Que la hotelería y gastronomía estaban pasando en esta cuarentena impuesta por la pandemia del coronavirus una situación crítica, no es novedad. Pero estos rubros tienen un pequeño -muy pequeño- resquicio para respirar, como es el delivery o los hoteles contratados por el gobierno para realizar la cuarentena de los viajeros ingresados a Mendoza. Pero los que piden a gritos la flexibilización de la cuarentena y la apertura de sus negocios son los dueños de los albergues transitorios, cuya actividad es directamente nula.

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Enrique De Oto, gerente de marketing del emblemático hotel La Luna, hizo un lacónico llamado al gobierno, asfixiado el sector al que pertenece por el cierre de los albergues debido al aislamiento social. "Todo está dado para que no tengamos que cerrar. Un mes más que sigamos así, te aseguro que tenemos que cerrar los hoteles de Mendoza", dijo.

Los hoteles alojamiento locales están nucleados en la Asociación de Albergues Transitorios, afiliada a la Federación Argentina de Alojamientos por Hora, y mediante esta, están gestionando la reapertura ante los gobiernos. "La Asociación a nivel nacional hizo un protocolo que fue pasado al de la provincia y nosotros se lo hicimos llegar al gobernador. Los albergues transitorios, por decantación, por nuestro rubro, manejábamos un protocolo de bioseguridad muy grande", expresó De Oto.

Asepsia asegurada por tradición

"La protección, dentro del hotel, en la habitación, y en cuanto al personal, no va a haber diferencias respecto a lo presentado (protocolo). Las mucamas trabajan una por turno, en turnos rotativos y que no tienen contacto con los otros empleados, usan cofia, máscaras, guantes, productos de limpieza como alcohol en gel y lavandina, de toda la vida, no de ahora", detalló el ejecutivo.

En otro punto de la apología realizada por Enrique, éste señaló: "El hotel alojamiento no tiene espacios en común. No hay un lobby o una recepción o restaurante, donde se agrupe gente", dijo De Oto para agregar: "En un tercer punto, los clientes tampoco tienen contacto con un conserje. Hay un blindex de por medio, se comunica por un teléfono, y ahí tampoco habría problemas".

Enrique, responsable de geniales campañas de promoción en su empresa, destacó que se han agregado otras medidas de profilaxis al explicar que "ofrecimos sacar toda la folletería de la habitación, para que no se esté tocando la cartilla del bar, y poner en la entrada de la habitación una especia de felpudo bañado en una solución de lavandina para que desinfecten el calzado".

"Por las redes sociales me llueven pedidos para que abramos los hoteles, tanto de matrimonios que no pueden tener intimidad por los hijos en casa, como del piratón que extraña a su amante" "Por las redes sociales me llueven pedidos para que abramos los hoteles, tanto de matrimonios que no pueden tener intimidad por los hijos en casa, como del piratón que extraña a su amante"

Enrique de Oto, gerente de La Luna

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Otro de los puntos evaluados en cuanto a la seguridad sanitaria en los establecimientos fue explicada por el mendocino: "Las sábanas, cuando la pareja se retira, van a una bolsa de consorcio, que se cierra, se fumiga, y va a la lavandería. Toda la ropa de cama, toallas y toallones se tratan de siempre como si fueran ropa de hospital, ya que siempre son las mismas empresas los que lavan la ropa de ambos, hoteles y hospitales. Las cocheras son privadas, o sea que tampoco hay contactos ahí", expuso De Oto.

Tras ofrecer indiscutidos argumentos, el ejecutivo pidió el levantamiento de las restricciones a sus negocios. "Hay un tema fundamental. El cien por ciento de los albergues transitorios de Mendoza, son empresas familiares, no son cadenas internacionales como Sheraton, Hyatt u otras, que tienen un respaldo financiero diferente a un mendocino, que apuesta en su provincia", dijo el empresario, y extendió su apuesta: "Todo está dado para que no tengamos que cerrar. Un mes más que sigamos así, te aseguro que tenemos que cerrar los hoteles de Mendoza. No hay forma de sobrevivir. Nosotros somos siete familias que venimos del hotel, y hay otros con siete, doce o quince empleados, con una familia que depende de ese trabajo, sin contar con proveedores o empresas anexas.

"Es una situación muy difícil y crítica. El pedido y protocolo se presentó hace dos semanas y estamos con expectativas de que a fin de mes nos permitan trabajar", concluyó Enrique de Oto.