Una simple bacteria no tratada en animales domésticos puede transformarse rápidamente en una emergencia sanitaria global. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas conocidas y el 75% de las emergentes son de origen zoonótico. Ante esta realidad, la sanidad animal se posiciona como la primera línea de defensa para la salud pública.
Diversos organismos internacionales como la OMS, la FAO, el PNUMA y la OMSA renovaron su plan conjunto hasta 2029. La iniciativa promueve la integración entre médicos, veterinarios y especialistas ambientales para abordar problemáticas críticas a través de la prevención.
Brucelosis
Esta infección bacteriana puede transmitirse a las personas por contacto directo o lácteos no pasteurizados. La vacunación reglamentaria de terneras y el control de rodeos protegen tanto la producción como la salud de los trabajadores rurales.
Rabia
Con una letalidad del 100% una vez iniciados los síntomas clínicos, la presencia del virus en murciélagos exige sostener la vacunación anual obligatoria en perros y gatos hogareños.
Influenza aviar
La rápida notificación ante casos sospechosos en aves de corral o silvestres resulta clave para frenar contagios y neutralizar riesgos de transmisión hacia los seres humanos.
¿Cómo evitar la propagación de las enfermedades infecciosas?
La prevención veterinaria cumple además un rol decisivo para mitigar la resistencia a los antibióticos. Evitar la propagación de agentes infecciosos mediante vacunas reduce la necesidad de administrar fármacos, preservando su eficacia terapéutica a futuro.
Frente a la presión climática y la alteración de los ecosistemas, los expertos coinciden: anticiparse al virus o la bacteria en el reino animal no es un aspecto aislado, sino la estrategia más eficiente y sostenible para resguardar a toda la sociedad.


