En el mundo de la educación infantil, pocas propuestas logran sostenerse en el tiempo sin perder su esencia. En Mendoza, Antisopa, situado en Ciudad, y Aguaribay, en Maipú, representan dos claros ejemplos: jardines de infantes que, desde hace décadas, apuestan por una pedagogía diferente.
Los Jardines de infantes que redefinen la educación infantil con métodos diferentes
En Mendoza, hay jardines que aplican métodos pedagógicos como Reggio Emilia y Waldorf ¿En qué consisten?
En el caso de Antisopa, se basa en el reconocido método Reggio Emilia. Esta metodología, surgida en Italia tras la Segunda Guerra Mundial, entiende a los niños como protagonistas activos de su aprendizaje, capaces de construir su propio conocimiento a través de la exploración y la interacción con su entorno.
En el caso del Nivel Inicial de la Escuela Aguaribay, ofrece un enfoque educativo basado en la pedagogía Waldorf para salas de 4 y 5 años. Su propuesta se desarrolla en un ambiente que fomenta la libre expresión y el movimiento, permitiendo que los niños exploren su entorno con autonomía y confianza.
"Para mí, lo importante siempre fue observar cómo los diferentes lenguajes artísticos llevan a que los aprendizajes sean únicos, significativos y verdaderos. Son herramientas que transforman la realidad. Aquí es cuando entra en escena la pedagogía de Reggio Emilia", explica Ana Alé, directora y fundadora de Antisopa.
Antisopa nació el 15 de marzo de 1992, el mismo día y mes en que "nació" Mafalda, la icónica creación de Quino. "De ahí surge nuestro nombre. No queremos para las infancias un mundo sin creatividad, por eso aquí les brindamos la posibilidad de la escucha activa permanente. Acá su palabra tiene valor", destaca Alé.
En 2011, con la intención de expandir el proyecto, se creó la Fundación Antisopa, que ofrece propuestas abiertas a toda la comunidad. Y el año pasado, atendiendo los pedidos de las familias, se inauguró la Escuela Loris, para continuar acompañando los procesos iniciados en el jardín. Uno de los pilares de Antisopa es su comunidad.
"Nuestra comunidad es uno de nuestros grandes tesoros, una comunidad activa que participa, acompaña el proyecto y sostiene", comenta la directora. Durante la pandemia, este espíritu de colaboración se volvió crucial para la supervivencia del jardín.
"Fueron momentos duros, pero las familias siguieron afrontando sus cuotas, organizamos una gran subasta con donaciones, la dueña del inmueble nos redujo el alquiler y hasta armamos una tienda virtual donde vendíamos juguetes artesanales, kits de actividades y desayunos infantiles", recuerda.
La casita del Ratón Pérez es una instalación que está en la vereda para que jueguen los niños. Tiene sus puertas, sus muebles y el buzón para las cartas. También tiene la "Plaza queso" del Ratón.
Un espacio diseñado para el aprendizaje activo
El enfoque de Antisopa no solo pone al niño en el centro de su aprendizaje, sino que también transforma los espacios educativos. "Lo que cambia en nuestra escuela no es el 'qué' del aprendizaje, sino el 'cómo'", explica Alé.
Por ejemplo, los niños no permanecen toda la jornada en un aula tradicional, sino que recorren distintos ambientes preparados para estimular la creatividad y el pensamiento crítico.
Entre ellos, el atelier de artes visuales, el atelier de luz, la biblioteca, el SUM, una huerta y dos patios con diversas áreas de juego. Un jardín de infantes que posee un abanico variado.
"Los espacios abiertos facilitan la creación de diferentes proyectos. No tenemos asignaturas y en muchas actividades se dividen por intereses", señala la directora.
Como decía el pedagogo Loris Malaguzzi, creador del método Reggio Emilia: "Si se hacen cosas reales, también son reales sus consecuencias". Bajo este lema, Antisopa sigue apostando a una educación infantil innovadora, donde los niños y niñas son escuchados, valorados y protagonistas de su propio aprendizaje.
Nivel Inicial de la escuela Aguaribay: un jardín Waldorf que apunta al aprendizaje en libertad
Ubicado en Maipú, el Nivel Inicial de la Escuela Aguaribay ofrece un enfoque educativo basado en la pedagogía Waldorf para salas de 4 y 5 años. Su propuesta se desarrolla en un ambiente que fomenta la libre expresión y el movimiento, permitiendo que los niños exploren su entorno con autonomía y confianza.
El cuerpo docente trabaja en la creación de espacios donde los niños puedan compartir, jugar y fortalecer vínculos, aprendiendo así valores como la tolerancia y el respeto. Además, acompañan los procesos fisiológicos propios de esta etapa, en la que los órganos internos terminan de madurar, evitando posibles desequilibrios en el futuro.
Uno de los pilares fundamentales de esta pedagogía es la consolidación de hábitos. Para ello, la jornada diaria sigue un ritmo estructurado que integra momentos de descanso, alimentación y aseo. Además, los niños participan activamente en actividades como jardinería, elaboración de pan y cuidado de la huerta, conectándose con los ciclos de la naturaleza y los cuatro elementos.
Una oportunidad, no una obligación
En su página web oficial, la institución se refiere a los niños como “las niñeces” y subraya que su participación en las actividades es siempre una oportunidad, nunca una obligación. “A través del juego, buscamos embellecer y acondicionar las salas con un entorno cálido y hogareño, favoreciendo el aprendizaje sensorial”, destacan.
Este método educativo se distingue por su enfoque integral, promoviendo el desarrollo físico, emocional, mental y espiritual de cada niño, siempre respetando sus diferencias individuales y fomentando un ambiente inclusivo.
“Nos diferenciamos no solo por la pedagogía, sino también por nuestra organización”, explica una madre de la comunidad. “Seguimos la pedagogía Waldorf, basada en la antroposofía de Rudolf Steiner, desarrollada en Alemania a principios del siglo pasado”. Además, menciona que la mayoría de los niños no aparecen en redes sociales.
El Aguaribay es una organización autogestiva con gestión social, cuya figura legal es la asociación civil Familias de mi Tierra. Está registrada en la Dirección General de Escuelas (DGE) dentro del ámbito de la educación privada.
El sostenimiento del jardín es una responsabilidad compartida por las familias, quienes gestionan áreas como comunicación, administración, economía e infraestructura. Para ello, implementan el modelo de “economía fraterna”, donde los aportes económicos se ajustan a las posibilidades de cada familia. “No aportamos solo para la educación, sino para el crecimiento y sostenimiento de toda la comunidad”, concluyen.
“Cosechando esperanzas” reunió 2 mil kilos de uva para un jardín de Las Catitas
Los jardines estatales de Mendoza no se quedan atrás a la hora de innovar y avanzar en proyectos integrales en beneficio de estos establecimientos. Un claro ejemplo de trabajo mancomunado se dio recientemente en el Centro de Primera Infancia (Cepi) 288 “Crecer con Esperanza” de Las Catitas, Santa Rosa, que puso en marcha una ingeniosa forma de combinar trabajo, producción, integración y rédito económico para ampliar el jardín, que ha quedado pequeño.
En solo una jornada y con el apoyo comunitario, cosecharon 2 mil kilos de uva entre las 8 de la mañana y las 17 en fincas de la zona.
Su directora, Nataly Villafañe, junto a un equipo de docentes y directivos, decidieron salir a cosechar uva y trasladarla a una bodega, con la colaboración de fincas que permiten que el jardín obtenga el dinero de esa producción.
El proyecto, denominado “Cosechando esperanzas”, nació a partir de las actividades pedagógicas que realizan con los alumnos al comenzar el año.
“Nuestro espacio había quedado pequeño para la cantidad de estudiantes que asisten al jardín, especialmente las salas del centro de apoyo educativo, donde brindamos contención y apoyo pedagógico a los niños. Actualmente, contamos con una matrícula de 50 niños y niñas del distrito de Las Catitas. Al ver esta necesidad, comenzamos a pensar en qué actividades podíamos realizar para recaudar fondos y así ampliar nuestro jardín”, explicó Villafañe.
Así surgió la idea de una cosecha solidaria. Las docentes difundieron la iniciativa a través de flyers en redes sociales y grupos de WhatsApp de las familias. También visitaron a productores vitivinícolas de la localidad, quienes respondieron con solidaridad.
No solo colaboraron productores de Las Catitas, sino también de La Dormida, a 15 kilómetros de distancia. Además, el municipio facilitó un camión para recorrer las fincas y transportar la uva.
El día de la cosecha, algunas docentes tenían experiencia en el rubro, mientras que otras fueron aprendices, pero la unión y las ganas de trabajar por los niños permitieron alcanzar la meta. Algunas familias también se acercaron a la institución para donar su producción.













