El motivo por el que debemos apostar a plantar frutales en esta época del año es sencillo. Durante los meses de frío, estos árboles están en reposo vegetativo. O realizando una especie de hibernación vegetal que los mantiene a la espera de la llegada del sol y la subida de las temperaturas.
Como se encuentran en etapa de descanso, el trasplante genera menos estrés para la planta y favorece un mejor desarrollo de las raíces. Esto permite que el árbol se adapte al suelo antes de comenzar su período de crecimiento, por lo que aumentan las posibilidades de que crezca fuerte y saludable.
El árbol que se puede cultivar en invierno
Uno de los árboles frutales que se puede plantar en el jardín en invierno es el granado (Punica granatum). Más allá de que produce un fruto dulce y que se puede consumir en casa, es sumamente decorativo, ya que durante la primavera desarrolla unas hermosas flores con pétalos arrugados de un intenso color rojo anaranjado.
El frutal es sumamente resistente y perfecto para plantar desde el otoño hasta el invierno. Esta época del año ofrece temperaturas frescas, justo lo que el granado necesita para establecerse antes de la llegada de la primavera.
Uno de los cuidados esenciales para este árbol es cultivarlo en una ubicación donde reciba pleno sol, al menos durante unas seis horas diarias. La exposición solar es clave para el crecimiento y la floración, además para que tenga una fructificación generosa. En sitios de sombra parcial, su producción de frutos puede verse comprometida.
Como el granado es nativo de regiones con climas estacionales, se adapta a períodos tanto húmedos como secos, lo que lo hace moderadamente tolerante a la sequía. Durante su primer año, el árbol requiere riegos espaciados y profundos, cada 7 a 10 días.





