Miles de fieles se convocan año a año en las puertas de la parroquia San Cayetano. Agradecimiento, fe, pedidos desesperados y múltiples historias confluyen frente al santo del trabajo cada 7 de agosto.

Con una amplia sonrisa y una bandeja en manos llena de estampitas se encontraba Inés Oses. Hace más de 12 años va allí a regalar una imagen de San Cayetano a los fieles presentes. Lo vive como una fiesta.

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"Hace años estaba como todos los 7 de agosto acá en la iglesia y recuerdo a una mujer que quería comprar una estampita a las personas que venden y no le alcanzaba la plata. Le explicaba a la vendedora que venía de Las Heras y no tenía más", contó.

En ese preciso instante no tenía nada para darle pero se puso a pensar cómo podría hacer para ayudar al prójimo. Al siguiente año, comenzó a regalar estampitas en la parroquia.

"Empecé con 100 y como vi que se las llevaron al siguiente año traje 200, y así fui aumentando la cantidad hasta hoy que traje 1.600", relató Inés.

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También se encontraba en la calle Marcelo Torres con varias bolsas de pan. Hace 10 años y producto de una idea familiar, comenzó a cocinar y regalar pan a todos los que asisten a la iglesia.

La vida le pegó duro y él encontró la forma de aferrarse a la fé.

"En esa época mi mujer se enfermó de cáncer. Me costaba involucrarme con la iglesia y por eso busqué un motivo para estar en la misa y no dejar de asistir a la iglesia", dijó en diálogo con Diario UNO.

Expresó que año a año renueva su fe y la cantidad de pan. Él lo considera un acto de amor y una manera de generar una ola de cariño.

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Los fieles de cada 7 de agosto, día de San Cayetano, no faltaron a su cita y fueron a rezarle y pedirle trabajo.

Mirtha Dalmau es una de las fieles que hace más de 30 años va. Su devoción comenzó luego del terremoto de enero de 1.985 que destruyó Mendoza.

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En ese entonces vivía en el Barrio Campo Papa y llevaba a todos los chicos de la zona al comedor que había allí en la parroquia.  Nunca lo olvidó ni dejó de ir a agradecerle.

"Vengo a agradecer el pan, a pedir por los enfermos y por el trabajo de mis hijos", manifestó entre lágrimas.

"San Cayetano ha sido tan sanador y amable conmigo que le vengo  agradecer y lo haré toda mi vida. Sólo vengo a agradecer ya desde hace 10 años", relató otra fiel a Diario UNO Olga Carmona (80).

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