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La mayonesa tradicional de ajo no va más: con este truco sale ahumada y no te deja mal aliento

Se dice que no se come mayonesa de ajo si vas a dar un beso, pero gracias a este truco ahora no tendrás mal olor en la boca ni manos y encima sale sabor ahumado

Las mayonesas caseras son infaltables para acompañar un buen asado, una milanesa o un sanguchito. Hay miles de variedades, pero una de las más clásicas es la de ajo. Aunque muchos saben, suele dejar mal aliento después de probarla o un olor en las manos. Para eso existe un truco que además aporta un sabor único.

Lo cierto es que, además de que hacer este nuevo truco no solo ayuda a eliminar este típico problema, sino que le deja un sabor ahumado que no se logra tener en ninguna otra receta.

La mayonesa tradicional de ajo no va más: con este truco sale ahumada y no te deja mal aliento

Antes de hacer la mayonesa como se hace de costumbre, tienes que tener papel de aluminio a la mano, una cabeza de ajo o la cantidad que quieras, 8 cucharadas de aceite de oliva, sal al gusto y pimienta.

Corta las cabezas de ajo a lo largo, logrando que se vean todos los dientes a la mitad. Agrega 2 cucharadas de aceite por cabeza de ajo y salpimienta. Ahora envolvelo en papel de aluminio de manera que esté bien sellado y cocina por 25 minutos a 180 °C. Incluso si estás haciendo un asado, podés ponerlos al fuego/a las brasas por 10 minutos.

Pasado el tiempo, abrí con cuidado el papel de aluminio y dejé enfriar. Mientras haces eso, es momento de hacer la mayonesa o la lactonesa. Mezcla la misma cantidad de aceite que de huevo y haz la mayonesa casera como de costumbre.

Ahora agrega la cantidad de ajos asados que prefieras y apenas un poco de sal. De esta forma te va a quedar una mayonesa con gusto ahumado, diferente y evitas el problema del mal aliento y olor en las manos.

Por qué funciona este truco

  • El calor destruye la enzima que forma la alicina, el compuesto del ajo responsable del mal aliento y el fuerte olor en las manos.
  • El aluminio confita los ajos y deja un gusto exquisito.
  • El calor carameliza los azúcares naturales del ajo, cambiando su característico picor por un sabor tostado, dulce y profundo.