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La ciencia sabe que los humanos tenemos un sexto sentido: para qué sirve

La ciencia investiga la interocepción, una capacidad interna fundamental para el bienestar de los humanos.

Las personas suelen pensar en la vista, el olfato, el tacto, el gusto o la audición al hablar de percepción. Sin embargo, la ciencia estudia de cerca una sexta capacidad menos conocida. Se denomina interocepción. Consiste en la habilidad del cuerpo para registrar señales internas continuas. Las pulsaciones, la respiración o la temperatura corporal forman parte de dichos indicadores invisibles.

Diferentes psicólogos publicaron análisis sobre el tema durante 2022. Las expertas Jennifer Murphy o Freya Prentice explicaron que el mecanismo alerta cuando el organismo requiere equilibrio. La sed obliga a buscar líquidos, mientras el calor motiva a quitarse abrigo. Los procesos corporales garantizan un funcionamiento óptimo constante.

Lo que sabe la ciencia

La regulación biológica representa apenas una parte del panorama. Diversas investigaciones recientes asocian el grado de conciencia corporal con trastornos psicológicos. La ansiedad, la depresión o los problemas alimentarios mantienen lazos estrechos con la interpretación de las propias señales vitales. El cerebro procesa la información muscular o cardíaca para establecer si una situación resulta segura. Una falla en dicha comunicación genera inconvenientes graves.

La ciencia asegura que el sexto sentido es real, aunque no todos lo aceptan.

La ciencia asegura que el sexto sentido es real, aunque no todos lo aceptan.

Un estudio descubrió diferencias notables entre sexos respecto a la precisión interoceptiva. Las mujeres mostraron menor exactitud al registrar su ritmo cardíaco. El hallazgo podría explicar una mayor prevalencia de cuadros depresivos femeninos desde la pubertad. Otra prueba médica evaluó el estado de ánimo frente al hambre. Quienes percibían correctamente sus necesidades internas mantenían un humor estable.

Un sentido bajo constante debate

Científicos evaluaron a pacientes con anorexia nerviosa mediante el suministro de píldoras vibratorias ingeribles. Los resultados probaron que los afectados presentaban grandes dificultades para detectar el hambre genuina debido a un procesamiento nervioso alterado. El inconveniente persistía incluso tras la recuperación del peso normal, complicando la superación clínica del trastorno alimentario.

El ámbito académico mantiene fuertes discusiones sobre los alcances reales de la interocepción. Profesionales de institutos tecnológicos consideran excesivo agrupar fenómenos físicos complejos bajo un mismo término, mientras otros especialistas sugieren que los humanos poseen docenas de capacidades perceptivas.

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