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Historias de mendocinos que superaron el coronavirus pero aún siguen con secuelas

Dos mendocinos contaron cómo intentan retomar las riendas de su vida tras padecer coronavirus y aún padecer de secuelas y malestares, físicos y psicológicos

Con un tamaño que varía entre los 80 y 200 nanómetros -cada nanómetro equivale a mil millonésimas parte de un metro-, este increíblemente pequeño bicho hizo de la humanidad un caos y marcó la vida de millones de personas. El número de muertos a nivel mundial ya superó el millón, aunque día a día la cifra se reajusta. En Mendoza, se han registrado 340 fallecimientos.

Desde el inicio de la pandemia, han sido más de 27 mil personas las que han padecido la enfermedad en la provincia y, actualmente, la cifra de recuperados superó los 13 mil. Pero el hecho de tener el alta médica o ya no contagiar no implica que se pueda retornar a la vida normal.

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Son varios los estudios científicos que se encargan de señalar que el coronavirus deja secuelas que puede llevar un tiempo prolongado superar.

"Los dolores son como si te hubiesen apaleado", resume Luis, quien estuvo más de 20 días en terapia intensiva en coma farmacológica ya que su vida corría peligro. Tras un experiencia completamente diferente, Verónica muestra sensaciones similares a dos meses de su alta: "No puedo caminar ni diez cuadras sin sentirme completamente agotada".

Luis y Verónica son dos mendocinos que se encuentran en la lista de los 13 mil recuperados. Ambos dan cuenta de sus experiencias, síntomas y desarrollo de la enfermedad. Hasta allí, las historias son disímiles pero ambos comparten una recuperación extensa que, hasta el momento, no les permite retornar a su rutina habitual.

Según un estudio elaborado por la Fondazione Policlinico Universitario Agostino Gemelli IRCCS en Roma, Italia, el 87,4% de los recuperados de Covid-19 informó la persistencia de al menos un síntoma, particularmente fatiga y disnea. En tanto, otro informe publicado por la Lung Fund, el centro de tratamiento y conocimiento CIRO y la Universidad de Maastricht, de Países Bajos, detalla que el 95% de los encuestados (1.600 personas) expresaron sentir fatiga, dificultad para respirar, opresión en el pecho, dolor de cabeza y dolores musculares, hasta tres meses después de los primeros síntomas del virus.

"Esto te provoca un giro, ves la vida de otra manera"

Los intensos y constantes dolores no hacen que Luis se detenga, se muestra positivo y, con paciencia, intenta volver a tomar las riendas. Es que su vida estuvo en grave peligro: "Casi no la cuento. Estuve muy en el límite"

El hombre de 58 años asegura que haber dejado de fumar hace 11 años fue uno de los factores claves para que hoy pueda permanecer junto a su familia y sus hijas ya que es hipertenso y "con algunos kilos demás". Por lo tanto, estos últimos dos puntos, ya lo ubicaban en el grupo de riesgo.

Fue a fines de junio cuando que su caso se confirmaba, sin pensar muy claramente, armó una mochila y se aprestó a la internación. "Me llevé incluso la computadora para ir haciendo algunas cosas del trabajo pero dos horas después ya estaba en terapia intensiva", detalla sobre el enorme vuelco que dio su vida en un breve momento.

A partir de allí, Luis reconstruye la historia por el relato de sus allegados, quienes vivieron esos 20 días con una tremenda angustia. "Fue como despertarme de una siesta. Veía que todo el mundo me saludaba y no entendía nada. Después me enteré que mi recuperación era todo un acontecimiento para el hospital", cuenta desde su casa mientras consulta algunas fechas y detalles que él no experimentó al permanecer en coma inducido.

Con el alta en mano y la posibilidad de contar con la contención de los seres queridos, Luis debió no solo hacerle frente al post coronavirus sino también afrontar las consecuencias de la terapia intensiva: "Cuesta mucho la recuperación. Las escaras ya sanaron pero también estaba pinchado por todos lados".

A varios meses de salir del hospital, las infiltraciones y rehabilitación continúan. Es que, la pérdida del 20% de su masa muscular y una tendinitis en su brazo izquierda lo obligan a continuar con su tratamiento. "La estoy peleando. Todavía no puedo manejar pero ya estoy haciendo un poco de trabajo home office", aclara.

"Intento caminar pero canso rápido, toda la vida laburé muchas horas pero esta sensación de cansancio es tremenda. Se me cayó el pelo. También perdés algo de sensibilidad y te duelen las articulaciones. Parecen cosas pequeñas pero complican", asegura.

Pero las consecuencias físicas no son las únicas que han marcado a Luis: "Ahora estoy más sensible, me hacen llorar hasta las películas. Esto te provoca un giro, ves la vida de otra manera. Antes perdía tiempo en pequeñeces, ahora todo cambió".

"La cabeza te hace un clic"

Verónica cuenta su historia con una voz enérgica y simpática pero aún padeciendo de un cansancio del que no se ha logrado recuperar luego de dos meses de haber vuelto a su hogar. Esa es la actitud que prefiere mantener tras todo lo que vivió: "La cabeza te hace un clic después de pasar por esto".

Su diagnóstico llegó nada menos que el día de su cumpleaños luego de haber padecido de una conjuntivitis que hizo encender algunas alertas en los profesionales que la atendieron. De a poco se fueron sumando síntomas: "Primero me empezó a doler todo el cuerpo, al día siguiente, era muy fuerte el dolor de cabeza. Ya el domingo había perdido el gusto y el olfato. Hay ya sabía que estaba al horno".

Pero cuando esta última señal apareció, Verónica ya se había sometido a un hisopado y un mail en su correo le confirmaba su positividad. "Mi hermana por suerte es pediatra y me calmó. Me dio algunas indicaciones sobre cómo tenía que armar el bolso. Es fundamental llevar la pava eléctrica", detalla con gran sentido del humor remarcando este último detalle.

Luego de un chequeo en la Clínica de Cuyo, se decidió de la mujer pasara su internación en un hotel debido a que su caso no presentaba grandes complicaciones: "Tuve síntomas de todo tipo, incluso diarrea, los médicos me dijeron que tenía un cuadro 'florido'".

Tras pasar 11 días en una habitación de hotel, Verónica regresó a su hogar pero la recomendación fue mantenerse aislada durante 14 días más ya que las molestias continuaban: "18 días después empecé con fiebre, me dijeron que era una faringitis bacterial porque mi sistema inmunológico había quedado debilitado y podían presentarse estos cuadros".

A pesar de ya contar con la contención de su familiar, los malestares físicos no cesaban y esto comenzaba a ser un motivo de preocupación. "Fui hasta a un psiquiatra porque te explican que virus tan fuertes como estos pueden generar una fibromalgia temporal. No me sentía para nada bien, me costaba recorrer el pasillo de mi casa. Una locura", explica.

Ya han trascurrido 60 días de su diagnóstico y Verónica asegura que no puede hacerle frente a una jornada con la naturalidad a la que estaba acostumbrada: "Necesito relajar las piernas aunque sea unos minutos, esto me ha dejado muy cansada. Los dolores de cabeza intensos también siguieron".

A pesar de su intensa fatiga, hay un detalle que la mantiene con esperanza y es que espera con ansias poder donar plasma. "Dentro de unos días me dicen si cuento con los anticuerpos necesarios para donar plasma. En tanto, como soy RH negativo, aproveché y doné sangre".