Desde tiempos inmemoriales, la humanidad se he empeñado en encontrarle una justificación y una explicación a su paso por esta tierra. Preferentemente, una razón trascendente.
Gonzalo Garcés (Buenos Aires, 1974) decidió lanzarse, también, a ese río milenario munido de todo su bagaje de escritor filoso y filosófico, a la vez que provocador, para dar su particular versión de Los relatos bíblicos.
“Me sumé a las legiones de exégetas de la Biblia”, admite en esta entrevista que provocó una llamativa repercusión en quienes la siguieron por radio.
Y es que “las historias, las ideas y los personajes que formaron a Occidente”, bajo la mirada de Garcés, adquieren un halo muy singular. Atenúan su estirpe legendaria, de moldes rígidos y arcaizantes, para volverse humanos. Demasiado humanos.
Se exponen con todos sus defectos a la vista, quizás con David, el padre de Israel, a la cabeza. Pero también con su capacidad de redención y de energía para fundar nuevos reinos que enaltezcan nuestra existencia.
¿Por qué siendo tan mala gente, en apariencia, los protagonistas de cada una de estas historias los terminamos considerando, a través de los siglos, como modelos a seguir? Porque “la Biblia es bilardista”, desafía, otra vez, Garcés. No te esconde sus chanchadas, “pero tampoco te oculta el beneficio para toda la humanidad que sale al final”.
En suma, un mano a mano sin desperdicios con el autor de Los impacientes y Diciembre, en el programa La Conversación de Radio Nihuil.
-La primera edición de Los relatos bíblicos se agotó rápidamente, ¿no?
-Sí, fue una sorpresa para mi editor y, para mí, una gran alegría, también. Se agotó en dos semanas. Y estuvo varias semanas fuera de las librerías porque no atinaban a imprimir suficientemente rápido nuevos ejemplares. Ahora, en estos días, estuvo llegando la segunda tirada y ya se encargó una tercera.
-Más allá de los méritos de tu libro, llama la atención que haya hoy tanto interés del público por este tema.
-Yo tengo la sensación de que la mayoría de la gente, creyentes y no creyentes, siente que en la Biblia hay algo que merece atención.
-¿Por qué también los no creyentes?
-Lo sienten, porque uno puede no ser creyente, puede no practicar una religión, pero sí puede ser sensible a la necesidad de encontrar un sentido a la exploración de la naturaleza humana, a la relación de los seres humanos con el universo que los rodea. Y la Biblia habla de todo eso.
-¿En qué términos?
-No lo digo yo. Ha sido un teólogo cristiano, canónico, como Blaise Pascal, que decía que podemos no saber si Dios existe, pero lo cierto es que el mundo se comporta como si Dios existiera.
-Magnífica proposición.
-¿Y qué quiere decir esa frase? Algo muy interesante. Dice que lo que enseñan el judaísmo, el cristianismo, lo que se encuentra en la Biblia, sigue siendo válido, aunque uno no crea en Dios o no sepa, porque las leyes de la existencia siguen siendo las mismas.
-Inherente a lo humano, por supuesto.
-Es decir, lo que les pasa a Adán y Eva, a Caín y Abel; lo que le pasa a Abraham, lo que le pasa a Jesucristo, todo eso sigue transmitiendo una verdad, incluso si uno no es creyente. Y eso fue lo que a mí me movió a escribir el libro, porque estaba fascinado y sigo estando fascinado con la profundidad de este insólito documento, que tiene más de cinco mil años de antigüedad, si contamos los relatos más antiguos, y que sigue siendo válido.
-¿Y en tu caso qué, puntualmente?
-Yo no soy un creyente en el sentido tradicional. Soy quizás una persona en busca de Dios, con muchas dudas. Pero lo escribí sin un prejuicio a favor ni en contra en relación con la fe, solamente fascinado con los relatos.
-¿Por qué la Biblia, como elección tuya? Podrías haber elegido la Torá, el Corán o alguno otro libro o texto de este calibre perteneciente a otras culturas y civilizaciones.
-Bueno, la Torá es parte de la Biblia. Son los primeros cinco libros, de modo que la elijo también. Ahora, para mí no todas las religiones son iguales. Eso también lo tengo que decir.
-¿Por qué no todas son iguales para vos?
-Tal vez porque yo me crié en una cultura de origen judío-cristiano, por más que sea laica, por más que yo mismo no haya tenido educación religiosa. Y tal vez por eso encuentro cosas tan profundas ahí.
-Como en otros lados, supongo.
-Las encuentro también en la tradición budista. Sin embargo, al leer el Corán, que lo he leído, no me pasa lo mismo. Porque el Corán no son relatos en su mayor parte. Hay unos pocos. La mayor parte son llamados al combate. Son arengas. Y no voy a entrar a juzgar el mayor o menor valor de eso. Pero no es lo que a mí más me interesa.
-¿Qué te interesa, en definitiva, para que quede claro?
-A mí lo que me interesan son relatos que, si se quiere, comparables a Shakespeare o a Dante, nos hablan de seres humanos.
-Nosotros nos referimos muy sueltos de la Biblia, dando por hecho que el ciento por ciento de las personas sabe lo que es. Pero supongamos que viene un pibe y no tiene ni idea de ella. ¿Cómo le definirías la Biblia en dos líneas?
-Como una exploración de la psicología humana a través de los personajes más interesantes que vas a conocer.
-¿Cuáles, por ejemplo?
-Vas a conocer todos los secretos de la política a través de la historia de David. Vas a saber lo que es un neurótico que vive enamorado de las personas que más lo pueden dañar, como es Sansón. Vas a saber todos los secretos de la rivalidad entre hermanos a través de Caín y Abel o a través de Jacob y Esaú. Vas a conocer lo que es una familia disfuncional donde los padres se pelean en secreto y les transmiten eso a los hijos, con la familia de Abraham, Sara o de Jacob y Rebeca. Vas a saber lo que es ser un loco que quiere cambiar el mundo y que paga el precio con la historia de Jesucristo. ¿Qué más?
-¿Qué más? Sigamos.
-Vas a conocer lo más hermoso que han escrito seres humanos acerca de la plenitud del amor y del sexo en el Cantar de los Cantares de Salomón. Vas a leer la historia de la primera operación comando protagonizada por una espía en la historia de Judit. ¿Qué más?
-Muy bien. Por eso mismo, al anunciar esta entrevista en Instagram, decía que tu libro, más que develar los misterios de Dios, ofrece las claves de la existencia humana, la razón de vivir de la gente. Digamos, aquí se habla mucho más de los hombres que de Dios.
-Es así. Habla mucho más de los hombres que de Dios, como bien decís. Se interna en los vericuetos de todas las experiencias humanas: del miedo, de la ambición, del amor, del desamor, de la política. Y cuando aparece Dios, lo hace de una manera muy específica. Siempre aparece llamando a los seres humanos a la aventura.
-A la acción.
-Y eso no se dice tanto. Pero, sin embargo, si realmente abrís la Biblia y hacés el recuento, qué dice Dios acá, qué dice Dios allá y lo leés con honestidad, te das cuenta de que cada vez que Dios habla es para decirle, por ejemplo, a Abraham: salí de tu zona de confort.
-Sí, lo zamarrea.
-Estoy parafraseando, pero básicamente lo que le dice es: vos sos un tipo de setenta y cinco años que nunca hizo nada con su vida porque tenías la plata de tu papá y nunca armaste un proyecto propio. Ahora te digo: andate de tu casa de familia, andate de la comodidad y andá a esta tierra que yo te voy a mostrar, que es una tierra desconocida, peligrosa. No te voy a decir lo que te va a pasar ahí. Eso es cosa tuya. Pero vos andá a la aventura.
-Jugátela.
-Entonces, una manera de definir a Dios en la Biblia sería como la voz que nos llama a la aventura.
-El llamador.
-Yo en el libro digo muchas veces que, en la Biblia, Dios es una voz que habla desde el futuro. Y eso me permite hacer una doble lectura. Vos podés leerlo desde la fe y entender que Dios realmente es una voluntad cósmica que te habla. Pero también lo podés entender como una voz interior que te habla.
-Sí, eso se entiende de manera evolutiva en tu relato.
-Es decir, cuando Abraham oye la voz de Dios que le dice salí de tu casa y andá a tener una aventura, podés entenderlo desde la fe. Pero también podés pensar que esa es la voz que uno a veces oye en su mente, en lo profundo de su conciencia, cuando siente que se cumplió un ciclo, que está para algo más, que hay un futuro que lo espera, que tiene posibilidades no realizadas. Y uno lo puede leer de esa manera psicológica.
-Una doble lectura que enriquece.
-Lo más lindo de esto es que no contradice la fe, porque, después de todo, también en la Biblia hay un momento muy particular donde se dice, con todas las letras, que Dios es una voz suave, casi inaudible, que el profeta oye en su mente. ¿Y qué es eso? Es la voz de la conciencia. Entonces, si vos sos religioso, podés tomarlo así.
-De una manera más espiritual.
-Digámoslo así, el instrumento de comunicación de Dios con los seres humanos es la conciencia. ¡Bárbaro! Y si no sos creyente, podés decirlo casi del mismo modo.
-El asunto es que todo lo que está en tu libro es controvertido, de alguna manera.
-¿Te parece controvertido! Por ejemplo, ¿qué?
-Antes de ir a esto, una pregunta significativa. ¿Qué han dicho los curas de tu libro?
-No tuve todavía diálogos con curas, sí con varios amigos que son católicos practicantes, como mi amiga la periodista Susana Reinoso. Y ahí tuve una gran alegría, porque ninguno hasta ahora me dijo que se sentía ofendido o molesto. Al contrario. Lo que detectaron de mi libro es la admiración, el sentimiento del misterio, de la profundidad y la genialidad de la Biblia.
-Buena reacción, entonces.
-Lo toman así. Es como si dijeran, bueno, este es un autor que no escribe desde la fe, pero hace un libro que te lleva a leer la Biblia. Y después de todo, qué importa cómo uno llega a la Biblia. Lo importante es llegar.
-¿Y tampoco has recibido opiniones de algún rabino o de los judíos?
-No, de rabinos no. Pero, de nuevo, tengo una amiga que es judía practicante, la ensayista Diana Sperling. Y me dijo más o menos lo mismo. En realidad, ¿sabes qué pasa? Que el judaísmo y el cristianismo son primos hermanos, como sabemos. Pero tienen una diferencia que no es menor y es que el cristianismo pone más énfasis en la fe.
-¿Por qué?
-Porque hay que creer en algo que contradice, si se quiere, las leyes naturales, que es la resurrección de Cristo. Y desde los comienzos, el cristianismo fue muy consciente de esta demanda de fe. San Pablo dice que todo pasa por ahí, que, si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. Entonces todo se sostienen en eso.
-¿Y en el judaísmo?
-En el judaísmo, en cambio, no es tan claro, porque si bien hay algunos milagros como, por ejemplo, las aguas del Mar Rojo que se abren para dar paso a los hebreos que se van de Egipto, en general Dios no se mete mucho con el orden natural. Es más como si Dios fuera la ley que rige el universo que conocemos. Entonces creo que, en cierto modo, los judíos ya están más cerca de mi aproximación a la Biblia, que es laica y natural, que los cristianos. Aun así, los cristianos, hasta ahora, respondieron muy bien.
-Preguntaba por la reacción de los religiosos porque, hablando en criollo, lo que muestra tu relato es que la Biblia cataloga una colección de cabrones, de gente de la peor calaña. No se salva ninguno, ni siquiera David, el padre de la criatura.
-Te entiendo totalmente, pero ¿sabés qué pasa? Que le hace un flaco servicio a la religión el cura o el rabino que les cuente a sus fieles que en la Biblia hay toda gente admirable.
-¿Por qué?
-Porque se está equivocando justamente en lo que es más lindo en la Biblia, que es que los personajes son cabrones, como decís vos o, por lo menos, son defectuosos. Uno es medio cobarde, otro es medio traidor, otro es un ambicioso con pocos escrúpulos. Es decir, son la humanidad como es realmente, no idealizada.
-De acuerdo. Es lo que decíamos.
-Y sin embargo, a pesar de esos defectos, logran grandes cosas. Grandes cosas porque los inspira esta voz, que no sabemos si es Dios o si es algo que surge de ellos mismos, pero es un gran proyecto.
-Está muy bien darle la vuelta por ese lado.
-Te lo pongo en estas palabras. Es como si la Biblia te dijera: mirá de lo que podemos llegar a ser capaces, de cuánta grandeza podemos llegar a ser capaces los seres humanos, a pesar del desastre que somos. Por eso te da esperanza sobre la humanidad, porque si te idealizara a las personas y dijera que todos somos buenos, en fin, sería todo muy lindo, pero sería mentira.
-Pero con esta teoría me das excusa para perdonar a todos los políticos, que no dejan de hacer cabronadas. En definitiva, se trata de honrar la realpolitik.
-Bueno... un poco la Biblia, sí, te dice que vos tenés que juzgar por los resultados. La Biblia es bilardista. Ahí tenés un titular.
-Un golazo. Alma de editor la tuya.
-Es decir, David llega a ser el primer rey de Israel y, como recordaste recién, es el modelo, después, de todos. Incluso el mismo Jesús, el mismo Hijo de Dios, dice que él viene a continuar la obra de David, a restaurar el trono de David. O sea, lo toma como modelo.
-Con todo lo que eso implica.
-Pero David es un ambicioso, es un tipo al que toma como protegido el rey Saúl y empieza después a conspirar contra él, además, hipócritamente, porque se hace el que lo apoya, se hace el leal, pero, en realidad, va serruchándole el piso; se alía, incluso, con el propio hijo del rey, lo que es una tradición muy terrible, y también con la hija.
-Con quien encontrara a mano.
-Y hace todas esas cosas, propias de la política sucia. Pero ¿qué pasa? Funda un reino. Y no solo eso, sino que funda un reino que, de algún modo, va a cambiar el mundo, porque de ahí va a salir, por la Biblia misma, el primer estado de derecho y muchas cosas de las cuales la humanidad disfruta hoy, mucho más allá de los judíos.
-Sí, un salto civilizatorio.
-Entonces, es bilardista. No te oculta, la Biblia, las chanchadas que hace para llegar a eso. Pero tampoco te oculta el beneficio para toda la humanidad que sale al final.
-¿Y el precio a pagar?
-Por supuesto, vos podés hacer chanchadas y no darle nada a nadie. Ahí podemos juzgar a los políticos, porque, sin nombrar a alguno nuestro en particular, yo no tengo ninguna noticia de que equis haya hecho esas chanchadas, pero también haya dado un regalo para el mundo.
-Lo que pasa es que cuando decíamos que tu libro es controvertido, no es por tu trabajo, sino porque, cuando les sacás los trapitos al sol a los personajes, quedan en evidencia. Eso es lo controvertido.
-¿Cómo sería?
-Hay doscientos ejemplos en tu libro. Tomemos uno solo como muestra. Moisés sube al monte Sinaí, donde Dios le escribe las tablas de la ley, que contienen mandatos incontrovertibles. Uno dice no matarás. Otro, no desearás a la mujer de tu prójimo. Y David, no solo se queda con la mujer del prójimo, sino que manda a morir al marido, ¡que era un fiel soldado que peleaba por Israel! Es imperdonable lo de David.
-¿Viste lo que es ese relato!
-Por eso mismo, darse cuenta de todo esto resulta controvertido.
-Lo que pasa es que a veces Dios elige a tipos y a mujeres que son jodidos, que son cabrones, pero que tienen garra, tienen inteligencia.
-Valora esas virtudes personales.
-Es como si Dios se dijera: más vale uno malo, un poco inmoral, pero con la inteligencia y el hambre de construir cosas, con la garra que hace falta para construir cosas. ¿Y la ética? Bueno, ya la va a aprender por el camino. Algo que también pasa. Ningún personaje nace bueno.
-No hay duda al respecto.
-Los personajes de la Biblia, cuando aprenden a respetar al prójimo, cuando aprenden a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, aprenden por experiencia. Y la Biblia te cuenta esa formación. Eso es muy interesante también. Jacob, el padre de las doce tribus de Israel, también es un estafador.
-Un suplantador. ¡Lo garca al hermano, nada menos!
-Lo garca al hermano, engaña al padre, se queda con todo. Pero no se queda en eso, porque después le toca ser víctima a él de una estafa, con el tío Labán, que lo hace trabajar de balde durante años. Y cuando se va a casar con una de sus hijas, a la noche, en la oscuridad, Labán le pone a su otra hija para que se acueste con ella.
-El burlador burlado.
-Entonces, fue aprendiendo por experiencia y a los golpes que tal vez más vale moverte por la vida en el respeto y con cierta reciprocidad y con cierta justicia, porque vas a llegar más lejos. Es la formación de una conciencia.
-Más allá del éxito que ha tenido en las librerías, Los relatos bíblicos es encantador porque les das un toque de modernidad a historias milenarias. Primero, sos arbitrario y perdonás todo, perdonás hasta el complejo de culpa que tenemos los judeocristianos.
-(Ríe) ¡Ja!
-Pero, además, vas contrastando las metáforas y las alegorías bíblicas con Shakespeare, con los zombies de George Romero o con Harry Potter, con Sarmiento, con Abraham Lincoln. En un momento, incluso, ¡hacés aparecer a Mafalda! Todo lo cual lo hace mucho más didáctico. ¿Te han dicho algo respecto? ¿Te lo han reprochado?
-No. La verdad es que no tuve reproches hasta ahora. Los voy a tener, no me cabe duda, porque los lectores van siendo muchos y a alguno habrá que no le guste. Por ahora tuve suerte. Y lo tuyo te lo tomo como un elogio, te lo agradezco, a pesar de que yo no lo siento arbitrario.
-¿Cómo lo sentís?
-Siento que puedo comparar historias de la Biblia con Shakespeare o con Mafalda porque las historias que contamos, y esto lo decía Borges también, no son tantas. Vamos repitiendo cinco o seis historias con variaciones. Y a mí me sirve comparar con una historia moderna porque ayuda a sacarle un poco el polvo a la historia bíblica. Pero eso no quita que la estructura de la historia sea la misma.
-¿Como qué?
-Un ejemplo cortito. Cuando yo comparo a David y Goliat, que es una de las historias más conocidas de la Biblia, uno es el débil, es el tapado, es el jovencito que no tiene experiencia; es un verde al que nadie le tiene miedo, justamente porque nadie piensa que sea un peligro. Y es el que vence al tipo más duro y más peligroso.
-Un clásico.
-En la Biblia es David contra Goliat, pero después esa misma historia está repetida en la literatura moderna en El Padrino, cuando Michael Corleone mata a Sollozzo, que es el tipo más duro y más peligroso de la familia rival.
-Decimos que tu lectura de la Biblia tuya es arbitraria porque das tu opinión, es algo subjetivo. Nosotros, hombres occidentales de este tiempo, tenemos, por ejemplo, como imagen icónica de Jesús al Robert Powell del cine. Y a los íconos bíblicos vos los vas poniendo al lado de Brad Pitt, de Humphrey Bogart, de Al Pacino. Como si los subieras a la marquesina de Hollywood. Otra genialidad.
-Yo diría que Hollywood se basó muchísimo en la Biblia y entonces lo doy vuelta. A ver, yo creo que cada uno puede decidir, en el momento de leer, si la interpretación que yo hago es un disparate o si tiene sentido.
-No es para tanto, da la impresión.
-Yo parto de una base, como te dije recién. Las historias que existen y que nos seguimos contando, no son tantas y la Biblia las contó por primera vez. Aunque no siempre. Por ejemplo, la historia de Adán y Eva es una reversión de una historia babilonia que es anterior a los judíos y a la Biblia.
-En efecto, es como una antología milenaria.
-Cuando yo hablo de Jesús, por ejemplo, y digo que es un modelo para dar vuelta a una sociedad, un modelo revolucionario, sin juzgar si eso es bueno o malo, me baso en los textos. No es que me lo saco de cualquier lado.
-Clarísimo. Cada historia tiene su fuente.
-Jesús dice: yo no he venido a traer la paz, sino la espada. Dice que los que prefieran la lealtad a su hermano, a su padre o a su madre antes que a él, no pueden ser sus seguidores. Y es lo que dicen los revolucionarios, y por muy buenas razones, porque hay una lógica en la revolución.
-¿Cuál?
-Vos tenés que deshacer los vínculos existentes, empezando por la familia. Tenés que tener una épica. Y tenés que proponer una forma de vincularse diferente. Entonces, tenés que deshacer para hacer. Está en los evangelios, lo puede leer cualquiera.
-Sin objeciones.
-Del mismo modo que, cuando yo digo que en el Evangelio de San Juan el relato mismo te invita a dudar de si Jesús resucitó o no, de nuevo no estoy inventando.
-¿Por qué esa deducción?
-Porque en el evangelio se cuenta que, después de la muerte de Jesús, los discípulos salen a pescar. Y desde la barca ven a un hombre que no es Jesús. No lo reconocen. Es un hombre totalmente diferente que les pregunta si tienen algo de comer. Ellos le dicen que no. Entonces él les sugiere que tiren la red por el otro lado y ahí la sacan llena de peces.
-Otro milagro.
-Entonces uno de los discípulos dice: ¡Es él! ¡Es el maestro! Y van y comen con él.
-Una muy buena escena.
-Y en un momento dicen: maestro, resucitaste. Nada de eso. Es todo entre líneas, todo tácito y vos podés elegir, pensar que Jesús resucitó y los discípulos no lo reconocieron; pero también podés elegir otra lectura, que es que cuando se te muere alguien, que era muy importante para vos, a quien querías mucho, lo encontrás después por todos lados.
-Exacto. ¿Te pasó?
-Cuando mi madre murió, yo la encontraba todos los días en la calle, porque uno quiere reconocer a esa persona en otra. Entonces, podés entenderlo así. Y lo podés entender de una tercera forma y es que Jesús no es sólo la persona Jesús de Nazaret, sino un modo de vivir y un modo de pensar, y que cualquiera que vive y piensa como Jesús, de algún modo, es Jesús resucitado. Podés entenderlo así también.
-En tu libro de 375 páginas le dedicás la parte final a Jesús, salvando el epílogo. Ahí lo vas viendo como un poeta, como un político, etcétera. Y en un momento decís de él: "A cada paso, aparece como un hombre que actúa . Cada vez que lo cuestionan responde con una cita". ¡Comparás a Jesús con el Quijote de la Mancha! Esto solo vale todo el libro.
-(Ríe) Te lo agradezco mucho. Y el que piense que esto es una lectura un poco rara, es cuestión de que lea los evangelios y vea lo que hay. Jesús, efectivamente, todo el tiempo responde con citas y todo el tiempo está recreando lo que leyó en los antiguos libros, las antiguas profecías. Igual que don Quijote, que recrea lo que leyó en los libros de caballería.
-Esa es la gran relación, el gran acierto.
-Cuando Jesús debe entrar a Jerusalén, se encuentra con un problema. Tiene que entrar a lomos de un burro. ¿Por qué? Porque el profeta Zacarías dice que el Mesías entrará a Jerusalén a lomos de un humilde asno. Entonces no puede hacerlo caminando, no puede entrar a caballo, no puede entrar en carreta. Tiene que entrar a lomos de un burro. Está recreando lo que leyó.
-Jesús lector. Genial.
-Y es verdad que se parece al Quijote en eso. Yo cuando me di cuenta de esa similitud, me puse a buscar en internet a ver si esa idea ya estaba, porque me parecía que, una vez que la ves, se vuelve obvia. Entonces, pensé, bueno, esto claramente se le ha ocurrido a otra gente.
-¿Nadie lo hizo?
-Lo único que encontré en todo internet fue una frase de Miguel de Unamuno, que escribió un libro que se llama Vida de don Quijote y Sancho, donde en una parte dice: "El Quijote es el Cristo español". O sea que a Unamuno se le ocurrió.
-Ahora bien, a la par de ir tirando las historias bíblicas, vas reflexionando y hacés reflexionar al que lee. Estás proponiendo tu interpretación. Sos otro exégeta de la Biblia, otro comentarista de entre los miles que han ido surgiendo a través de los siglos. ¿Te sentís así?
-No lo había pensado de esa manera. Pero, sí, se puede ver como vos decís, me sumé a las legiones de exégetas de la Biblia.
-Ya que estamos moviéndonos en torno a valores universales, surge otra pregunta al terminar tu libro. Si Jesucristo representa a Dios, ¿por qué es hombre? ¿Por qué el género masculino?
-Yo te puedo dar la respuesta de San Pablo, la respuesta de San Agustín, pero supongo que querés la respuesta mía.
-La tuya, absolutamente.
-La mía es que Dios es algo más abstracto. Es como el logaritmo del universo, el código de programación del universo. Pero los seres humanos sólo podemos entrar en comunicación con esa clave, con ese código del universo, a través de algo que se nos parezca. Entonces hubo un hombre que estaba tan en armonía con este código del universo, que era la manifestación humana de Dios. Y ese era Jesucristo. Yo veo a Dios, en cierto modo, como una interfaz.
-¿Cómo sería eso?
-Viste que, en una computadora, si vos abrís un programa para escribir, el Word, por ejemplo, que yo uso, no interactuás con las líneas de código, porque sería imposible. No podrías escribir así. En vez de eso tenés un ícono en la pantallita, un dibujito de una hoja de papel. Bueno, esa hoja de papel no existe de por sí, pero te permite entrar en contacto y te permite interactuar con todo el programa de escritura. Extendé eso al universo entero.
-Te sigo.
-Hay demasiadas cosas que no podemos saber, hay demasiado de lo que uno ignora, pero a través de la figura de Dios uno puede interactuar con eso que nos rodea. No sé si se entiende, porque me parece que voy a tener que escribir otro libro para explicar esto.
-Es muy interesante esta idea de Dios como interfaz. Nos puede llevar al Aleph de Borges. Y uno se termina preguntando si hoy, lo que más se parece a Dios en el planeta Tierra, no sería la inteligencia artificial. ¿No está ahí Dios?
-(Suspira) Eh... no sé. Me encantaría darte una respuesta como si lo hubiera pensado. Pero la inteligencia artificial, hasta donde puedo ver, como una persona común y corriente que no sabe nada de programación y que interactúa con Chat GPT, es que imita nuestra capacidad para entender las constantes y los patrones dentro de la realidad.
-¿En qué sentido?
-O sea, la IA imita nuestra capacidad, por ejemplo, para ver que entre el fluir del río y el pasar del tiempo hay una afinidad, que hay una estructura y que se parece en dos cosas distintas. Y en ese sentido, a lo mejor, uno la podría aproximar al concepto de Dios. Pero todavía me parece que está muy lejos. Está muy lejos del nivel de complejidad del que estamos hablando.
-Pensando en voz alta con vos, te la sigo por este lado. Tenemos a Jesús, el hombre que ha leído, como decíamos. Y la inteligencia artificial está leyendo todo, un millón de veces más que Jesús. Ahí hay una relación.
-En lugar de darte una respuesta filosófica, te contesto con la idea para un cuento que me acabas de sugerir en este mismo instante.
-A ver.
-Un cuento donde uno de tantos programas, Chat GPT o Cloud o alguna de las otras inteligencias artificiales, de tanto leer todos los textos del mundo, se vuelve loco y se cree Dios.
-¡Estupendo!
-Sería el Quijote informático (risas).
-La última, porque se nos acaba el tiempo. En tu libro aparecen todo el tiempo Dios o sus acólitos hablando a favor del pueblo elegido. Y el que no pertenece al pueblo elegido debe ser convertido o eliminado. ¿No es un concepto que alimenta todas las guerras, pese a las arengas actuales de los líderes religiosos, como el Papa, en favor de la paz?
-Siempre hubo dentro del mismo judaísmo personas a las que le jodió el concepto de pueblo elegido. Por toda clase de razones. Una razón es que siempre hubo en el judaísmo una corriente más exclusivista y una más universalista. Y de hecho hubo disputas, a veces sangrientas, dentro del judaísmo por eso.
-Con más razón, entonces.
-También hay diferentes maneras de entenderlo. Una, detestable, que es la exclusividad por la superioridad. Es un concepto casi racista.
-En todo sentido.
-Otra manera de entenderlo, que también justifica su lectura en varios pasajes de la Biblia, es el pueblo elegido como algo así como una experiencia piloto, como si Dios dijera: es muy complicado darle la ley a toda la humanidad de una. Vamos a empezar por un pequeño grupo. Vamos a darles leyes para gobernarse, vamos a probar cómo se llevan con la libertad, cómo se llevan con la idea de proyecto a futuro, con esta forma de vivir. Y si funciona, bueno, se extenderá al mundo entero.
-Riesgosa apuesta, si las hay.
-En cierto modo, vos podés entender el devenir del judaísmo y el cristianismo de esa forma. Tenés el judaísmo durante varios milenios y, en un momento dado, Jesús y, sobre todo, San Pablo, lo llevan a un plano universal. Esta es otra forma de leerlo.
-Muy interesante también.
-Para terminar, yo lo haría con una nota de humor.
-Meta.
-Hay una la obra, El violinista sobre el tejado, donde un buen judío creyente, el Tevye, habla con Dios o por lo menos se dirige a Dios. Y le dice: ¿por qué nos va tan mal? Nos matan los cosacos. Tengo problemas. Soy pobre. ¿Por qué es todo tan difícil?
-¿Y?
-Ya sé, sigue diciendo Tevye, ya sé. Somos el pueblo elegido. Pero, de vez en cuando, ¿no podrías elegir a otro? (risas finales)



