Historias

Dormía la siesta y le cayó un meteorito: la historia de la mujer que sobrevivió al espacio

La mujer descansaba en el sillón de su casa cuando una roca espacial atravesó el techo y la golpeó, cambiando su vida para siempre

La probabilidad estadística de que a una persona le caiga un meteorito encima es de una en cientos de millones. Para la ciencia, se trata de un evento prácticamente imposible. Sin embargo, para Ann Hodges, un ama de casa de 31 años, la estadística es una anécdota. Todo ocurrió el 30 de noviembre de 1954.

La mujer se encontraba durmiendo plácidamente la siesta en el sillón de su living, cubierta con una colcha pesada. De pronto, un estruendo ensordecedor sacudió toda la vivienda y levantó una densa nube de polvo.

Luego del hecho, empezó una disputa legal por el meteorito. 

Luego del hecho, empezó una disputa legal por el meteorito.

Un golpe inesperado

Un fragmento del meteorito del tamaño de un pomelo (de 3,8 kilogramos de peso) atravesó el techo de madera de la vivienda, impactó contra una voluminosa radio de tubo que estaba en la sala y rebotó directamente contra el costado izquierdo de su cuerpo, golpeándole con violencia el abdomen y la cadera.

Su madre, que estaba en otra habitación, corrió a asistirla entre los escombros. Encontraron a Ann en estado de shock, con un hematoma gigantesco de color violeta. Sorprendentemente, a pesar del tremendo impacto, la mujer pudo ponerse de pie y caminar

La noticia corrió rápidamente y la policía local incautó la roca para entregársela a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que buscaba descartar que se tratara de un artefacto de espionaje en plena Guerra Fría.

Una vez que los científicos confirmaron su origen extraterrestre, comenzó una encarnizada batalla legal por la propiedad del meteorito. Más precisamente, era entre Ann y su esposo contra la dueña de la propiedad.

La noticia tomó fuerza con el correr de las horas, pero no terminó de la mejor manera. 

La noticia tomó fuerza con el correr de las horas, pero no terminó de la mejor manera.

Finalmente, tras más de un año de disputas en los tribunales, el matrimonio Hodges le pagó 500 dólares a la propietaria para quedarse con la roca, con la firme ilusión de venderla por una suma millonaria a algún coleccionista privado o museo.

El trágico costo personal

Lamentablemente para la familia, para cuando la Justicia resolvió el pleito, el furor mediático y el interés del público habían desaparecido por completo.

Agotados por el acoso de los curiosos, la presión de la prensa y la ruina financiera, los Hodges decidieron donar la piedra al Museo de Historia Natural de Alabama, donde permanece expuesta hasta el día de hoy.

La repentina exposición mediática provocó ataques de pánico en la mujer y un desorden de estrés postraumático del que nunca se recuperó. El matrimonio terminó divorciándose diez años después del accidente y Ann falleció de insuficiencia cardíaca en un centro de salud mental en 1972, a los 52 años.

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