Este domingo la luna, completamente llena, comenzó a asomar en Mendoza a las 19.16. Al rato, con Júpiter y Saturno, formarían un triángulo perfecto, que los astrónomos llaman “triángulo de verano”. Alguien estaba esperando eso, en la cima del Cerro Arco.
Te puede interesar: ANSES Créditos Jubilados, AUH y SUAF: importante cambio sobre la suspensión del pago de las cuotas
Se llama Laura Cortés. Es artista. Actriz y profesora de Teatro. Ha actuando en todas las últimas Vendimias, en varias obras teatrales, cortometrajes y su especialidad es el humor, que antes de pandemia la hacía trabajar casi todos los fines de semana, especialmente en bares.
Laura (43) hace todo con pasión. Pero hay algunas cosas que la entusiasman particularmente: la fotografía, las caminatas, su bicicleta y viajar.
El Cerro Arco es una excursión habitual para Laura. “Cuando hay luna llena, siempre calculo el horario de la salida, para estar arriba en ese momento. Si no, voy por la tarde, cuando hace más calor. ¡Anoche estaba muy frío!”, cuenta.
Dice que “ayer comencé a subir a eso de las 17.55. Generalmente trato de estar en la cumbre a la hora en que comienza a aparecer la luna, que se ve como una bola roja que asoma entre medio de las luces de la ciudad”.
Las fotos quitan el aliento.
-¿Cómo estás viviendo la pandemia y esta cuarentena?
- Lo mío es algo muy personal. A mi no me gusta trabajar así, dando clases a distancia, pero emocionalmente me vino bien. En enero falleció mi padre, en febrero estuve con Vendimia y en la escuela y, la verdad, no tenía alma. Normalmente mi vida es salir a la mañana temprano y volver a la noche a casa y con la pandemia me tuve que guardar y eso me hizo bien. ¡Hasta puedo sentarme a hacer las cuatro comidas diarias…!”, dice, en un tono que denota una mezcla de humor y melancolía.
-¿Has podido hacer algo cómo actriz, en estos tiempos?
-El teatro está muy mal. Yo pude trabajar en dos cortometrajes, uno que armamos en forma independiente para las escuelas por la Semana de Mayo, y ahora en otro, para un ciclo de cortos. Además hemos hecho cosas virtuales muy chiquitas. Pero la actividad está muy mal, sobre todo para lo que yo hago, que es humor.
Laura cuenta que “en un bar hay que sacarse el barbijo para consumir y pueden juntarse un grupo de amigos, pero a nosotros no nos dejan actuar, por más que estemos a más de dos metros de distancia y que trabajemos con micrófono. Somos un montón los que trabajamos en bares y no logramos que nos habiliten el protocolo”.
Sobre su pasión por la fotografía dice que “empecé hace bastante. Me encanta la fotografía, especialmente la foto callejera”. Dice que le cuesta vencer el pudor y casi no ha mostrado su trabajo, salvo en sus redes, pero que “ahora estoy por hacer una muestra en la veterinaria donde llevo mi gata. Se llama “Se dice de mi” y es son pequeñas historias de cinco gatos. Pero la fotografía la hago porque me gusta y me da un poco de vergüenza mostrar. Estudié un poquito, tomo clases permanente, pero es por gusto”.
Tan poco ha exhibido su trabajo que recuerda una única muestra, allá por 2011, “en un espacio que estaba en la calle Catamarca y que lo demolieron. Esa vez mostré un trabajo que hice en uno de mis viajes a Bolivia, en carnaval”.
A Laura le gusta especialmente “fotografiar pies y manos y rostros de mujeres”. De sus viajes por suele traerse esos testimonios de gente común, de la calle, que a conmueven.
Que la conmueven tanto como la luna. Gorda, naranja. Como un queso.
