La historia de la agricultura en el Mediterráneo atraviesa una transformación profunda tras el reciente descubrimiento de evidencias que sitúan la producción oleícola mucho antes de lo previsto. Investigaciones lideradas por especialistas del Instituto de Estudios Clásicos revelaron que las comunidades de la península itálica ya gestionaban y procesaban el fruto del olivo un milenio antes de que el poderío de Roma se consolidara en la región.
Descubrimiento de la antigüedad real del aceite de oliva deja mudos a los científicos
Recientes descubrimientos arqueológicos confirman que la producción de aceite de oliva en Italia comenzó mil años antes del surgimiento del Imperio romano
Evidencias botánicas bajo el lodo de los lagos
El análisis de sedimentos en el fondo de diversos lagos proporcionó datos fundamentales para entender este proceso. Mediante el estudio de granos de polen fósil, técnica conocida como palinología, los científicos detectaron incrementos masivos de presencia de olivos en épocas muy tempranas. Debido a que el polen de esta especie tiene un alcance de dispersión limitado, su alta concentración en capas geológicas antiguas indica la existencia de árboles cercanos cultivados o gestionados por manos humanas. Estas señales biológicas permitieron identificar la actividad agrícola en zonas de Italia donde las herramientas de madera o los cestos de fibras vegetales no sobrevivieron al paso del tiempo.
Mucho antes de las grandes plantaciones imperiales, los habitantes de Sicilia, Apulia y Calabria ya utilizaban variedades silvestres. Con el paso de los siglos, estas comunidades pasaron de una recolección simple a una protocultivación, donde la poda y el cuidado selectivo de los ejemplares aseguraban cosechas más estables frente a las variaciones del clima. El descubrimiento de restos de carbón y huesos de aceituna en asentamientos de la Edad del Bronce demuestra que el manejo del aceite de oliva formaba parte de una estrategia de supervivencia y organización social avanzada.
Huellas químicas en la cerámica antigua
La detección del producto líquido resultó más compleja que la de los frutos, dado que el aceite no suele dejar rastros sólidos duraderos. Sin embargo, los análisis de residuos orgánicos en vasijas permitieron encontrar lípidos atrapados en los poros de la cerámica. La presencia de grandes jarras de almacenamiento en el sur de Italia sugiere que el prensado se realizaba en pequeños lotes para el consumo de las aldeas. Estas prácticas locales sentaron las bases para que, siglos después, Roma pudiera escalar la producción a niveles industriales aprovechando un conocimiento técnico que ya estaba profundamente arraigado en el territorio.
Al llegar la Edad del Hierro, el cultivo se extendió de manera generalizada y el aceite de oliva se integró en la dieta diaria, la iluminación y los rituales. Los alfareros locales comenzaron a fabricar ánforas inspiradas en modelos extranjeros, lo que indica una intención clara de almacenar y distribuir el recurso de forma autónoma. Comunidades etruscas e itálicas plantaron olivares incluso en terrenos difíciles, seleccionando variedades más resistentes al frío. Cuando el estado de Roma finalmente absorbió estos territorios, el sistema oleícola ya representaba un pilar básico de la economía doméstica y no un lujo importado.
El relato tradicional que sugería un colapso de la industria italiana tras el siglo II d.C. perdió fuerza ante las nuevas excavaciones. Los hallazgos confirman que, a pesar de la llegada de suministros de otras provincias, la producción de aceite de oliva en suelo itálico persistió con adaptaciones locales. En ciudades como Pompeya, el uso de la oruja como combustible demuestra un aprovechamiento integral del recurso. La historia de este producto en Italia se entiende ahora como una evolución constante y duradera que precede por siglos a las estructuras administrativas del imperio.



