Ciencia

Estudio expone la sorprendente dieta de los antepasados más pequeños de los humanos

Un reciente estudio descarta las viejas teorías sobre los homínidos de la isla de Flores para probar que consumían sobras crudas de lagartos

Un reciente estudio paleontológico transforma por completo las certezas científicas sobre el Homo floresiensis. Durante veinte años, los arqueólogos creyeron firmemente que aquellos homínidos poseían habilidades avanzadas para cazar grandes presas en su hábitat insular.

Los primeros hallazgos en territorio indonesio sugerían un nivel de organización complejo para seres tan diminutos.

Las investigaciones actuales desechan aquellas suposiciones iniciales sobre los antiguos parientes de los humanos. Especialistas de prestigio analizaron miles de huesos de elefantes enanos extraídos de la cueva Liang Bua.

Al someter las piezas a revisiones exhaustivas bajo el microscopio, los expertos encontraron patrones muy diferentes a los esperados.

El estudio descubrió que estos pequeños humanos se alimentaban del lagarto más peligroso de la Tierra.

El estudio descubrió que estos pequeños humanos se alimentaban del lagarto más peligroso de la Tierra.

Los científicos notaron detalles concluyentes en la forma de las marcas. Los inmensos dragones de Komodo devoraron primero los sectores con mayor cantidad de carne.

Las mordeduras de los grandes lagartos aparecieron agrupadas en zonas ricas como muslos o pechos, mientras que los pequeños individuos de la cueva intervinieron mucho después.

Nuevo estudio

Las herramientas de piedra dejaron cortes únicamente en fragmentos de menor valor. Los rasguños líticos figuraban en cráneos, huesos del cuello o dedos de las patas.

Tal distribución prueba que su dieta consistía casi exclusivamente en carroña recolectada tras el paso de otros depredadores letales.

La supuesta capacidad para cocinar alimentos terminó siendo otro error de interpretación. Las marcas oscuras presentes en los fósiles nacieron por culpa de los minerales del suelo.

Ningún hueso antiguo evidenció verdaderos signos de exposición a las llamas, un dato que subraya el carácter primitivo de su alimentación.

Todavía se conoce poco del antepasado "hobbit" de los humanos.

Todavía se conoce poco del antepasado "hobbit" de los humanos.

Supervivencia sin cacería

Competir por un elefante enano de quinientos kilos significaba un esfuerzo gigantesco para individuos de estatura infantil. Aprovechar los restos abandonados por los lagartos suponía una táctica excelente para esquivar peligros fatales.

Las proteínas del veneno de los reptiles gigantes resultaban completamente inofensivas al ingresar por vía oral.

Todo el panorama indica que el linaje abandonó el continente africano muchísimo antes de incorporar conocimientos para capturar bestias masivas.

Las conclusiones pintan un escenario de supervivencia oportunista, un factor esencial para comprender a fondo la evolución biológica en ambientes aislados.

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