esta es la época más difícil del año.
Los trabajadores invisibles que le ponen actitud al día extremo
"Tenemos que estar acá afuera. No queda otra. Hay que trabajar y ponerle actitud". En un día en el que Mendoza quedó bajo el dominio del frío extremo, las historias se multiplican en cada esquina.
Detrás de un vaso de café caliente, de un tanque lleno de combustible o de una pared recién pintada hay personas que enfrentan temperaturas heladas, viento y llovizna durante horas para llevar un ingreso a sus hogares.
Son los trabajadores invisibles del invierno mendocino. Los que, aunque el frío invite a quedarse bajo una frazada, salen antes del amanecer convencidos de que la necesidad, la responsabilidad y, muchas veces, la esperanza, abrigan mucho más que cualquier campera.









