Jornadas de Investigación

Esther Díaz, la filósofa punk, disertó sobre el deseo en la discapacidad

Por UNO
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En el día en que cumplía 80 años de vida, la filósofa punk, Esther Araceli Díaz, disertó en la UNCuyo sobre un tema del que nadie habla y es casi un tabú en Argentina: “El Deseo en la Discapacidad, Amor y Sexualidad”.

Este viernes, en lo que el cierre de lujo de tres días en los que la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Cuyo generó un espacio para la presentación y discusión de investigaciones educativas y la difusión de la producción de conocimiento en el ámbito de la educación, según el departamento de prensa de la UNCuyo.

La epistemóloga realizó su tesis doctoral sobre el deseo y durante el último año se dedicó a profundizar sobre cómo lo viven las personas con discapacidad y quienes los rodean, tal como lo explicó durante su conferencia.

El deseo vivo

Sobre el deseo aseguró que “está vivo mientras estamos vivos” y relató que hay antecedentes de que desde antes de nacer hay deseo y que los humanos lo conservan hasta su último día de vida. “Se desparrama, se derrama, lo derrochamos”, añadió para argumentar que es el impulso vital.

Reflexionó además sobre las personas con discapacidad, su deseo y cómo viven ellos y su entorno el amor y la sexualidad. Entre otros conceptos señaló que la sobreprotección de los padres, que es muy frecuente en estos casos, lleva a la discriminación porque termina por impedirles su privacidad. “Es también una manera de exclusión”, dijo y relató casos de personas con discapacidad y cómo sus maestros, padres, madres y acompañantes intentan manejar estos impulsos. "Todo el mundo tiene derecho a su intimidad, pero por protegerlos tanto los excluyen", disparó la epistemóloga.

Mencionó también dos de los mitos más frecuentemente difundidos al respecto: que las personas con discapacidad son ángeles, lo que implica que no tienen deseo sexual o, por el contrario, que son desenfrenados en sus apetencias.

Su propuesta para contribuir socialmente en este tópico es hacer micropolítica militante; es decir, poner en palabras esto de lo que no se habla, discutirlo, pensar cómo resolver estas situaciones y denunciarlas. Lo definió como un llamado a la resistencia e invitó a seguir pensando en conjunto. Señaló que la militancia micro de las temáticas socialmente relevantes es efectiva y consigue cambios a nivel macro a la larga, como sucedió con aquellas marchas en el caso de María Soledad Morales, en las que quienes marchaban eran mujeres jóvenes sin acceso a las estructuras de poder, legislación o justicia y que, sin embargo, consiguieron una respuesta social y hubo condenados y responsables.

Y para explicarlo mejor hizo una autorreferencia y aclaró que hoy es más humilde que en su juventud y sabe que no va a cambiar el mundo, pero que también reconoce que puede mejorar el entorno que la rodea a través de sus escritos, sus clases y sus pensamientos. Y por eso invitó a reflexionar, debatir y pensar sobre el tema en conjunto.

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