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La isla en América del Sur que ser una potencia salmonera y producir 50.000 toneladas de salmón al año

Las Malvinas debaten un megaproyecto salmonero de 50.000 toneladas anuales, mientras Tierra del Fuego mantiene una postura restrictiva, buscando diversificar su economía sin afectar el ambiente.

Dos territorios del extremo sur enfrentan un dilema económico y ambiental. Mientras que la provincia Argentina de Tierra del Fuego apuesta por una acuicultura con restricciones, las Islas Malvinas debaten un megaproyecto salmonero que promete cientos de millones de libras.

En las aguas del Atlántico Sur se discute el futuro de una industria multimillonaria. Unity Marine, una sociedad formada por la danesa F-Land ApS y la pesquera local Fortuna, propone instalar 16 centros de cultivo para producir hasta 50.000 toneladas de salmón del Atlántico al año en las Islas Malvinas.

Un negocio de 50.000 toneladas anuales para las islas Malvinas

La iniciativa de Malvinas busca diversificar una economía insular de aproximadamente 3.500 habitantes. Según una evaluación económica encargada por el gobierno isleño, un escenario de producción de 50.000 toneladas podría generar una facturación cercana a los £324 millones anuales cuando la industria alcance su capacidad máxima.

Sin embargo, la rentabilidad para este territorio en América del Sur dependerá de los precios internacionales, los costes operativos y las condiciones regulatorias. Al otro lado del Atlántico Sur, Tierra del Fuego mantiene una posición restrictiva frente a la salmonicultura intensiva.

Tierra del Fuego eligió otro camino

La provincia aprobó en 2021 una ley que prohibía el cultivo de salmónidos en sus aguas lacustres y marítimas. Pero el marco normativo cambió en diciembre de 2025. La modificación de la Ley 1355 mantuvo la prohibición en el canal Beagle y abrió la posibilidad de desarrollar otras actividades acuícolas bajo condiciones ambientales.

La estrategia apunta a diversificar la producción sin depender exclusivamente de la cría industrial de salmones. Entre las iniciativas figuran el cultivo de mejillones en Puerto Almanza, la investigación y el fortalecimiento de instalaciones de piscicultura. La diferencia es central, no se trata de una prohibición absoluta de toda acuicultura, sino de definir qué especies, actividades y ubicaciones pueden resultar compatibles con el ambiente.

En Malvinas, el proyecto también genera resistencia. La organización Salmon Free Falklands reclama que la población decida mediante un referéndum y advierte sobre los posibles efectos de las jaulas abiertas, como la cumulación de residuos en los fondos marinos, escapes de peces, enfermedades y alteraciones en los ecosistemas costeros.

La discusión tiene consecuencias económicas concretas. Una industria de esta escala requeriría trabajadores especializados, viviendas, energía, servicios sanitarios y nuevas capacidades de control ambiental. Además, parte del procesamiento podría realizarse fuera de las islas, lo que limitaría el valor añadido capturado localmente.

En pocas palabras

  • Malvinas debate: Proyecto salmonero de 50.000 toneladas anuales en disputa con la provincia argentina.
  • Tierra del Fuego: Restrictiva ante la salmonicultura intensiva, busca diversificar economía sin afectar el ambiente.
  • Resistencia al proyecto: Organizaciones reclaman referéndum y advierten sobre impactos ambientales de las jaulas de salmón.
Resumen generado por Thinkindot AI