Muchas cosas se conjugan para hacer de la vida de una joven mendocina una historia de novela. Su nombre es Huilén, que en mapuzugun -la lengua de los mapuches- significa primavera. Precisamente esta estación del año es la que marca sus pasos, ya que es chef de dos de las más importantes empresas de servicios para la montaña, y alterna temporadas entre la máxima cumbre del mundo: el monte Everest (8.849 metros), en el Himalaya y el cerro Aconcagua (6.962m), la cumbre más alta de América. La cocina de Huilén Pascual, se puede decir, está por encima de las nubes, y cerca de las estrellas.

Cuando uno habla de Huilén Pascual, habla de alta gastronomía, y no se refiere solamente a la altura de la calidad culinaria de sus trabajos, sino que esta godoycruceña de 27 años tiene sus cocinas 5.365 metros sobre el nivel del mar, en la cadena del Himalaya o a 4.350, en la cordillera de Los Andes, dependiendo en que parte del año sea, ya que ella es la jefa de cocina de dos de las más prestigiosas empresas de expediciones (servicios logísticos y de guías) del Monte Everest, la austríaca Furtenbach Adventures y la mendocina del Aconcagua -Grajales Expeditions-. Sin embargo, pese a que es técnica diplomada en gastronomía, ella dice que a los valientes escaladores les brinda "cocina de abuelita", como premio al esfuerzo de los deportistas, y ofrenda de su alma cariñosa.

Si se la consulta sobre cómo llegó a ser la cocinera de las montañas más altas del planeta, ella simplemente, y fiel a su estilo directo y afectuoso, dice: "Es que soy nómade". Su romance con la cocina le llegó vía ADN, gracias a su abuela materna, de origen italiano, de quien aprendió a dar amor servido en un plato humeante. "La comida que más me caracteriza y les gusta a los montañeses son las pastas. Les hago comida re-tana, pastas, como me enseñó de chiquita mi abuela", cuenta Huilén, y confiesa sus inicios junto a los fuegos y tablas de picar con esa nonna, cuyo apellido también marcó su vocación culinaria: Farina (harina en italiano).

En una expedición que hizo el austríaco Lukas Furtenbach al Aconcagua, donde apeló a los servicios de Grajales, supo del trabajo profesional gastronómico de esta empresa, y así fue que la contrató a la mendocina y se la llevó por esta temporada a la frontera entre Nepal y China, donde están las cumbres más altas del mundo.

Actualmente, debido al inicio de la temporada de monzones (lluvias) y del Covid-19, está en el "llano", en la ciudad de Katmandú, capital de Nepal, que se encuentra a 1.4000 m.s.n.m., el doble de altura de Mendoza capital. "Estoy muy feliz con lo que hago. Desde este año trabajo con la empresa de Lukas Furtenbach, una de las más importantes del mundo, y en esta primera temporada Lukas me dejó total libertad para actuar, lo que fue maravilloso, ya que es todo un desafío desde todo punto de vista cocinar aquí. Apenas llegué, me esperaban 33 sherpas, y pude ser la primera mujer en trabajar como chef en el Himalaya", contó Huilén.

La temporada allá, según cuenta Pascual, es más corta, son apenas dos meses, o un mes y medio, a diferencia del Aconcagua, donde se extiende a cuatro. "La diferencia con el paisaje de montaña entre el Aconcagua es total, ya que acá (Himalaya) es otro mundo literalmente. Los ascensos (al Everest) son más progresivos y toman más días. También cambia desde el clima, más húmedo, y hasta la vegetación, que es exuberante, llena de bosques. Además hay muchos animales, y hasta tengo témpanos de hielo al lado de mi cocina", relata la mendocina. "Aquí tuve que cambiar todo: la comida es más rústica y los ingredientes que se consiguen son distintos y más limitados. Sólo hay en común papas, zanahorias y repollo", cuenta risueña, y agrega: "Otro problema es la logística, y hay que saber optimizar todo, el combustible, los ingredientes, entre otras cosas. Hay que usar muchísimo la imaginación".

Proyecto: mejorar la cocina de alta montaña

A pesar de que cocina con el corazón, y de forma sencilla -"lo gourmet no es lo mío"-, dice, le pone toda su impronta académica, aprendida en el instituto Islas Malvinas. Cuenta que hace cuatro años que trabaja en un "proyecto de cocina de alta montaña", donde Huilén explica que debe tener en cuenta muchísimos factores, como el ya mencionado de la logística, el valor nutricional para alimentar a un deportista que hace el máximo esfuerzo físico, y sin perder de vista el sabor. "La temporada que viene, ya voy a acompañar a las expediciones hasta campamentos de altura, y estaré trabajando cerca de los 7.000 metros", adelantó.

"Es muy difícil llevar adelante esta industria (servicios de alta montaña), ya que también hay que cuidar al extremo el cuidado ambiental y ecológico. Estamos acampados y cocino sobre un glaciar, que es el que nos provee de agua, tanto a nosotros, como a toda la gente que vive más abajo, y eso es una responsabilidad muy grande", detalló la joven que nació y vivió en la zona del Puente Olive, y eligió la montaña para aplicar su vocación.

El futuro de un alma inquieta

Respecto a su futuro, Huilén aplica la tradicional táctica montañista: un paso, y luego el otro. "Soy muy feliz con lo que estoy haciendo, viajar, conocer gente, y cocinar. De aquí a cinco años quiero ver mi proyecto de cocina de alta montaña funcionando, es una especie de tesis para mí. Me gusta mucho enseñar y capacitar también. Antes estaba dentro de una cocina 17 horas, y veía pasar la vida por la vereda de enfrente. Con la cocina de alta montaña mi vida dio un giro de 180°, ya que estoy donde quiero; amo la naturaleza, y también viajar y contactarme con gente y otras culturas. Más adelante veremos, me gusta cambiar, nunca casarme con una sola idea".

Con el pasaje en la mano, ya está cerca de volver a Mendoza. "Acá se viene el Monzón (temporada de lluvias tropicales), tengo pasaje para el 7 de junio, y espero que no pase nada raro con la pandemia. Luego volveré a Nepal) en Agosto, para trabajar fuerte en septiembre y octubre, y ya para noviembre estaré trabajando en el Aconcagua con la nueva temporada de allá", indicó la cocinera de montaña.

"Tengo mucho que agradecer en esta etapa de mi vida, y hay mucha gente que me ha apoyado, principalmente quienes confiaron en mí para que trabaje con ellos, y nunca me impusieron nada, me dejaron actuar con libertad, tanto a Grajales, que es como mi familia, y le pone un sello muy mendocino y profesional, como a Furtenbach, que llevan 45 y 12 años respectivamente brindando calidad en la montaña. También hay muchas marcas que me ayudaron para poder venir acá y tener el equipamiento adecuado para este desafío, como Ansilta Store Mendoza, OyP Plantillas Biodinámica, a la gestión de visas, Omar Carpas, y cuellos Somos Patagonia", concluyó la mendocina destacada y ya pionera en su rubro en el mundo.

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