Quebec es una provincia de Canadá conocida por su imponente naturaleza, que incluye bosques, ríos, playas, espejos de agua y más. Por esta razón, muchos turistas eligen este destino para desconectar del frenetismo de las ciudades y relajarse entre los paisajes. A continuación, te contamos sobre un lago único que fue creado por un meteorito hace millones de años.
El lago Manicouagan es una auténtica maravilla canadiense que se puede ver desde el espacio por su forma particular y circular. En la Tierra también sorprende a las personas que lo visitan.
Un lago creado por un meteorito
Según The Canadian Encyclopedia, tiene 1942 km² y 360 metros de altitud, por lo que es el segundo lago natural más grande de Quebec. Pero lo que lo hace realmente especial no es solo su tamaño: se formó hace aproximadamente 200 millones de años, cuando un enorme meteorito impactó contra la superficie terrestre, creando un cráter inmenso.
Este cráter, con el tiempo, se fue llenando de agua y dio lugar al lago que hoy conocemos. El impacto fue tan potente que dejó una huella visible incluso desde el espacio. De hecho, si alguna vez ves una imagen satelital de la Tierra, es probable que puedas identificar este anillo acuático al noreste de Quebec.
El lago Manicouagan se encuentra a unos 300 kilómetros al norte de Baie-Comeau, en una región de paisajes salvajes, bosques frondosos y cielos despejados ideales para la observación astronómica.
En su centro se encuentra la isla René-Levasseur, considerada una de las islas lacustres más grandes del mundo. En el interior se encuentra el Monte de Babel, que cuenta con 952 metros de altitud.
Por otro lado, el lago tiene un desarrollo hidroeléctrico de gran importancia, la presa Daniel Johnson, que tiene 214 metros de altura y es una de las presas más grandes del mundo, que se encuentra a 40 kilómetros al sur del embalse.
Hoy en día, Manicouagan no solo es un lugar fascinante para geólogos y científicos, sino también para aventureros que buscan navegar sus aguas, explorar sus bosques o simplemente contemplar esta belleza de la naturaleza que guarda en sus profundidades la memoria de un evento cósmico.



