La cuenta regresiva ya comenzó. Tic. Tac. Faltan muy pocas horas para que este martes comience el juicio por jurado popular a los dos acusados de asesinar al médico Sebastián Prado.
Te puede interesar: La historia del avión de la rotonda contada por uno de los mecánicos que lo tuvo a cargo
Blanca Sotelo, la madre, atraviesa esta hora crucial con la misma intensidad con que la vive desde aquel 6 de septiembre de 2013, cuando la tragedia se enquistó en su familia y en su alma.
Diario UNO toca el timbre de la casa y Felipe ladra desde adentro. La mujer abre la puerta. Sonríe e invita a pasar.
Adentro todo está a media luz. Adentro, Sebastián está por todos lados. En una bandera y una pancarta que Blanca cuelga con vista a la calle. En un retrato puesto sobre la heladera. Hasta en la conversación con el fotógrafo, que cuando niño fue compinche del niño Sebastián Prado y fue salvado por él de las garras de uno de esos bravucones que nunca faltan en los barrios.
Entonces Blanca sonríe. Los ojos saltones. El mentón que tiembla por la emoción. La angustia. Y un cigarrillo siempre a la mano.
-¿Fuma más que antes de la muerte de Sebastián?
-Muchísimo más. Es un tema para el psiquiatra pero no para ahora: para después del juicio. Ahora tengo libertad para fumar donde quiera.
Cuando Blanca Sotelo dice ahora quiere decir ahora que estoy separada. Porque haberse separado de Oscar Prado, quien fue su esposo durante 47 años y es el padre de sus cuatro hijos, es uno de los tristes coletazos de esa noche trágica. Hasta cambió de casa.
"Fueron muchos años juntos, pero él no aceptaba lo que yo hacía después del crimen de Sebastián: las marchas, las idas a tribunales, las cartas, leer el expediente...".
-¿Le escribió al Papa Francisco?
-Dos cartas le mandé. Pero no recibí respuesta -hace un gesto de desdén como para cambiar de tema-.
-¿La decepcionó?
-¿A vos qué te parece? -zanja. Todo dicho.
-¿Cómo era su vida antes de la muerte de Sebastián?
-Vivía en una burbuja, siempre lo digo. Hasta que esto rompió esa burbuja y me di cuenta de la realidad. Fui madre y trabajé para tener mi plata, que era insignificante, pero lo hice. Y servía para ayudar la carrera de Sebastián y Andrea -los hijos más chicos-. A veces había plata para un sánguche… a veces volvían caminando desde la universidad a casa.
Antes del drama
Corrían los '70. Blanca y Oscar llegaron desde Buenos Aires y se instalaron en San José, cerca de la nueva terminal de ómnibus. Sobre la calle Francisco de la Reta, frente a la iglesia San José y a la plaza Lencinas popularmente conocida como plaza San José. A una cuadra del club Atenas. Él era empleado del Banco Popular Argentino y el traslado fue inevitable.




