Antes fue vandalizada y mutilada la estatua del entrañable Pichuco en calle Beltrán de Ciudad. ¡Justo a él le cortaron un brazo, separándolo de su esencia, el bandoneón! Ahora, fue el triste turno del General San Martín.
La nueva víctima del vandalismo callejero fue la estatua del General San Martín en la Alameda
Ya le habían cortado un brazo a la estatua de Pichuco, en la Cuarta. Ahora fue víctima la estatua de San Martín con Merceditas, cerca de la Biblioteca Pública, en la Alameda
Le cortaron una mano a la estatua del Padre de la Patria donde abraza y contiene a su hija Merceditas, de 9 años; obra artística dispuesta en la Alameda, a pasos de la Biblioteca Pública más grande de Mendoza y que lleva su nombre.
El delito fue descubierto esta semana, poco después de que el intendente de Capital, Ulpiano Suarez, anunciara una batalla sin tregua contra los enchastradores y vandalizadores de los bienes públicos y privados de los mendocinos que habitan en la Ciudad de Mendoza.
La Alameda, esa especie de Triángulo de las Bermudas
Ahora, el Estado deberá invertir en la recuperación de la estatua y en posteriores métodos de sujeción y preservación. Plata y tiempo en algo que nunca debió ser destruido, como tampoco debió ser mutilada la estatua de Aníbal Troilo, el bandoneonista de ojos tristes, situada en calle Beltrán de la Cuarta Sección.
La seguridad ciudadana es responsabilidad de la Provincia pero también de las comunas. Cámaras de videoseguridad, luminarias en funcionamiento y despejadas de tupidos enramadas son algunas de las recetas. Rondines policiales y de preventores también suman.
Después, el resto corre por cuenta de los particulares: rejas, leoneras, alarmas, monitoreos satelitales, personal de seguridad contratado. Todo eso también contribuye.
Sin embargo, la zona de la Alameda parece ser -siempre en horario nocturno- una especie de Triángulo de las Bermudas donde algunos delitos simplemente suceden y punto.
En el caso de la destrucción y mutilación parcial de la estatua del General San Martín no quedó ni un rastro del autor: ni una imagen siquiera. Igual que con la figura de Pichuco.
El robo de las joyas bibliográficas en la Biblioteca San Martín
La historia reciente nos trae a la memoria colectiva otro hecho delictivo que, lamentablemente, jamás tuvo resolución: el robo de las joyas bibliográficas del interior de la Biblioteca Pública General San Martín. Sí, la que se alza -histórica y acogedora- a pocos metros de la estatua vandalizada esta semana.
Sucedió de madrugada, en abril de 2020 y la Provincia de Mendoza y sus lectores perdieron un patrimonio valiosísimo: libros escritos e impresos durante los siglos XVI, XVII y XVIII.
Algunas obras habían sido donadas por el mismísimo San Martín; otras, por Manuel Belgrano. Hasta un Tratado de Medicina fechado en Sevilla en 1542 también integró el lote de las piezas siniestradas.
¿Fue un robo a pedido? ¿O un robo al voleo? Preguntas que quedaron sin respuesta.
El atraco sacó a la luz, hace 25 años, una problemática que empezó a tener solución: el edificio de la Biblioteca Pública General San Martín comenzó a ser tenido más en cuenta por las autoridades, que invirtieron en medidas de seguridad, porque ni alarma había.
El caso quedó impune y vuelve a la memoria cada vez que el vandalismo u otra forma de delincuencia golpea, como en el caso de la estatua de San Martín o del bueno de Pichuco, duro y al mentón, y nos hace tambalear como sociedad, una vez más.





