Osvaldo es un mendocino de 56 años, que vivió en Guaymallén en el seno de una familia maravillosa, y de su padre heredó el espíritu inquieto y despierto de los nacidos con el gen de emprendedores. Estudió en la escuela técnica, egresó como técnico electricista en una ENET, pero pronto supo que lo suyo no era eso, y se lanzó a intentar y luchar por sus sueños con emprendimientos, que por lo avatares de nuestra economía no prosperaron. Tuvo que tomar el camino de muchos, emigrar, y nunca bajó los brazos.

Hace unos días, presentó un libro de autoayuda donde volcó sus experiencias y esos consejos que dio a manos llenas, y su hogar alemán, vio que su obra alcanzó el éxito; su mensaje de aliento fue aceptado.

Osvaldo representa a muchos mendocinos y argentinos, que heredaron el sino de aquellos abuelos que cruzaron el Atlántico buscando mejores condiciones de vida, para ellos y sus familias. Pero pasada la mitad del siglo pasado, la corriente se invirtió, y el "Granero del Mundo" comenzó a ser cada vez más impredecible, y los hijos o nietos de aquellos europeos que vinieron a "hacer la América", retornaron al Viejo Continente, como en el caso de Osvaldo, hijo de in conocido -y querido- empresario del turismo de nuestra provincia.

Las idas y vueltas de nuestra economía castigaron todos y cada uno de los emprendimientos de Romano, quien no quiso seguir siendo un técnico más trabajando por un salario, y comenzó a aventurarse en sus propios emprendimientos.

Primero en Mendoza, luego en San Luis, pero no se salvó ni de las quiebras de los bancos estatales mendocinos ni el corrralito financiero de Cavallo. Armó sus valijas, y con su familia a cuestas se fue a España, y finalmente en Alemania encontró sosiego y prosperidad. Tantos cachetazos de la vida dejan enseñanzas, y Osvaldo un buen días decidió compartirlos, poniendo en negro sobre blanco aquellos consejos que dio siempre a los muchos amigos que suele tener un alma noble como la suya.

Osvaldo presentó el libro titulado Activa la magia de tu éxito, de ediciones Kindle, el 3 de mayo, y de inmediato so posicionó como primero en ventas de Amazon en Alemana e Italia. "El libro en sí es una herramienta para que vos entrenés el método sobre cómo encontrar claridad en tu vida, y después, te va a enseñar cómo desarrollar los planes para que logres lo que vos querés en tu vida. El libro es un manual de entrenamiento; con ejercicios concretos, y hay que dedicarle tiempo si lo leés de rabo a cabo. Te va a gustar, te va a motivar. La obra es un fitness de la cabeza, del espíritu", explicó Romano sobre su libro, en una entrevista vía web, desde su residencia en la bella ciudad teutona de Koblenz.

El bagaje de experiencias de Osvaldo, que logró acumular a lo largo de muchos kilómetros de viajes, ciudades donde sentó sus reales y trabajos donde se ganó el sustento para los suyos, no fue en vano. Los sabios señalan que los problemas de la vida son enseñanzas que debemos superar para crecer espiritualmente.

Una historia de vida apasionante

Luego de salir de su querida ENET de San José, donde terminó la secundaria en 1983, Romano comenzó a trabajar en la empresa Pescarmona. Pero pronto quiso elegir sus propios destinos, y decidió llevar adelante negocio de artículos del hogar, Next Hogar (calle Salta) donde desde cero logró el crecimiento del negocio y su posicionamiento. Pero como en nuestro país, lo único seguro es la inestabilidad, en el año 1998 la quiebra de los privatizados bancos Previsión Social y de Mendoza, unidos bajo la tutela del "mago de la finanzas" Raúl Moneta, frustró todo el trabajo. "Con la quiebra se llevaron los cheques y quedé en la calle. A todo esto se sumó en 1994 el desengaño y la separación -divorcio- (tuvo dos hijas: Ianina Soledad y Florencia Maillén), y quedé en blanco", recordó el mendocino.

"Una amiga, Maria Inés Martín, –que es la mujer que hoy me acompaña- me dijo: “vos no sos un tipo que se deja vencer entonces vamos. Era un desafío encarar una relación luego de un divorcio por desengaño. Estaba jodido anímica y mentalmente", contó Romano, que agregó: "Nos fuimos a vivir a una casa en San Luis, y ahí montamos una granja de pollos, que durante cinco años nos dio de comer, ahí llegó nuestra primera hija, y cuando estaba embarazada de la segunda, aparecieron nuevos problemas económicos y tuve que cerrar y volver a Mendoza. Ahí puse una sandwichería en un predio con cancha de padel y fútbol 5 y no “entraba ni Cristo”", recuerda Osvaldo con su acento español adquirido. "Cuando la vendí entraban como 200. Nos fuimos en octubre, y en diciembre llegó el tema del Corralito (impuesto por el ministro de economía Domingo Cavallo). Todo esto nos empujó a buscar nuevos caminos lejos de Argentina", detalló sobre las vicisitudes que comenzaron a marcar su vida y la decisión de armar sus valijas", agregó, anticipando la idea que iba a cambiar su vida: emigrar a Europa.

Pero cambiar de continente no iba a ser la solución definitiva, y Romano y familia comenzaron a experiementar lo que otros muchos argentinos sufren como inmigrantes. "Un amigo me recomendó a una señora que vivía en Granada, maravillosa, “La Abuela María” para mis hijas (Aldana Lihué y Renata Zoe). Una mujer de 74 años y con más pilas que Duracell… Ella nos acogió y me hizo encontrar mi primer trabajo (ilegal, sin papeles) y me llevó a un bar de tapas. Había nueve camareros, y se metían de 3.000 a 3.600 tapas diarias “imagínate lo que se trabajaba ahí”. Al tiempo salí de ahí y me fui a una marisquería, con un loco con el que nos hicimos amigos, y al día de hoy nos hablamos. Hasta me ofreció ser socios. Trabajé unos tres años ahí y me salió la oportunidad de irme a Barcelona, donde me iba a comprar un supermercado que estaba en venta. Estuvimos esperando el préstamo durante casi un año, y cuando lo adjudicaron, fuimos a ver al dueño de supermercado, y este nos dijo que el día anterior lo había vendido", recordó Osvaldo esa vieja e insólita frustración en su vida en Europa.

Del sol de las Canarias al frío de Alemania

"A los dos meses salió propuesta de trabajo en las Islas Canarias, en Lanzarote. Puse todas las cosas en un contenedor y nos fuimos. Allí fue en verdad donde pasé una de las etapas más bonitas de mi vida, donde vi crecer a mis hijas en la orilla del mar. Llegaba todos los días de trabajar, me cambiaba en la playa y ahí disfrutaba del mar y de mis hijas y mi mujer", detalló con nostalgia el criado en Villanueva, Guaymallén.

Nuevamente los nubarrones de las crisis se presentaron el horizonte de la familia Romano. "Esto fue hasta la crisis del 2008, donde tuvimos que empezar a ver cómo salíamos adelante. Un amigo que hicimos en la isla, un cordobés, casado con una marplatense a la que mi esposa le cuidaba la hija, se fue a vivir a Alemania, y mi esposa los fue a visitar. Cuando llegó de vuelta, me dijo “Osvaldo, no sabés que lugar tan bonito es allá…”. Y yo como conozco esa mirada, me dije, sonamos, esa expresión ya la conozco. Sabía que terminábamos en mudanza en breve", dijo con una risa cómplice, sabedor del modo de pensar de su pareja.

"Así fue que un año y medio después ya estábamos en Koblenz, que es una ciudad alemana donde se junta el río Mosela con el Rin, y el nombre significa precisamente “confluencia”. Justamente vivo frente al lugar donde confluyen ambos ríos, y me gusta mucho, porque para nosotros también confluyeron un montón de cosas para hacer", dijo Osvaldo sobre la ciudad que hoy es su hogar en Alemania.

Llegar a tierras teutonas no fue -ni lo es- fácil. Muchas barreras, como la idiomática y la cultural, complicaron la aventura. "Mi amigo cordobés me había conseguido un trabajo en un recién abierto restaurante español, y no conseguían a nadie que hablara este idioma. Me vine si saber ni una letra en alemán. Gracias a que tenía una amiga viviendo en Alemania, y antes de salir de Lanzarote aprendí los números y un par de oraciones. Y gracias a dios, al menú me lo enviaron por fax, y era con números, así que me lo aprendí de memoria. A los 15 días de llegar a Koblenz, me dieron una billetera, me asignaron cuatro mesas, y comencé a trabajar. Tres años después ya encargaba solo del restaurante", dijo orgullos sobre su reinicio.

Fiel a su impronta de técnico argentino, Osvaldo no dejó pasar una gran oportunidad laboral, que lo alejó de la gastronomía, lo que fue su "salvavida" para hacer pie en Europa. "Hace cuatro años atrás me hicieron una oferta para hacerle mantenimiento a un castillo (Castillo San Martin Lahnstein), así que me hice autónomo, comencé a trabajar para el dueño. Comencé haciendo limpieza, y luego, cada vez que había algo para arreglar, me decían que llamara al especialista, y como yo lo podía hacer, me ponía a arreglarlo. Terminé restaurando pisos de 700 años, pintando paredes de 600, y arreglando construcciones de 400 años en ese castillo. El dueño es arquitecto y habla perfecto español, y nos hicimos muy amigos, así que todo lo que me consulta siempre sobre materiales y esas cosas. Así que me quedó en bandeja la posibilidad de salir de una vez adelante", expuso el ahora autor de un libro de autoayuda.

Un libro, mil vivencias

La vida y caminos que desandó este mendocino inquieto lo fueron acercando a la sintonía con las vibraciones de su mente y alma. "Después de haber leído mil libros de autoayuda, y de crecimiento personal, eso se fue convirtiendo en mí en un estilo de vida, a lo que yo le fui agregando mis cosas, mis detalles", dijo Romano sobre las instancias previas a sentarse a volvar sus reflexiones y método de afrontar la realidad.

"Había estado hablando con mucha gente, amigos, y siempre he estado aconsejando y motivándolos porque es duro vivir en Alemania. Es un lugar que tiene nueve meses al año prácticamente nublado, es muy poco el sol que ves. ¡Imaginate nosotros, que veníamos de Canarias, donde no ves ni una nube!", explicó.

"Precisamente fueron mis amigos los que me decían que tenía que escribir, que era lindo lo que decía, y que también era motivador. Una tarde me llama una amiga desde Argentina y me dice: “Osval, quiero concretar un deseo de mi vida, y es escribir un libro, sobre las experiencias de vida de distintas personas, y vos que sos pisciano como yo tendrás tus historias”. La cuestión es que le mandé como tres o cuatro horas de trabajo que escribí sobre mis historias vividas. Ahí se me vino a la mente la pregunta: ¿cómo se hará para escribir un libro?", recordó Osvaldo.

"Fiel a mi método, comencé a buscar información, miré cómo se podía hacer, y terminé dando con un hombre que me enseñó. Me explicó cómo enfocar al libro, como se estructura, qué se necesita, el sistema de marketing para poder comercializarlo, y algo fundamental: encontrar mentores, ya que es una inversión", reflexionó,

"Hay que saber invertir en uno, para poder hacer lo que ya sabés hacer. Da igual el talento; el talento sin entrenamiento no sirve para nada, y eso se puede ver fácilmente en los deportistas de elite. No hace lo que hacen sólo porque son buenos, sino porque se pegan una pila de horas entrenando, y eso fue lo que hice con el libro" "Hay que saber invertir en uno, para poder hacer lo que ya sabés hacer. Da igual el talento; el talento sin entrenamiento no sirve para nada, y eso se puede ver fácilmente en los deportistas de elite. No hace lo que hacen sólo porque son buenos, sino porque se pegan una pila de horas entrenando, y eso fue lo que hice con el libro"

"Empecé a entrenar, a leer, y cuando tuve reunida toda la información, y llegó un día que las chicas (esposa e hijas) se fueron un fin de semana y yo me senté y me puse a escribir, y estuve como seis u ocho horas escribiendo e hice los tres primeros capítulos del libro así. El siguiente fin de semana estaba todo tranquilo en casa, así que me volví a sentar a escribir, e hice un par de capítulos más. Al otro fin de semana, prácticamente lo terminé, y luego vino el trabajo de edición, de pasarlo a digital, y a empezar con los detalles, a ponerlo “bonito” al trabajo", señaló sobre la coclusión de su ya exito obra literaria.

"Una vez que vos sabés qué es lo que querés poner en el libro, lo demás sale solo y es todo realizable. Lo importantes es tener claridad sobre lo que buscás, eso facilita el camino", expresó Osvaldo Romano a modo de conclusión final de la entrevista.

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