Arte urbano

El gesto de Luciano Castro que disparó el boom de los pasacalles en Mendoza

Claudia Páez diseña pasacalles artesanales que celebran, conmueven y a veces sacuden la vía pública. Confirma que gracias a Luciano Castro creció la demanda

Los pasacalles obligan a levantar la vista en cualquier esquina o cuadra por donde circulemos. Y cuando la frase es directa, emotiva o inesperada, también obliga a leer. Eso pasó hace unas semanas cuando una declaración de amor firmada por Luciano Castro para Griselda Siciliani se volvió viral y despertó un arte urbano algo dormido en el último tiempo.

Ese pasacalle que mandó a colocar el actor a su exnovia, tras los escándalos de audios filtrados que lo involucraban con otra mujer, reavivó el deseo de decir en grande lo que muchos sienten en silencio.

El gesto del actor no quedó en la anécdota romántica. En redes sociales, el pasacalle se multiplicó en capturas, memes y comentarios, y con él regresó una práctica que parecía de otra época: colgar palabras en la vía pública para que no solo las lea el destinatario sino cualquiera que pase por ahí.

luciano castro pasacalles

"Guapo": Luciano Castro buscó reconquistar a Griselda Siciliani con un pasacalle que mandó a colocar en el frente del edificio de la actriz.

En Mendoza, ese “contagio” también se sintió. No como una moda pasajera sino como una confirmación de algo que venía latiendo. Para Claudia Páez, creadora de pasacalles artesanales desde hace más de una década, el fenómeno no fue una sorpresa sino una chispa en un oficio atravesado por historias, emociones y trabajo manual.

Desde sus talleres en Godoy Cruz y Las Heras, Claudia diseña, pinta y asesora a quienes buscan decir algo importante en una tela colgada al viento. Su emprendimiento, Colores Pasacalles, funciona como un puente entre la idea y la vía pública, entre lo íntimo y lo colectivo.

Pasacalles: un oficio artesanal en tiempos digitales

Claudia se dedica a los pasacalles desde 2015. Empezó cuando la mayoría apostaba a la impresión rápida y los formatos estandarizados. Ella eligió otro camino: tela, pincel y tiempo. Todo lo que es texto, lo pinta a mano. Las imágenes, cuando las hay, se subliman a partir de fotos que envían los clientes, siempre en buena calidad.

No trabaja sobre lona sino sobre tela liviana, fácil de colgar y de conservar. Esa elección no es casual. “Siempre me pareció aburrido el fondo blanco de los pasacalles de antes”, explica en diálogo con Diario UNO. Por eso en su taller ofrece una paleta amplia de colores y la posibilidad de personalizar cada trabajo desde cero.

Pasacalle egreso escuela primaria
Los pasacalles o banderas de egresados son clásicos que no pasan de moda.

Los pasacalles o banderas de egresados son clásicos que no pasan de moda.

No hay un catálogo rígido. Muchas personas llegan con una idea clara para su pasacalle; otras solo con una intención. Claudia escucha, propone, aconseja. A veces diseña el cartel; otras, incluso ayuda a encontrar la frase justa. “Muchos clientes nos dejan crear”, destaca como quien entiende que no todo se puede decir solo.

El resultado es un producto artesanal y emocional a la vez, que encuentra la empatía a la hora de confesar aquello que se quiere comunicar. Cada pasacalle tiene un motivo, un contexto y una historia. Y Claudia Páez sabe guardar secretos, así que si su cliente lo pide, no se descubrirá jamás quién mandó a colgar el mensaje.

Antes y después del pasacalle de Luciano Castro

Contra lo que podría pensarse, no hay una fecha única que concentre los pedidos. Si bien después del gesto de amor de Luciano Castro creció el interés por pasacalles para el Día de los Enamorados, el trabajo en los talleres de Claudia Páez es bastante parejo durante todo el año. Las tiradas de 15 y 18 años, las graduaciones y los egresos escolares son clásicos infalibles.

También abundan los pedidos de banderas para colegios, presentaciones de buzos, viajes de egresados, recitales o equipos deportivos. Hay quienes van a ver a su banda favorita y quieren llevar algo hecho a medida. Otros buscan un cartel que luego quede como recuerdo, colgado en una habitación o guardado para siempre.

Ni siquiera la Vendimia escapa a la movida de los pasacalles. Tanto en las fiestas departamentales como en el Frank Romero Day abundan carteles de aliento a las reinas.

Pasacalle reina vendimia
Los pasacalles también toman forma vendimial. La virreina de la Ciudad de Mendoza, Agustina Capó, tuvo el año pasado hincha con banderas a su honor.

Los pasacalles también toman forma vendimial. La virreina de la Ciudad de Mendoza, Agustina Capó, tuvo el año pasado hincha con banderas a su honor.

Los tamaños de los pasacalles varían según la necesidad. Hay carteles de dos metros por uno, ideales para entradas de casas o celebraciones íntimas, y pasacalles más grandes, de tres o cinco metros por un metro, pensados para cruzar la calle de vereda a vereda. Los precios dependen del tamaño y del trabajo: si lleva solo texto, si incluye imágenes o fotos, y del tiempo que demande el proceso artesanal.

Un pasacalle como el que se viralizó de Luciano Castro ronda hoy los $80.000, aunque hay opciones más económicas y otras más complejas. Todo se entrega listo para colgar, con ojalillos en los extremos. La colocación corre por cuenta del cliente, algo que no suele traer problemas: la tela es liviana y fácil de manejar.

Pasacalles para todos los gustos

No todos los pedidos que recibe la artesana de los pasacalles mendocinos son festivos. Algunos son intensos, delicados o directamente incómodos.

Claudia Páez lo dice sin vueltas: no todo lo que se puede escribir conviene colgarlo.

Una de las experiencias más difíciles fue un encargo para escrachar a una persona, con foto incluida, por una infidelidad dentro de la familia. “Era una chica que escrachó a su propia hermana porque era la amante de su marido. Lo hizo con foto y todo. Después de eso decidimos no volver a hacerlo”, recuerda. Nadie sabe quién manda a hacer un pasacalle, pero el impacto público existe y pesa.

Claudia Paez hace pasacalles
Claudia Páez, la mendocina que hace 10 años diseña pasacalles artesanales.

Claudia Páez, la mendocina que hace 10 años diseña pasacalles artesanales.

También recibe muchos pedidos de cartelería política, un rubro que prefieren evitar. “Nos gusta divertirnos con lo que hacemos”, se excusa Claudia. No trabajan de manera mecánica: se involucran con cada historia y eso, inevitablemente, marca un límite.

Pasacalle bandera deporte la lepra futbol femenino
Muchas veces los pasacalles expresan pasiones futbolísticas, como en este caso del equipo de fútbol femenino de La Lepra.

Muchas veces los pasacalles expresan pasiones futbolísticas, como en este caso del equipo de fútbol femenino de La Lepra.

Pero así como hay encargos ingratos, también hay otros profundamente conmovedores. Historias que justifican todo el esfuerzo. Como la de una adolescente que festejaba sus 15 años apenas una semana después de la muerte de su padre. El pasacalle debía ser especial, delicado, casi como un abrazo colgado en la vía pública.

“Detrás de los pasacalles hay historias hermosas”, asegura Claudia. Y se nota que en ella no es una frase hecha.

Gracias a Luciano Castro, el pasacalle recobró vida

Lo que pasó con el pasacalle de Luciano Castro funcionó como disparador. A partir de la viralización de esas frases, mucha gente empezó a sacar ideas, a animarse, a pensar en el pasacalle como algo actual y no como una reliquia del pasado.

San Valentín, el próximo 14 de febrero, es una fecha fuerte para declaraciones de amor, pedidos de noviazgo, propuestas de matrimonio o incluso pedidos de perdón. Durante el resto del año, esos encargos bajan, aunque no desaparecen. Siempre hay alguien que quiere decir algo importante de manera distinta.

La demanda mensual de pasacalles varía según la época. En meses tranquilos pueden hacer varios trabajos; en temporada alta, hasta 20 por mes. El principal problema no suele ser la falta de pedidos sino el tiempo. Hay encargos de último momento que no se pueden aceptar porque el proceso lleva su ritmo: base, secado, segunda capa de pintura y color final.

“No imprimimos, todo tiene su proceso”, aclara Claudia Páez. Y en ese detalle está la diferencia.

Los pasacalles guardan mensajes por siempre

Con el tiempo, Colores Pasacalles fue sumando nuevos productos. Hoy también hacen remeras personalizadas que acompañan el cartel: “Mis 15 años”, nombres, frases, fechas. Se combinan con cuadros selfie, carteles de egreso y banderas, armando un conjunto que luego queda como recuerdo.

El pasacalle, en muchos casos, deja de ser algo efímero. Se transforma en objeto, en memoria. Se descuelga de la calle y se guarda, se cuelga en una pared o se dobla con cuidado para volver a mirarlo años después.

Pasacalle comercial

Desde sus talleres en el barrio Espejo de Las Heras, cerca del Campo Histórico El Plumerillo, y en el barrio Trapiche de Godoy Cruz, Claudia Páez sigue pintando frases que se leen rápido pero son de largo aliento.

En tiempos de mensajes fugaces y pantallas en scroll, sus pasacalles recuerdan algo simple y poderoso: que todavía hay palabras que merecen ser escritas a mano y colgadas bien alto para que las vea todo el mundo.