Hay una historia que merece ser contada y merece ser leída. Es un relato de amor, y tiene como protagonistas a dos parejas. Una es de hermanitos africanos; y la otra, un matrimonio mendocino. Los niños estaban necesitando todo, y sus vidas tenían un futuro ominoso. Marianela y Gustavo necesitaban dar ese amor de padres que los desbordaba, y una adopción internacional sirvió para terminar de armar junto a los pequeños Agostinho y Edimilson, nacidos en Guinea Bissau, una gran familia aquí, en Guaymallén, desde principios de 2017.
Por pedido de Gustavo y Marianela, se omiten muchos datos para preservar la identidad de los menores y la intimidad de la familia. "Además no nos interesa ser Figurettis", dice Marianela. Sin embargo, la historia parece sacada de un libro del Wilbur Smith, con paisaje africano, guerras civiles, hambre y enfermedades incluidas.
Una familia para armar
"El choque cultural fue total. Los chicos estaban en una casa cuna donde los cuidaban mucho y muy bien, pero en su país, por ejemplo, hay luz eléctrica hasta las 23, y además sólo hablaban en su dialecto (kriolu, de raíces portuguesas y africanas), en su casa no tenían baños instalados y esas cosas. Convivimos casi 10 días en el orfanato y ahí supe que no me iba a poder separar más de esos niños", contó Marianela sobre el primer contacto, allá en Guinea Bissau.
"El papá de los chicos no podía mantenerlos y quería que tuvieran una vida mejor y pudieran estudiar y tener un futuro, así que inmediatamente firmó los papeles para una adopción total", explicó la mendocina, quien agregó: "De todos modos con Gustavo quedamos de acuerdo para seguir manteniendo la relación con la familia de los chicos. Yo les escribo una vez por semana y los participo de cada logro de los niños, les mando fotos y videos".


