El se llama Gabriel y tiene 41 años. Pese a mil dificultades sale cada día a ganarse la vida y a sostener honestamente a su familia. Un día perdió su principal herramienta de trabajo, y en ese desesperado momento de su vida, brotó la flor de la semilla que había sembrado por años, y el cariño de esa gente que lo conoció, formó una corriente de energía positiva que sacó adelante el cartonero de Las Heras.

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Quien tomó la posta de ayudar al muchacho fue un conocido periodista y biógrafo del rock mendocino, Roly Giménez, quien tuvo la iniciativa, junto a su vecinos, de ayudar en su peor momento a Gabriel y su familia. Roly además reveló detalles insospechados de la vida diaria de un cartonero, que debe sortear mil obstáculos para poner el plato de comida a cada uno de su familia en la mesa.

Roly es un conocido periodista y rockero, de esos que aprendieron que en las calles hay "otra verdad", distinta a la que ve el común de la gente a la luz del día. De noche salen personas invisibles en otras horas, van a buscar las miguitas que deja un sistema a veces cruel, y que a muchos relegados les significa su único recurso: viejos sin pensiones, niños abandonados o explotados, o trabajadores sin suerte o sin "currículum". De este conocimiento y la empatía, surge la solidaridad.

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"Nosotros conocemos a Gabriel desde hace muchos años, nada menos que 20. Él es del barrio Santa Teresita, un lugar muy estigmatizado, pero demuestra en cada acción que es un "distinto". Siempre pasó por mi barrio, el Santa Clara, cerquita de Canal Siete y el (hospital) Carrillo, con un carrito cartoneando. Es un caso raro; siempre pensé que era mucho más joven, por su aspecto físico, y es una persona muy educada, y sobre todo buena persona, de los que se hace querer, incapaz de decir una mala palabra; es un amor el tipo. Por eso siempre hubo gente que lo ayudó y apoyó siempre", contó Roly sobre este personaje.

Le cortaron las alas a un gorrión

Como en toda historia que merezca relato, siempre hay un "había una vez", y este fue a mediados de septiembre, cuando dejaron de ver al cartonero. "En una época soló pasar con su esposa, que lo ayudaba. Tienen cinco hijos, y también venían cuando era chiquitos. Pasa temprano en la mañana, y los vez de vuelta a la noche. Anda más de 12 horas rebuscándoselas. Siempre tuvo el mismo carrito, el que a veces arrastraba con una bicicleta, pero de tan vieja, siempre tenía problemas mecánicos o pinchaduras", recordó el autor del libro Aún sigue cantando, biografía del rock vernáculo.

"Pasó mucho tiempo sin que lo viéramos, y una noche, Paula, mi esposa, me comenta que había hablado con el él, y que no había podido trabajar -así se refiere Gabriel a su actividad- porque buscando cartones y otras cosas para reciclar, había tenido problemas en la Cuarta Sección (Capital) con los preventores y estos le quitaron el carrito", contó Giménez, que agregó: "Jamás tuvo problemas con la policía, al contrario, lo conocen y quieren mucho".

"Fue muy triste lo que vivió Gabriel. El año pasado también había tenido un episodio con los preventores, que le fueron a pedir documentos y tratar de llevárselo "en averiguación de antecedentes" cuando le estaba barriendo la vereda a una señora de la Cuarta para ganarse unos pesos, en plena pandemia. Menos mal que, tanto la señora que le dio la changa, como otros vecinos, salieron a pelearse y a increpar a los municipales por maltratar al laburante", relató en forma magnífica y clara el escritor.

La unión de "las manos que lavan la otra"

Las peripecias del cartonero tuvieron un punto álgido y que desató la historia. "El asunto fue que le secuestraron el carrito, su herramienta de trabajo, y se quedó sin poder trabajar. Ni le dijeron donde se llevaron sus elementos. Cuando me entero de todo esto, se me ocurrió postearlo en mi Facebook. Lo hice más que nada para descargar mi bronca por la injusticia. Pero mis contactos tuvieron la idea de hacer un acto solidario. Así que abrimos una cuenta, compartimos el CBU, y todos empezaron a aportar, fueron como 30 personas", explicó el lasherino.

"Se armó una linda cadena. Juntamos en total unos $24.000, que pueden parecer poco, pero salimos a buscar carritos, y le compramos uno, y hasta una bicicleta, y quedaron unos $8.000 que sirvieron para mercadería", agregó Giménez.

La obra solidaria estaba hecha, sólo faltaba un detalle, entregar lo recaudado, pero ¡nadie sabía cómo ubicar al desventurado changarín! "El tema es que él se había desaparecido, no lo vimos como por tres semanas, y lo buscamos por su barrio sin suerte. El domingo pasado apareció cerca de casa, cartoneando con una bici prestada. Nos contó que hasta había tenido que alquilar uno. Me sorprendió mucho saber que había personas que alquilaban en su barrio estos carritos, a $200 por día, y el pobre Gabriel, a veces tenía que esperar que el que alquilaba se levantara, como a las 12...." contó Roly mezclando la sorpresa con una sonrisa, por la tragicómica situación.

Para finalizar, el rockero solidario contó: "Cuando le dimos el carro y la bicicleta, casi se puso a llorar de la emoción. La verdad que me gustó ver como las redes sociales habían servido para ayudar, los posteos se hicieron casi virales, y hubo muchas personas que contaron casos parecidos y quieren ayudar", concluyó emocionado Giménez.

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