En el vasto universo de la jardinería encontramos millones de plantas y flores encantadoras. Desde cactus que se arman de espinas, pasando por pequeñas suculentas que decoran el jardín, existe una especie que resistente que puede ser cultivada por principiantes y es un verdadero encanto.
El Agave americana, conocido popularmente como pita o maguey, no es una planta más en el paisaje, es una especie de monumento vivo. Originario de México y el sur de Estados Unidos, se ha adaptado a jardines de todo el mundo como si siempre hubiera pertenecido a ellos.
Tiene hojas, largas y fibrosas que se despliegan en una roseta imponente que puede alcanzar dimensiones espectaculares. Son de un tono verde grisáceo o azulado que parece pincelado por el sol de la tarde. Lo que realmente fascina es que sus hojas terminan en una espina robusta y tiene márgenes dentados.
Pero el detalle más curioso y dramático es que la planta florece una sola vez en su vida, generalmente entre los 10 y 30 años. Lanza un tallo floral que puede superar los ocho metros de altura, un último gesto antes de morir y dejar pequeños hijos en la base. La floración es un acto espectacular en sí, porque marca el final del ciclo de vida de la planta.
Cuidados de la planta Agave americana
Esta especie no requiere demasiada atención según explican los expertos de Gardenia. El sol es su mejor amigo, así que necesita exposición directa. Cuanto más luz reciba, más firme y vibrante será su color. Lo ideal es un sitio del jardín donde reciba al menos seis horas de luz solar directa al día.
La mejor época para cultivar esta planta es en primavera o principios de otoño. Esto permite que el agave se establezca antes de las temperaturas más extremas del invierno o verano.
Un detalle para tener en cuenta es que el exceso de agua es su único enemigo. Durante el verano, un riego moderado cada quince días es suficiente, mientras que en invierno, puedes olvidarte de la manguera.
Esta planta prefiere un suelo bien drenado con nutrientes. Si el suelo del jardín es pesado o arcilloso, añada arena o grava para mejorar el drenaje. Por último, recuerda que crece mucho, así que es crucial ubicarlo lejos de senderos estrechos para evitar roces con sus espinas.



