Tras décadas de espera, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio ( NASA) se prepara para uno de los hitos más importantes del siglo XXI: la misión Artemis II. Esta vez, el objetivo no es solo alcanzar la órbita de nuestro satélite natural, sino sentar las bases para una presencia humana prolongada fuera de la Tierra, más precisamente en la Luna.
En un viaje que durará diez días, un grupo de astronautas de la NASA se convertirán en objetos de estudio de una serie de investigaciones que definirán el futuro científico.
Los experimentos que realizarán los astronautas de la NASA
Los protagonistas de Artemis II se enfrentarán a la radiación del espacio profundo. Por ello, la NASA ha diseñado un conjunto de experimentos centrados en la biología humana y la resiliencia tecnológica.
A través de los biomarcadores inmunitarios, los científicos buscan comprender como el estrés, la falta de gravedad y la radiación lunar afectan a las defensas del cuerpo.
Mediante la recolección de muestras de sangre y saliva, se analizará cómo el sistema inmune de los astronautas se adapta o se debilita durante el trayecto hacia la Luna.
Utilizando tecnología de punta, la agencia enviará "chips de órganos" que contienen células de los propios tripulantes. Estos dispositivos, del tamaño de una memoria USB, imitan el funcionamiento de órganos vitales como el corazón y la médula ósea. Esta prueba se denomina AVATAR, y es uno de los proyectos más fascinantes.
Con estos aparatos, los especialistas podrán saber como responderá el cuerpo de un astronauta a tratamientos médicos o fármacos en tiempo real, sin la necesidad de realizar pruebas invasivas.
La importancia de la salud mental en la misión
Para comprobar el hecho de que los seres humanos podemos habitar la Luna, no es solo el aspecto físico el que hay que analizar. Mediante dispositivos de pulsera avanzados, la NASA recolectará datos sobre el estrés y la fatiga, información crítica para las futuras misiones que buscarán establecer una base permanente en el polo sur lunar.
El éxito de volver a la Luna no depende solo de los cohetes, sino de la mente humana. Durante los diez días que dure la travesía, se monitoreará de forma constante el sueño, la cognición y el trabajo en equipo de una tripulación que puede marcar un antes y un después.






