En medio del desierto existe una de las ideas de ingeniería más ambiciosas y polémicas del último siglo. Durante décadas, científicos y gobiernos imaginaron la posibilidad de transformar una enorme región árida en una fuente constante de energía y agua, modificando para siempre el paisaje del Egipto.
La propuesta despertó tanto entusiasmo como preocupación. Mientras algunos especialistas la consideran una solución capaz de generar electricidad a gran escala, otros advierten sobre el fuerte impacto ambiental que podría provocar en el ecosistema del desierto del Sahara.
El ambicioso proyecto para convertir parte del desierto del Sahara en un mar interior fue cancelado este año
Se trata del proyecto de la depresión de Qattara, un plan que busca conectar el mar Mediterráneo con una enorme cuenca ubicada por debajo del nivel del mar mediante un canal o túnel de entre 55 y 80 kilómetros. La depresión de Qattara es una enorme cuenca ubicada en el noroeste de Egipto, en pleno desierto occidental.
El proyecto propone construir un canal desde el mar Mediterráneo hasta esta depresión para generar energía hidroeléctrica, desalinizar agua y desarrollar zonas agrícolas, industriales y turísticas en medio del desierto. La iniciativa incluso apunta a crear nuevas ciudades y albergar millones de personas en las próximas décadas.
La historia de este proyecto
El proyecto de la depresión de Qattara comenzó a estudiarse en 1912, cuando científicos descubrieron el potencial de esta cuenca ubicada 133 metros bajo el nivel del mar. La propuesta tomó fuerza en las décadas de 1950 y 1960, al plantear la construcción de un canal de hasta 80 kilómetros desde el Mediterráneo para generar energía hidroeléctrica. En plena Guerra Fría, incluso se analizó utilizar más de 200 explosiones nucleares para acelerar la excavación, aunque la idea fue descartada por sus riesgos ambientales y políticos.
Recientemente, el gobierno de Egipto ha descartado formalmente el proyecto de inundación para generación de energía tras una revisión de viabilidad exhaustiva. Las razones principales fueron los riesgos de salinización de acuíferos de agua dulce, el impacto ambiental en el Oasis de Siwa y la interferencia con operaciones de petróleo y gas en la región.






