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Noruega construyó una gigantesca caja fuerte en el Ártico para la seguridad del mundo y ya la puso en uso

La seguridad alimentaria global encuentra su respaldo en Noruega, con una gigantesca caja fuerte de semillas en el Ártico.

En una isla congelada del Ártico, Noruega construyó una instalación que funciona como una especie de “póliza de seguro” para la alimentación del futuro. Se trata de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, un gigantesco refugio diseñado para proteger la biodiversidad agrícola del planeta ante guerras, desastres naturales, plagas o los efectos del cambio climático.

La construcción se encuentra en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard, a unos 1.300 kilómetros del Polo Norte. Está ubicada a 130 metros sobre el nivel del mar, dentro de una montaña de roca congelada, una ubicación elegida para garantizar que permanezca protegida incluso frente a escenarios extremos, como el aumento del nivel del mar provocado por el derretimiento del hielo del planeta.

La construcción que Noruega escondió bajo una montaña y podría salvar la alimentación del planeta

En su interior no guarda alimentos, sino semillas. Esta construcción conserva miles de variedades genéticas de cultivos como trigo, arroz, maíz y legumbres. Cada muestra contiene información genética única que podría ser clave en el futuro para desarrollar plantas capaces de resistir nuevas enfermedades, plagas o temperaturas extremas.

El proyecto de Noruega funciona como una copia de seguridad mundial. Casi todos los países cuentan con sus propios bancos de semillas, conocidos como bancos de germoplasma, donde científicos conservan y estudian variedades locales. Sin embargo, esos centros pueden verse afectados por conflictos, fallas técnicas o desastres.

La gigantesca bóveda del Ártico que protege el futuro de la humanidad

Si una colección desaparece, también puede perderse para siempre una variedad de planta desarrollada durante miles de años. Por eso, la bóveda noruega permite que países e instituciones envíen copias de sus semillas para almacenarlas de manera gratuita. Ningún país pierde la propiedad de sus muestras, solo se guardan como respaldo y pueden recuperarse cuando sea necesario.

El sistema ya demostró su importancia. En 2015 ocurrió el primer retiro de semillas en la historia de la bóveda. El Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Secas (ICARDA) pidió recuperar parte de sus reservas después de que su banco original en Alepo, Siria, fuera destruido durante la guerra civil.

Las semillas fueron enviadas a Marruecos y Líbano, donde los científicos lograron cultivarlas nuevamente, multiplicarlas y luego devolver copias renovadas a la bóveda de Svalbard. Fue la primera vez que esta “caja fuerte genética” del planeta tuvo que abrirse para cumplir exactamente con el propósito para el que fue creada.

Desde su inauguración en 2008, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard se convirtió en uno de los proyectos de conservación más singulares del mundo.

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