Filosofía

La frase de la filosofía romana para afrontar la vida con claridad: ¿Qué significa "Faber est suae quisque"?

Esta frase sigue viva más de dos mil años después y es un recordatorio de la filosofía de que el poder de transformar nuestra realidad está en nuestras manos

La frase en latín “Faber est suae quisque fortunae” se traduce como “Cada uno es artífice de su propia fortuna”. Es atribuida a Apio Claudio el Ciego, un político y escritor romano del siglo IV a.C., y encierra una de las ideas más poderosas de la filosofía clásica: la capacidad del ser humano para construir su destino a través de sus acciones.

Apio Claudio el Cieg
Apio Claudio Caeco constituye sin duda alguna una de las personalidades más polifacéticas de la Roma republicana

Apio Claudio Caeco constituye sin duda alguna una de las personalidades más polifacéticas de la Roma republicana

La frase de la filosofía romana para ¿Qué significa "Faber est suae quisque fortunae"?

Más allá de su contexto histórico, esta frase conserva plena vigencia en la actualidad. Nos recuerda que, aunque las circunstancias externas influyen, son nuestras decisiones, disciplina y perseverancia las que marcan la diferencia en el rumbo de la vida. En lugar de depender únicamente de la suerte o del entorno, este pensamiento nos empuja a asumir responsabilidad sobre nuestras elecciones.

La frase también conecta con la filosofía estoica, que resalta el autocontrol y la aceptación de lo inevitable, pero nunca como una excusa para la pasividad. Epicteto o Marco Aurelio habrían coincidido en que, aunque no controlamos todo lo que sucede, sí podemos decidir cómo reaccionamos y qué acciones tomamos. De este modo, la “fortuna” no es solo un azar externo, sino el fruto del trabajo constante, la preparación y la claridad en los objetivos.

Apio Claudio el Cieg (1)
Apio Claudio Caeco: el gran estadista olvidado de la República romana

Apio Claudio Caeco: el gran estadista olvidado de la República romana

Esta frase de la filosofía en la actualidad

Aplicada al presente, esta frase puede inspirar tanto a un estudiante que enfrenta exámenes como a un emprendedor que levanta un negocio desde cero. También sirve para quienes buscan mejorar su vida personal: cultivar hábitos saludables, mantener relaciones auténticas o adquirir nuevas habilidades. Todo esto se conecta con la idea de ser arquitectos de nuestra propia suerte.

En el fondo, esta frase rompe con la resignación. No niega la existencia de obstáculos o injusticias, pero invita a reconocer que siempre hay margen de acción. A veces, la clave no es lo que nos pasa, sino cómo lo utilizamos como impulso. La vida, vista desde esta perspectiva, se convierte en una obra que cada uno va moldeando.

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