Una media. ¿Quién creía hace 30 días en la Argentina que
nuestras vidas iban a ser dadas vueltas como un
soquete? Ni el ministro de Salud. Hasta que venga el frío
no hay que temer, decía.
En Mendoza, enero y febrero marcaron records de
turismo internacional. Pero bien dicen que la Fiesta de la
Vendimia es como una bisagra. Terminada esa ilusión de
capas y coronas, las carrozas se tornaron zapallos. Y
cielos negrísimos avanzaron primero contra el turismo,
una de las pocas industrias a la que le iba bien.
En la tercera noche vendimial del anfiteatro fueron los
últimos acordes del Bombón Asesino, interpretado por
Los Palmeras con la Filarmónica, los que simbólicamente
abrieron las puertas de un averno desconocido.
Los hoteles y restoranes se vaciaron, los dólares se fueron y China e Italia fueron un muestrario pavoroso de lo que nos esperaba si no actuábamos a tiempo.
Aquella película
En 1967 el cineasta italiano Marco Bellocchio filmó una de esas películas políticas que hizo mucha roncha en la izquierda. Se llamó La China è vicina es decir La China se acerca o La China está cerca y mostraba los enfrentamientos entre dos hermanos, uno de ellos ganado ciegamente por el maoísmo chino.
Cincuenta y tres años después de ese título anticipatorio, dicho film me ha dado vueltas y vueltas porque son precisamente chinos e italianos a los que peor les ha ido hasta ahora en esta pandemia.
Merengue ladino
Desde hace décadas los chinos están volcados de lleno a la economía capitalista, pero dentro de una estructura de país comunista, sin libertades políticas ni de expresión y sin poder votar otra opción que no sea el partido único.
Pasada esa locura siniestra que fue la Revolución Cultural China, en la que intentaron poner de prepo un nuevo chip en la cabeza de los ciudadanos de esa nación gigantesca y milenaria, la dirigencia comunista se convenció de que sólo se podía crear riqueza con una economía capitalista, pero probaron manejarla desde un corset dictatorial.
Hasta ahora les ha salido “bien”, pero tarde o temprano eso implosionará. Tiananmén volverá a latir. Capitalismo sin democracia es pan sólo para hoy, aunque hay que aclarar que “el hoy” de China se mide con otros parámetros de tiempo que nada tienen que ver con los nuestros.
¿Volare, oh oh!
Desde hace más de dos décadas los chinos encabezan el listado de turistas que se han diseminado por el mundo a modo de un nuevo tipo de ejército.
La nueva clase media china se cuenta por millones. Chinos, europeos y norteamericanos van a la cabeza de esa revolución de los viajes en avión.
¿Alguien hizo algún caso cuando hace unos años los científicos empezaron a denunciar las emanaciones que los miles de aviones del mundo arrojaban a diario a la atmósfera?
Hasta hace cuatro o cinco días, ya sin clases en las escuelas y universidades argentinas, sin servicio regular de justicia, sin bancos ni comercios, y con la cuarentena argentina dispuesta por el gobierno nacional, aún había muchos mendocinos que insistían en viajar al mundo a como diera lugar. La realidad terminó de bajarlos desde las escalerillas del avión a patadones en el traste.
