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El pequeño puerto de África que se disputan China y Estados Unidos: es clave para el comercio mundial

Este puerto demuestra la disputa entre China y Estados Unidos se libera con bases, puertos y posiciones estratégicas cuidadosamente elegidas

En el mapa de África, este puerto es apenas un punto. Sin embargo, en la geopolítica ocupa un lugar desproporcionadamente grande, no solo para Estados Unidos o China, sino para el mundo entero.

Allí, en ese diminuto enclave del Cuerno de África, Estados Unidos y China se observan, se miden y proyectan poder sin necesidad de un enfrentamiento directo. El puerto de Djibouti se convirtió, casi sin proponérselo, en un escenario silencioso de la competencia entre las dos grandes potencias del siglo XXI.

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El pequeño puerto de África que se disputan China y Estados Unidos: es clave para el comercio mundial

La clave está en su ubicación. El puerto de Djibouti se asienta junto al estrecho de Bab el-Mandeb, el paso que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el océano Índico. Por esa franja angosta circula una parte vital del comercio mundial, petróleo, gas y mercancías que unen Asia con Europa.

Estados Unidos llegó primero. En Djibouti instaló Camp Lemonnier, su base militar más importante en África. Desde allí coordina operaciones antiterroristas, vigilancia marítima y misiones de seguridad regional que abarcan desde Somalia hasta Yemen. Es una pieza clave del engranaje militar estadounidense fuera de Medio Oriente. China apareció después, pero con una señal contundente, en 2017 inauguró en Djibouti su primera base militar en el extranjero. No fue un gesto aislado. Llegó acompañada de inversiones en puertos, ferrocarriles y carreteras, integrando al país en la Nueva Ruta de la Seda

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La presencia militar de China y Estados Unidos en este puerto

La base garantiza protección a sus rutas comerciales, pero también marca un cambio histórico. China dejó de limitarse a lo económico y comenzó a proyectar poder militar más allá de sus fronteras. Controlar ese punto no significa dominar el mundo, pero sí tener un ojo permanente sobre una de sus arterias más sensibles.

Lo singular es que ambas bases están separadas por apenas unos kilómetros. Dos potencias globales compartiendo un mismo territorio, observándose con cautela, midiendo cada movimiento. Djibouti, además, aloja fuerzas de Francia, Japón e Italia, convirtiéndose en un espacio donde la diplomacia, la defensa y la competencia conviven de forma permanente.

Este pequeño país africano pasó de ser un punto olvidado a un nudo estratégico del sistema internacional. El puerto de Djibouti no decide el conflicto entre Estados Unidos y China, pero lo refleja. Y en esa quietud aparente, demuestra que hoy la disputa global no siempre se libra con armas.

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