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Personajes entrañables

Franco Pokrajac, el ángel de las mascotas

Franco Pokrajac, joven de 20 años, que falleció ahogado al tratar de rescatar a un perro de un cauce, fue protagonista una larga historia de altruismo y amor al prójimo

No hay mayor sacrificio para un ser viviente que el de ofrendar su propia vida para salvar otra. La noticia de la muerte de Franco Pokrajac golpeó profundamente a la sociedad mendocina, al conocerse que el desenlace fatal se produjo cuando el joven de 20 años no dudó ni un instante al arrojarse a un cauce turbulento a salvar a un animal indefenso. Muchos pensarán que el acto de arrojo fue algo absurdo. Sin embargo, no lo pensó así Franco, y eso sirve como carta de presentación para este mártir de una causa que no es otra que la de la defensa de la vida, cualquiera sea su forma, algo que trajo de nacimiento.

Betina Malovini contó desde el sábado, día de la muerte de Franco, cómo su hijo se bajó del auto en que viajaban juntos y se tiró al agua del siempre peligroso canal Cacique Guaymallén, al ver a una pareja que pedía auxilio para su mascota -un perro- que no podía salir del cauce. No pensó en consecuencias ni midió peligros. Una vida estaba en peligro y él fue a salvarla. Así era la vida diaria de este joven, que sentía el dolor de los animales abandonados como propio, y se desvivía por brindarles refugio. "Era la zona del zanjón donde hay cascadas, y se forman turbulencias, a él lo chupó la corriente y no pudo salir. Llegó gente a ayudar y me tiraron un soga y pude salir, pero a él no lo veíamos y no lo pudieron ayudar", recordó con el alma en carne viva Betina.

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En su militancia por la vida, Franco pertenecía a un entidad, llamada MisiónAnimal Ong, que rescataba perros callejeros y les daba otra oportunidad de vida. Tampoco el sufrimiento humano era ajeno al muchacho que vivía en Charcas de Coria, ya que según su mamá, era frecuente que volviera a casa sin zapatillas, por habérselas dado a alguien que las necesitaba. El pibe lujanino representa a una juventud comprometida con el ambiente, y que pone en acción al verbo que muchos vuelcan sólo en redes sociales. No fue la primera vez que Franco intentaba un rescate acuático, ya que había salvado a muchos perros de esta forma.

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Franco evidenció que en el universo, para las buenas acciones se aplica una ley "boomerang", donde lo ofrecido vuelve. "Él amaba a los perros, y los perros lo amaban a él. No fue casual que en el cortejo fúnebre llevaba su cuerpo (nosotros vivimos en Chacra) el grupito de perros callejeros que solía cuidar lo esperaban en una esquina, como si lo despidieran. A ellos les llevaba alimentos, y hasta me pedía muchas veces, ya que soy médica, que le atendiera alguna herida o dolencia", cuenta la mamá.

Cómo era Franco

En medio del peor de los momentos, con todo el dolor del alma, la madre de Franco se animó a hablar del altruismo de su hijo, "para que la gente sepa lo muy especial que era mi hijo", expresó Betina. "Franco era un angelito acá en la tierra. Estaba despojado del interés por todos los valores materiales. Siempre fue así, inexplicablemente tenía un amor al prójimo innato. No le importaba si era una buena persona, mala persona, un animalito -que era su devoción-, él ayudaba de corazón".

Era un mágico mi hijo. Todo el mundo se admiraba de lo buena persona que era, sumamente respetuoso y amable con los mayores. En una plaza de Luján van a poner una placa en su honor y van a plantar un árbol para recordarlo Era un mágico mi hijo. Todo el mundo se admiraba de lo buena persona que era, sumamente respetuoso y amable con los mayores. En una plaza de Luján van a poner una placa en su honor y van a plantar un árbol para recordarlo

"Franco tenía pasión por los perros, y se había acercado a la ONG (Misión Animal) con la que colaboraba. El miércoles pasado (antes del accidente fatal) pasó algo que lo pinta de pies a cabeza, ya que me vino a ver al centro de salud donde trabajo cuando salió de la profesora que lo prepara en el preuniversitario, y cayó con un perrito que encontró dentro de una acequia. Nos dimos cuenta de que era ciego y sordo el animal, por lo que pensamos que seguramente tenía dueño y estaba extraviado. Comenzó a revisar si lo buscaban, y a publicar sobre el animalito, y lo llevó a una veterinaria, y en ese interín apareció el dueño. No te podés imaginar la alegría que tenía mi hijo", dijo Betina, quien aún no puede asumir la partida de su hijo, y habla de él en presente, así como lo siente en su alma.

"Cuando Franco nació, en casa había un perrito, Camilo, y él lo adoraba, fue su primer amor. Yo no fui nunca de tener mascotas, pero él me enseño a amarlas. El amor por los animales nació con él. A los 10 años rescató a un perrito abandonado en la plaza, y aún vive con nosotros el animalito. Así empezó", detalló la médica sobre el génesis de la vocación proteccionista de su hijo.

Franco no tenía muchos amigos de los que se puede considerar íntimos, pero sí se relacionaba fácilmente con todo el mundo. Cuando iba al secundario, una vez me llamó un profesor -pensé que habría hecho algo malo- y no, era para felicitarme por tener un hijo tan educado, respetuoso y colaborador Franco no tenía muchos amigos de los que se puede considerar íntimos, pero sí se relacionaba fácilmente con todo el mundo. Cuando iba al secundario, una vez me llamó un profesor -pensé que habría hecho algo malo- y no, era para felicitarme por tener un hijo tan educado, respetuoso y colaborador

Franco había estudiado para auxiliar de farmacia, y estaba haciendo el pre de bromatología. A él le hubiese gustado de corazón estudiar veterinaria, era su primera opción, pero tenía al gran problema que no soportaba ver sangre, se desmayaba, según contó su mamá. "Él era muy de andar en la calle, y sobre todo le gustaba mucho ir a la biblioteca, amaba leer, y cerca estaba la ONG, así que permanentemente participaba ayudando ahí, siempre estaba donde habían eventos con donaciones, castraciones, y esas acciones", recordó la madre del lujanino. Luego agregó que "no sólo con los animales era empático. Si veía en la calle a alguien descompuesto, lo ayudaba, tocaba en la puerta de una casa para pedir agua y hacerlo sentar. Así era Franco".

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Franco tenía 20 años, cuando el pasado sábado no dudó en lanzarse al cauce del Canal Cacique Guaymallén a rescatar un perrito que se ahogaba, y perdió la vida.

Franco tenía 20 años, cuando el pasado sábado no dudó en lanzarse al cauce del Canal Cacique Guaymallén a rescatar un perrito que se ahogaba, y perdió la vida.

La acción espontánea e impensada que le significó perder la vida a Franco, al arrojarse al agua a salvar a un can no fue un hecho aislado, y así lo confirmó su mamá. "Una vez pudo salvar a tres perritos -uno era conocido de él y vive actualmente en casa, el Toby- que habían caído a un zanjón de acá de Luján. Se llamó inicialmente a los bomberos, y como no llegaban, le pidió al padre que lo atara con una soga y se metió al agua, con el temor de que se pudieran abrir una compuertas que hay ahí, y así salvó a dos, y al día siguiente volvió y pudo rescatar al tercero, que era un cachorro".

El cariño que sembró el joven inmolado, tendrá su retorno, que será una caricia, dentro de su sufrimiento, para sus padres. "Toda la gente del barrio lo amaba, y estamos en tratativas para el próximo 3 de octubre hacerle un homenaje, junto a la gente de Misión Animal, con la intención de, además, recaudar algunos fondos para la ONG, y donde participarán músicos".

"Su misión acá parece que había terminado. Le quedaba poco por aprender, de las experiencias de la Tierra. Trajo tanto amor, comprensión, humanidad, valentía, compasión por los demás, los desprotegidos. Para mí, Dios me dio un ángel, que lo bajó por unos años conmigo, y se fue. Ojalá su almita esté en nuevas misiones, ese niño fue un ángel", concluyó Betina Malovini, la mamá de Franco, a quien consideró nada menos que un ser de luz que pasó por nuestro mundo.

Una carta de consuelo

Luego del sepelio de Franco, una carta virtual -por redes sociales- le llegó a su mamá:era de una docente donde había estudiado el chico, y que pinta en su texto lo que significó para quienes lo conocieron. El texto dice:

"Disculpe que utilice este medio. Soy Alejandra del colegio El Nogal. El lunes estuve muy cerca de usted, pero no tuve el valor para decirle cuánto duele la partida de Franco, nuestro Fito. Quiero compartirle que el viernes 10 de Septiembre, él pasó por el cole. Estuvo un largo rato, charló con cada uno y pidió permiso para abrazarnos. En mi caso fue un abrazo que lo percibí con mucho cariño y como si el tiempo se detuviera. Con mucha paz. Nunca imaginé lo que días después sucedería. De haberlo sabido lo hubiese abrazado más. Nos llevó una botella de champagne a cada uno, no sé si ud. lo sabía. Esto me hace sonreír, porque siempre llevaba algo sin que los adultos supieran: remedios cuando algún profe o compañero estaban con algún síntoma, el carrito de supermercado para la presentación de camperas, el traje de tetera para el bingo, etc.

Cuando ingresó al cole, me costó en un principio entenderlo, pero de a poco comprendí sus razones, sus decisiones y aprendí que no respondía a un molde, era diferente, especial. Por eso cuando no quería estar en clases se venía a primaria a jugar con los chicos, o a mi oficina a pedirme algún libro, el que leía en pocos días. Me enseñó a descubrir una persona especial. Hace poco pregunté a los profes si sabían algo de Fito, porque hacía tiempo que no pasaba por el cole. Y de pronto lo veo ese viernes!!!! Como si nuestras almas se hubiesen comunicado. Tal vez esté equivocada, pero siento que ese día se despidió de cada uno de nosotros. Su partida duele. Pero su sonrisas, rulos, su llegada en patineta y sus acciones estarán siempre en mi corazón y en la memoria de quienes lo conocimos en el cole.

Le envío un abrazo lleno de luz a la distancia. Un honor haber conocido a vuestro hijo"