Graciela, mamá adoptante.
Su papá la recordó de contextura pequeña, más que cualquier niña de su edad, producto de su bajo peso y de sus reiteradas internaciones por problemas de salud.
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Natalia jugando con su papá Daniel (Foto: Luis Amieva)
Su mamá recordó la mirada triste y temerosa que tenía aquel día "la pequeña de ojos grandes y marrones". Ese día estuvo plagado de incertidumbre y miedo al rechazo. Pero todo pasó apenas se vieron y el abrazo fue casi instantáneo.
"Desde ese momento hasta hoy tuvimos que superar muchos miedos juntos en familia. Hubo momentos difíciles para entendernos, ella tenía miedo a que la castigásemos porque se hacía pis en la cama, siempre pensaba que la ibas a golpear. La ayudamos a que aprendiese que no todo se manejaba en niveles de violencia" "Desde ese momento hasta hoy tuvimos que superar muchos miedos juntos en familia. Hubo momentos difíciles para entendernos, ella tenía miedo a que la castigásemos porque se hacía pis en la cama, siempre pensaba que la ibas a golpear. La ayudamos a que aprendiese que no todo se manejaba en niveles de violencia"
Graciela, mamá adoptante.
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Natalia jugando con su perrita "Mara" (Foto: Luis Amieva)
La infancia de Natalia estuvo marcada por los golpes, la desnutrición y el rechazo. Ya había tenido una primera vinculación, pero la adaptación no funcionó y volvió al hogar.
"En una de las primeras salidas desde el hogar salimos a comer y fuimos a un supermercado para que paseara. Ni bien entró al local, pasó algo que nos sorprendió y nos emocionó, porque nos pidió una botella de shampoo grande ya que les daban en una tapita y no les alcanzaba para bañarse. Pasó necesidades como muchos otros niños" "En una de las primeras salidas desde el hogar salimos a comer y fuimos a un supermercado para que paseara. Ni bien entró al local, pasó algo que nos sorprendió y nos emocionó, porque nos pidió una botella de shampoo grande ya que les daban en una tapita y no les alcanzaba para bañarse. Pasó necesidades como muchos otros niños"
Graciela, mamá adoptante.
Con Graciela y Dani la conexión fue inmediata. En su primera visita a la casa supo que ése era su lugar y nunca más se separaron.
Persistencia y recompensa
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Graciela y Daniel, padres adoptantes (Foto: Luis Amieva)
"Me casé a los 28, mi marido tenía 32 en ese momento. Yo ya tenía un diagnóstico médico y sabía que no podía tener hijos. Fue muy duro porque es una de las cosas que uno planea en pareja. Hice muchos tratamientos, pero nada funcionó", contó Graciela y agregó que desde un principio manejaban el tema de la adopción entre sus posibilidades.
Recordó que tenían mucho miedo por las cosas que gente conocida les decía. "Es muy difícil, casi imposible", "Adoptás y después te lo quitan", "Te piden muchos requisitos" fueron algunas de las tantas frases que oyeron hasta que se decidieron a adoptar.
Hoy, Graciela y Daniel quieren mostrar su historia y un "Sí se puede". Contaron que no es un camino fácil, pero resaltaron que vale la pena. Ambos hicieron hincapié en que adoptar a un niño de grande es tan "maravilloso" como si fuese un bebé.
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Graciela, Daniel y Natalia con su perrita "Mara" (Foto: Luis Amieva)
"A quienes quieren adoptar les decimos que se animen, que no importa la edad que tenga, que no tengan miedo" "A quienes quieren adoptar les decimos que se animen, que no importa la edad que tenga, que no tengan miedo"
Daniel, papá adoptante.
"Ser papá y mamá de la noche a la mañana es complejo porque el niño o niña ya tiene voluntad, memoria, recuerdos, caprichos. Si uno está dispuesto a cambiarles el destino, a darle una familia a ese niño o niña es algo maravilloso", finalizó "Ser papá y mamá de la noche a la mañana es complejo porque el niño o niña ya tiene voluntad, memoria, recuerdos, caprichos. Si uno está dispuesto a cambiarles el destino, a darle una familia a ese niño o niña es algo maravilloso", finalizó
Graciela, mamá adoptante.