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Estremecedor relato sobre los andinistas de Uspallata

Pasaron 25 años hasta que encontraron los cuerpos de los andinistas Leroy Villa y Nicolás Ibaceta. Un allegado a ellos contó en detalle cómo fue ese invierno de 1996

Los cuerpos de los andinistas Leroy Villa, de 22 años y Nicolás Ibaceta, de 21 años, fueron recuperados del Cerro El Plata, en Vallecitos, luego de 25 años de permanecer allí, aparentemente bajo la nieve. Fue un trabajo muy difícil pero los policías de la Patrulla de Rescate sacaron a los jóvenes de allí, y sus familiares pueden darle su último adiós.

Son los dos andinistas de Uspallata que fueron buscados intensamente en 1996, cuando salieron hacia la cumbre del Cerro El Plata, pero jamás regresaron, ni se supo nada de ellos.

patrulla de rescate cerro el plata leroy villa y nicolas ibaceta 2.jpg

Luego de la recuperación de sus cuerpos, Marcelo Tero Donozo contó cómo vivían antes de ese trágico hecho, y cómo fueron los 25 años posteriores.

"Cada vez que paso por las paredes del cerro del la Cruz, en el fondo de la casa de un pueblito llamado Uspallata, donde el sol pica en verano pero más pica el frío en e l invierno, aún se siente las risas y gritos de muchachitos felices que pasaban horas colgados escalando esas grises verticalidades. O los gritos de euforias bajando los rápidos del rÍo Mendoza en cámaras de camiones con salvavidas improvisados y bajando montañas descabelladas en las primeras bicis de montaña. Y ahí íbamos de escalón en escalón hasta llegar al templo, el Centinela, pagando los derechos de pisos de esa época, cocinando, porteando, bajando basura, cavando letrinas. Un mundo de posibilidades se abría, de nuevos amigos y nuevos proyectos, vislumbrando nuevos horizontes y posibilidades, y por ese Norte íbamos.

Año tras años sueño tras sueños, empezando a guiar, haciendo rescates, que nunca se sabrán y ni tampoco era el fin… y ahí estábamos…inviernos helados tomando mates o solo jugando al ajedrez en la cocina de mi vieja, soñando, planeando, y tomando fuerzas para otro peldaño. Abriendo rutas nuevas, buscando nuevos objetivos alcanzables a la realidad de pibes de pueblo, enclaustrándonos en las cascadas de hielo de Puente de Inca hasta que el estómago empezaba a regañar.

Un invierno salieron Nico y Leroy, Choucas se engripó y decidió no ir, éramos avezados pero tampoco nos creímos la versión sudaca de Jackass. En una semana volvemos dijeron… eran los noventas, era la época donde la planificación trataba de ser lo más exacta posible, las comunicaciones y la meteorología solo reservada para grandes proyectos, se tomaban todos los recaudos con las herramientas de ese momento, y así se fueron para la Sur del Plata, que era uno de los ojo de tigre de ese momento, ya habíamos estado haciendo rutas nuevas en el mismo cerro, en el Tolosa , en Tambillos, en Perú, y en Patagonia, y si!! Era los 90 y teníamos los 20 y esa energía había que canalizarla.

Ese julio hizo sentir su presencia, terrible nevada que hasta la misma ciudad de Mendoza cayó nieve, una semana…un día mas de changüí, reunión urgente de amigos y para allá salimos, una Cherokee de la policía nos pudo acercar lo más alto posible, la nieve sobrepasaba el paragolpes hasta que la chata dijo hasta acá llegué… nos dejaron y de ahí a rodear el cerro por el Este hasta llegar el collado del Platita para acceder a la cara Sur, todo esto con la nieve hasta la cintura, insisto eran los 90, raquetas para este tipo en todo Mendoza habían 2 pares que nos las teníamos, y a patear para arriba, empujando como bestias, pero sabíamos que algo de suma urgencia estaba pasando arriba, mucha nieve abajo, hasta la cintura y más, decidimos ir a media ladera, cortamos un placa donde la buena fortuna hizo que se cayera absolutamente todo dos metros adelante donde iba el primero de la fila…..pasamos esa fucking ladera y empezamos escuchar gritos desde abajo hasta que se hicieron más audibles, eran otros colegas de la ciudad que se unían al operativo, sin planificarlo sabíamos dónde teníamos que ir.

Nos encontramos en el collado, acampamos y terminamos de diagramar el plan, nosotros subíamos una estribación de la montaña y ellos iban a la base. Arriba nos volvimos a dividir para tener una panorama de otro lado, ya nos contactos por radio con otros colegas que estaban rastreando la pared Este y Rambito Villa, con otro grupo iba por la ruta normal, casi todos los flancos estaban cubiertos. Un día nada otro día y era la misma nada, solo encontramos algo naranja que era un tanque de combustible del helicóptero Lama siniestrado hacía unos meses. De arriba debajo de derecha a izquierda y en todas las combinaciones posibles buscando una mínima señal durante horas hasta que la noche ya nos decía basta, pero quizás una señal luminosa, pero el frío nos volvía decir basta, y volviendo al improvisado campamento alguien puso en palabras lo que la lógica ya había establecido.

Esa noche nadie durmió por el hambre, frío y tristeza infinita, la resignación de aceptar lo que no había más cartas en la mesa. Bajamos por una quebrada donde quizá sería una de las últimas esperanzas, hacia Tupungato. Salimos a una estancia en Las Carreras, una finca con sembradío de papas, divisamos unos vehículos que nos venían a buscar. Después de saciarnos con su hospitalidad sibarita encaramos para la ciudad…Y volvimos otra vez por otros lados y nada, ya era una legión de voluntarios anónimos, y Rambito volvía una y una más y otra… así casi un año….no creo que nadie haya recorrido tanto la zona como él.

Las posibilidad de una pérdida siempre son contempladas en actividad, pero cuando hablamos el mismo idioma, cuando tenemos los mismos códigos….¿cómo explicarle esto a mi vieja? que Nico ya no vendría cebarle mates mientras me esperaba o ayudarle a entrar la leña para la cocina…cómo explicarle a sus familias y seres queridos que en cada salida se les encendía una luz de esperanza…

Finalmente, después de veinticinco años, se cierra la tranquera dejando atrás el campo de la incertidumbre, dejando pasar al viento que juega con sus risas, carcajadas y lindos recuerdos, hoy sus seres queridos pueden decirles el adiós tan esperado. Un escalador está conectado con el otro, con una cuerda una suerte de cordón umbilical donde existe una comunicación que va más allá de las palabras y miradas, pero lo nuestro no solo era un cordón, éramos, somos, una red, y Uds. amigos estarán en el centro para toda la eternidad. Por los días de truenos!!!!!"

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Cada vez que paso por las paredes del cerro del la Cruz, en el fondo de la casa de un pueblito llamado Uspallata, donde...

Publicado por Marcelo Tero Donozo en Martes, 27 de abril de 2021

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