El sábado 3 de marzo de 2001 por la noche sucedió en Guaymallén uno de los robos más extraños y misteriosos de la historia criminal de Mendoza. "El más cuantioso que se recuerde", tituló Diario UNO horas después.

Un caso que todavía sigue impune. Sin culpables.

Encapuchados se apoderaron de todo el dinero que había en el depósito de la transportadora de caudales Brinks, a media cuadra de la comisaría 25 de San José. En la vereda sur de una calle sin salida. Viamonte 363.

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Lo hicieron sin disparar un solo tiro. Sin testigos.

¿Cuánto se llevaron? —preguntó el juez Ariel Spektor.

800.000 pesos —contestó secamente uno de los policías.

Era una época de severa crisis en el país. Una más y...

A De la Rúa le quedaban poco más de nueve meses en la Presidencia de la Nación pero sus colaboradores eran devorados por la inflación desbocada que empobrecía al país.

Se iba José Luis Machinea llevándose su inefable tablita para calcular Ganancias y en el cargo de ministro de Economía ingresaba Ricardo López Murphy con su cara de bulldog. Pero no duraría mucho tiempo.

A pesar de todo

El dinero despojado a la empresa de seguridad era suficiente para comprar 40 camionetas cero kilómetro de hasta 1 tonelada de capacidad de carga, cabina simple y cubiertas de gran porte.

También tomando precios referenciales de la época, los maleantes podrían haber invertido en 12 casas estilo californiano de 120 m2 y con tres dormitorios cada una, propiedades enclavadas en el corazón de la Sexta con un plus: 200 m2 de terreno libre para hacer algo más. Edificar. Plantar césped. O hacer nada.

Vendimia, la hechicera de siempre

Mientras el tesorero Víctor Navas era atado, encerrado y despojado del dinero a su cargo en Brinks, miles de personas miraban la Fiesta Nacional de la Vendimia. El reinado de la maipucina Jésica Tolín ya era un hecho.

Respiraba tranquilo el entonces gobernador Roberto Iglesias. No era para menos: un año antes se había sentado en el palco del Frank Romero Day solo para cumplir con el protocolo porque su cabeza y su adrenalina estaban puestas únicamente en el motín en la cárcel de Boulogne Sur Mer.

La pesquisa

El atraco sucedió entre las 23.15 y las 23.50, entre que un blindado de Brinks salió de la base para retirar la recaudación de un híper de Dorrego y que llegó la Policía.

Estas son algunas conclusiones que figuran en el expediente penal iniciado por el juez Spektor: 1) la puerta y el portón de acceso solo podían ser accionados desde adentro, 2) no fueron violentados y 3) las alarmas perimetrales quedaron desconectadas desde que el blindado salió.

"Es muy raro que una persona se haya quedado sola contando más de $800.000 sin medidas de protección. Ni siquiera la alarma activada" "Es muy raro que una persona se haya quedado sola contando más de $800.000 sin medidas de protección. Ni siquiera la alarma activada"

De un investigador

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Más por costumbre que por convicción, un policía de Investigaciones pidió revisar las cintas de videoseguridad pero se encontró con la desagradable noticia de que el sistema había sido desactivado por los delincuentes, según la versión de Navas. Cámaras inutilizadas, como en otros casos resonantes en bancos y financieras mendocinas.

El expediente por dentro

Los delincuentes eran dos, declaró el tesorero en sede judicial. Armados y encapuchados, completó.

El resto de su exposición le permitió al juez conocer cómo funcionaba Brinks y saber quiénes tenían acceso a las llaves maestras del depósito. Navas y un gerente, anotó cuidadosamente Spektor, quien hoy se desempeña como juez de sentencia.

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El sumario daba cuenta, ya en su parte final, que la banda también se apoderó de un lote de armas de fuego nada despreciable: seis pistolas de calibre 9 y dos escopetas recortadas.

Ese arsenal era utilizado por los custodios y los portavalores de la empresa, como sucede en otras las transportadoras de caudales en su rutina por bancos, financieras, supermercados, empresas, comercios, oficinas públicas y privadas y otros sitios con mucho dinero entre manos.

Tres hipótesis

Las líneas de investigación confluyeron hacia tres posibles soluciones para dar con los criminales.

1) Alguien más tenía una llave maestra en su poder. 2) Navas pudo haber facilitado el ingreso a los delincuentes. 3) Fue un caso de autorrobo

La tercera chance comenzó a cobrar fuerza a partir de un dato que suele repetirse en estos casos: los $800.000 siniestrados estaban asegurados y conseguir la reposición sería un trámite breve y sencillo.