Su nombre es Norma Beatriz Bea, y su vida está muy lejos de ser feliz. Sólo percibe una asignación social y cobra 3.300 pesos. Norma sufre, pero no por una cuestión personal, si no por no poder darle lo necesario a su hijo José Ramón Bea, que nació hace 34 años padeciendo parálisis cerebral espástica, lo que lo postra en una silla de ruedas y le hace necesitar mucha atención para poder llevar una vida medianamente normal. Esta pequeña familia reclama, sobre todo, las prestaciones que día a día les saca PAMI, y contra la burocracia que los enreda y les impide recibir lo necesario.
Madre e hijo viven en un pequeño departamentito en la Sexta Sección (Aristóbulo del Valle, entre Paso de Los Andes y Granaderos), donde hace ya dos años y medio que el dueño de casa les cortó el agua por falta de pago, como si las complicaciones fueran pocas. Pero lo peor es que Norma reclama que cada día PAMI, la obra social que tienen, cada vez le niega más prestaciones, y el hecho de pertenecer a esta entidad, les impide acceder a otras que podrían ayudarlos en sus muchas necesidades.



