Cada 25 de Mayo, las calles de Malargüe se visten de celeste y blanco. Pero entre todas las banderas, escarapelas y alpargatas, hay una figura que se destaca con fuerza: la de la familia Espinoza, sinónimo de orgullo criollo. Y, en especial, don Desiderio.
Desiderio Espinoza, el gaucho sureño que sembró patria a través de generaciones
En Malargüe y no sólo los 25 de mayo, la familia Espinoza mantiene viva la llama de las tradiciones gauchas. Comenzó Desiderio y siguieron cuatro generaciones
Con raíces profundas, los Espinoza son más que una familia: son una verdadera dinastía gaucha. Todo comenzó con don Desiderio Espinoza, hoy con 89 años, un patriota de los de antes. A través de su ejemplo silencioso pero firme, sembró en su descendencia el amor por la tradición, el respeto por los símbolos y la pasión por las costumbres argentinas.
Su nieto, Norberto Espinoza, heredó ese legado como una bandera, y hoy lo transmite con fervor a sus hijos: Rodrigo, Yemina e Ignacio. “Mis abuelos, Desiderio y Luisa, nos marcaron el camino. El 25 de Mayo es nuestra Navidad gaucha: se celebra, se honra, se vive”, afirma, en diálogo con Diario UNO.
Norberto tenía apenas siete años cuando desfiló por primera vez. Hoy, a sus 47, vuelve a hacerlo con la misma alegría, acompañado de sus hijos, especialmente de Nacho, el menor, que con sólo ocho años ya es considerado un símbolo de la argentinidad en su escuela y en todo el pueblo.
"Nosotros luchamos por nuestras tradiciones. Tenemos yeguas y caballos. También banderas. A la Patria hay que cuidarla y eso se puede lograr de generación en generación", señala.
Nacho, el gauchito que emociona a todos
Alumno de tercer grado de la Escuela Nº 1-494 “Gendarme Argentino”, Nacho es mucho más que un niño vestido con bombacha y boina. Es un pequeño embajador de la cultura popular. Con sus impecables pasos de malambo y su chacarera lista para cada acto, conmueve, inspira y despierta aplausos dondequiera que se presente.
“Todo el día está vestido de gaucho. Se crió así, viendo a su bisabuelo, a mí y a su hermano. Se la pasa bailando el malambo”, dice Norberto entre risas. Y Rosana, su mamá, lo confirma: “No es sólo por la fecha. Nacho vive con botas y bombacha. Es su forma de ser”.
La familia entera vibra con cada fiesta patria. Conocen como la palma de su mano el predio gaucho de Malargüe, donde se celebran las jineteadas y los festivales del chivo. Son parte del paisaje, parte del alma del pueblo.
Una fiesta que se celebra con el corazón
Norberto asegura que, para los Espinoza, que son multitud, el 25 de Mayo no es una efeméride más sino una oportunidad para reencontrarse con lo nuestro, lo argentino.
“Nos resistimos a que se pierda la tradición. Por eso organizamos actos, juntadas, jineteadas. La emoción del desfile es única. La gente aplaude, el pueblo se une. Y eso no tiene precio”, afirma Norberto.








