Historias

El dolor de una religiosa mendocina desde Mongolia por la muerte del Papa Francisco

Sandra Garay vive en Ulan Bator, donde dirige Cáritas y acompaña a comunidades vulnerables. Expresó su tristeza: "El Papa de la humildad"

Sandra Garay habla con serenidad, pero en sus palabras se asoma una emoción profunda por la muerte del Papa Francisco. Vive en Mongolia desde hace más de dos décadas, pero conserva intacta la tonada mendocina y la sensibilidad de quien ha entregado su vida al servicio. “Me duele profundamente la partida del Papa Francisco. Fue un pastor cercano, una guía para quienes trabajamos en los márgenes del mundo”, confiesa, en diálogo con Diario UNO, desde la capital del país asiático, Ulan Bator.

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Sandra Garay, segunda desde la izquierda, en Mongolia junto a su comunidad. Desde lejos recordó al Sumo Pontífice.

Sandra Garay, segunda desde la izquierda, en Mongolia junto a su comunidad. Desde lejos recordó al Sumo Pontífice. "El Papa de la cercanía, la humildad y la autenticidad", dijo.

Al evocarlo, Sandra no duda: “Fue el Papa de la misericordia, del perdón, de la ternura. El Papa de la cercanía, de la humildad, de la autenticidad… un hombre de una enorme humanidad. Lo vamos a extrañar muchísimo, pero estoy convencida de que seguirá intercediendo por nosotros. Tal vez ahora, incluso más que antes, porque en el cielo se puede hacer mucho más”.

Y agrega: “Lo que nos dejó no puede quedar en el olvido. Estoy segura de que su deseo era que la Iglesia siga siendo ese lugar en el que todos se sientan bienvenidos. Donde quienes buscan a Dios puedan encontrarlo… a través de nosotros”.

Una religiosa de la Hermanas de la Consolata y con raíces mendocinas

Nacida en Guaymallén, Mendoza, Sandra pertenece a la congregación de las Hermanas Misioneras de la Consolata, que desde hace más de un siglo lleva el Evangelio a zonas poco evangelizadas. Su destino fue Mongolia, una tierra marcada por el budismo, el chamanismo y el nomadismo ancestral, donde apenas unos pocos miles de personas profesan la fe católica.

Cuando llegó, a comienzos de los 2000, no había infraestructura ni comunidad consolidada. “Fue como empezar desde cero. Hoy somos alrededor de 1.500 católicos en todo el país, y seguimos sembrando en tierra árida pero fértil en el corazón”, explica. En estos años, trabajó especialmente con mujeres y niños, promoviendo la educación, la alimentación saludable y la promoción humana.

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Sandra Garay partió en el año 2000 y solo regresa a Mendoza de visita. Trabaja en Cáritas junto a los pobres.

Sandra Garay partió en el año 2000 y solo regresa a Mendoza de visita. Trabaja en Cáritas junto a los pobres.

Actualmente, Sandra coordina el área de Cáritas en Mongolia, una tarea que le permite estar en contacto directo con las necesidades más urgentes. “No se trata solo de evangelizar con palabras, sino de acompañar con hechos. Aquí, cada gesto cuenta”, dice.

El legado del Papa Francisco

La noticia del fallecimiento del Papa Francisco la encontró trabajando, como cada día. “Aunque su salud era delicada, uno siempre guarda la esperanza. Su muerte me deja un profundo dolor, pero también una certeza: su mensaje no muere con él. Su ejemplo, su forma de mirar al otro, de hablar con ternura, de pedir perdón, de poner en el centro a los pobres, nos seguirá marcando”, expresa.

“Creo que ahora nos toca a nosotros continuar lo que él sembró. Seguir construyendo una Iglesia abierta, sencilla, hospitalaria. Francisco fue un Papa del sur, un Papa del pueblo. Su huella es imborrable”, asegura.

Vocación entre montañas y el recuerdo del Papa "de la autenticidad"

Antes de cruzar el mundo, Sandra fue una joven inquieta que creció entre capillas y montañas. “De chica jugaba en Uspallata, donde mi familia tenía vínculos con la parroquia. Después, en Unimev, participé en grupos de catequesis y misiones en Potrerillos. Ahí nació mi vocación”, rememora.

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La vida religiosa la llevó primero por otras provincias y países, hasta que el llamado misionero la condujo a Asia. Y aunque a veces la distancia pesa, especialmente cuando ocurren hechos como la muerte de un Papa argentino, su respuesta es siempre la misma: “La misión es mi casa. Aquí encontré mi lugar, y desde aquí también despido a Francisco con el corazón en alto”.

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