Todo parte de LKAB, la empresa minera estatal que explota uno de los yacimientos de hierro más grandes del planeta. Durante décadas, la extracción fue tan intensa que comenzó a debilitar el terreno bajo la ciudad.
No abandonaron la ciudad, sino que la movieron
Kiruna es la ciudad más septentrional del país, unos 200 kilómetros al norte del inicio del Círculo Polar Ártico, y tiene unos 23.000 habitantes, entre ellos miembros del pueblo indígena sami.
Desde 2014, se está ejecutando un traslado progresivo de la ciudad. Más de 3.000 viviendas y edificios públicos están siendo reconstruidos en una nueva ubicación. No se transporta todo, pero sí algunos edificios icónicos. Entre ellos, la iglesia de Kiruna fue trasladada en 2025.
El millonario plan de Suecia para trasladar una ciudad
La iglesia de Kiruna, de 113 años de antigüedad, fue junto a su campanario a un nuevo hogar a cinco kilómetros al este, como parte de la reubicación de la ciudad en el extremo norte de Suecia.
De madera y construida en 1912, que fue movida sobre plataformas hidráulicas autopropulsadas conocidas como SPMT (Self-Propelled Modular Transporters), capaces de soportar cientos de toneladas y desplazarse milímetro a milímetro sobre rutas reforzadas.
La transformación de esta ciudad contempla un costo estimado para la próxima década de 22,500 millones de coronas suecas (SEK), equivalentes a unos 2,400 millones de dólares (USD). Este gigantesco presupuesto financiado por la empresa minera LKAB incluye no solo el traslado de estructuras patrimoniales, sino también la construcción desde cero de un nuevo centro comercial, escuelas modernas, una estación de bomberos, una piscina pública climatizada y la compleja reubicación de las vías del ferrocarril ártico.
En paralelo, otros casos reales ayudan a entender la fragilidad de las ciudades modernas. En el Reino Unido, el colapso parcial de Ronan Point collapse mostró cómo sistemas prefabricados podían fallar de manera sistémica. Y en Japón, estructuras como la Nakagin Capsule Tower evidenciaron otra promesa incompleta, la idea de módulos reemplazables que, en la práctica, nunca se sustituyeron.






