Un reciente estudio científico sobre fósiles hallados en China cambió la perspectiva tradicional sobre la capacidad visual de los ancestros animales. Los restos analizados pertenecen a los primeros vertebrados conocidos, criaturas que habitaron los océanos hace unos 518 millones de años.
Estos ejemplares, denominados milocunmíngidos, poseían un sistema de cuatro ojos funcionales que operaban de manera similar a los órganos de visión modernos. El hallazgo sugiere que la evolución dotó a estas especies de una percepción del entorno mucho más sofisticada de lo que la paleontología estimó durante décadas.
El equipo de investigadores recolectó especímenes en el yacimiento de Chengjiang, un sitio reconocido por la Unesco debido a la excelente preservación de tejidos blandos. Durante el análisis con microscopios de alta potencia, los científicos identificaron un par de órganos visuales laterales de gran tamaño y otros dos más pequeños situados en la zona central de la cabeza. Este estudio detallado permitió observar melanosomas, que son estructuras encargadas de contener pigmentos, lo que confirma que estos ojos adicionales captaban la luz y generaban imágenes nítidas para el animal.
El origen de la visión compleja
La disposición de estas estructuras en los vertebrados primigenios permitió un campo de visión amplio, comparable a una pantalla panorámica. La presencia de lentes circulares en los órganos centrales indica que no solo detectaban la claridad o la oscuridad, sino que formaban figuras con profundidad. Este descubrimiento marca un hito en la evolución de la vista, ya que representa la evidencia más antigua de órganos tipo cámara. Este diseño biológico es el mismo que utilizan los seres humanos hoy en día, con una retina y un iris que regulan la entrada de luz.
Los especialistas determinaron que los dos órganos centrales más pequeños guardan una relación directa con la actual glándula pineal. En muchas especies actuales, esta glándula regula los ciclos de sueño, pero en estos peces primitivos funcionaba como un set de ojos activos. Con el paso de los milenios, estas estructuras perdieron su capacidad de formar imágenes y se redujeron hasta quedar alojadas en el interior del cerebro. Este proceso de transformación orgánica ilustra cómo la evolución reutiliza funciones sensoriales para necesidades biológicas distintas.
Hallazgos en el registro fósil
La investigación publicada en la revista Nature contó con la participación de expertos de la Universidad de Yunnan y la Universidad de Bristol. Los milocunmíngidos medían apenas unos dos centímetros y carecían de mandíbulas, pero su anatomía interna presentaba una complejidad inesperada. El estudio de los melanosomas en los fósiles demostró que estos animales contaban con protección contra el exceso de radiación solar, una adaptación fundamental para la supervivencia en los mares del Cámbrico.
Otras investigaciones paralelas en Escocia refuerzan la teoría de que los vertebrados desarrollaron sistemas visuales avanzados mucho antes de lo previsto. Los fósiles escoceses, de unos 443 millones de años, también muestran estructuras de tipo cámara en peces sin mandíbula. La coincidencia entre los hallazgos de China y el Reino Unido permite construir un panorama sólido sobre la evolución de los órganos sensoriales. La integración de estos datos confirma que la diversidad biológica durante la explosión cámbrica incluyó innovaciones anatómicas que sentaron las bases de la vida moderna.





