Juan Alberto Gutiérrez es salteño, mendocino por adopción, y tercera generación de un oficio que, aunque va desapareciendo, él prolonga con pasión y profundo sentido de la tradición: zapatero.
Juan Alberto, el zapatero que mantiene viva la tradición del folklore en Mendoza
Juan Alberto Gutiérrez es tercera generación de artesanos del calzado de baile y uno de los pocos fabricantes que quedan en Mendoza.
Desde su antigua máquina en el pequeño taller de Las Heras, Juan advierte que no es un zapatero más sino uno de los pocos que quedan en Mendoza en su especialidad. Nació en la “Cuna del Folklore” y creció entre zambas, malambos y chacareras. Su abuelo fue quien inició el oficio de confeccionar, de manera artesanal y personalizada, el calzado para todos los bailes tradicionales que uno pueda imaginar.
Mientras se acerca el Día de la Tradición, Juan exhibe orgulloso unas botas profesionales de malambo con tres pliegues, explicando con entusiasmo el proceso de fabricación para los distintos festivales. Aunque aclara que, en Mendoza, el espíritu de las tradiciones no se vive tan intensamente como en Salta.
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Nacido en Catamarca el 10 de julio de 1971 y criado en El Carril, en el Valle de Lerma, Juan llegó a Mendoza de luna de miel en 1998 y se "enamoró" de la provincia. Decidieron quedarse, siempre con su oficio a cuestas, aunque nada resultó fácil. “Allá nos iba bien porque trabajábamos junto a toda la familia; empezó mi abuelo, siguió mi papá, luego tres hermanos y yo. Pero claro, en Salta la tradición se vive constantemente, es muy diferente a Mendoza”, compara.
“Allá, todo joven que cumple 18 años recibe como regalo las botas, el poncho o una guitarra. De nuestra provincia salieron grandes cantores como El Chaqueño Palavecino”, señala con orgullo.
Le costó establecer su negocio en Mendoza y, más aún, que funcionara como en Salta, donde su familia aún conserva dos fábricas artesanales. “Empecé a confeccionar zapatos escolares, pero era imposible competir con el cuero ecológico y el vinílico. Tuve que reinventarme y logré trabajar mucho gracias a las academias de baile”, relata.
Aun así, las distintas ediciones de la Fiesta de la Vendimia no pasan sin contar con su habilidad, complementando la indumentaria y creando lo que más le apasiona: el calzado tradicional.
“Mi hijo Lautaro es cuarta generación, sigue con esto y nos va bien, aunque, como dije, la cultura autóctona no está muy marcada aquí. Una pena, creo que a los jóvenes ya no les interesa”, lamenta. Y agrega: “Tengo cuatro nietos, y dudo que sigan mis pasos”.
“¿Mi especialidad? Creo que las botas de malambo con varios pliegues, dos suelas y cuero combinado”, define. El valor ronda los 185 mil pesos. “Todo hecho a mano y en forma personalizada”, concluye.








