Un reciente descubrimiento genético en la península de Mani, situada en el extremo sur de Grecia, encontró una de las supervivencias culturales más fascinantes de la historia europea. Según una investigación exhaustiva de la Universidad de Oxford, los habitantes de esta región agreste no solo conservan un linaje directo con las poblaciones de la Edad del Bronce y del Hierro, sino que también mantuvieron sus creencias en los dioses del Olimpo durante siglos tras la llegada del cristianismo.
Descubrimiento revela un pueblo que adoró a los dioses griegos hasta la Edad Media
Un descubrimiento de ADN liderado por la Universidad de Oxford confirma la continuidad genética y cultural de una comunidad aislada
La resistencia de los antiguos dioses griegos
Los registros históricos ya mencionaban la existencia de este grupo particular. El emperador bizantino Constantino VII Porfirogéneta escribió en el siglo IX que los residentes de Mani no descendían de las migraciones eslavas, sino de los antiguos helenos. Según su testimonio, estos grupos continuaban rindiendo culto a los antiguos griegos de la época clásica en pleno medievo. La investigación actual demuestra que la geografía montañosa y de difícil acceso funcionó como un refugio natural, permitiendo que esta comunidad permaneciera aislada de las transformaciones demográficas que afectaron al resto de los Balcanes.
El análisis de ADN realizado a más de cien individuos con ascendencia local profunda mostró resultados sorprendentes. Más del 80 por ciento de los varones pertenecen a un linaje genético específico que predomina en esta zona pero es escaso en el resto del territorio continental. Los científicos identificaron que estos marcadores están ligados directamente a quienes habitaron la región en tiempos remotos. Esta estabilidad biológica permitió que muchas tradiciones atravesaran los siglos, llegando incluso hasta la Edad Media sin las alteraciones externas que sufrieron otras poblaciones mediterráneas.
El descubrimiento de una "isla genética"
El estudio subraya que la península de Mani actuó como una isla genética. Mientras el Imperio Romano se transformaba y adoptaba nuevas religiones, los habitantes de este sector meridional preservaron una estructura social de clanes y una identidad lingüística propia. La evidencia sugiere que la crisis poblacional del siglo VII, marcada por plagas e inestabilidad política, consolidó el aislamiento de estas familias. Tras ese periodo de silencio histórico, la población volvió a expandirse manteniendo intactos los rasgos ancestrales que hoy la ciencia logra identificar mediante tecnología moderna.
Las linajes maternos, por otro lado, muestran una mayor diversidad y conexión con el Cáucaso, el norte de África y Europa occidental. La diferencia entre el ADN masculino y femenino refleja una sociedad históricamente patriarcal, donde las líneas familiares de los hombres permanecieron profundamente arraigadas al suelo local. El sistema de clanes, que la tradición oral situaba en épocas posteriores, parece tener raíces mucho más profundas según los datos obtenidos.






