Un sorprendente descubrimiento asombra al sector de la arqueología peninsular. Los investigadores encontraron los restos de dos individuos en el Cerro de las Cabezas, situado en Ciudad Real, España. La escena de hace más de 2200 años rompe con todas las tradiciones conocidas para tratar a los fallecidos en aquella lejana época prerromana.
Descubrimiento en España de un macabro entierro: sufrió una "muerte mala"
El reciente descubrimiento altera la arqueología local. Los restos apuntan a una muerte violenta en un inusual entierro sin rituales
Los expertos notaron rápidamente la ausencia de prácticas habituales en el lugar del hallazgo. Las comunidades ibéricas solían quemar a sus difuntos con gran cuidado para luego depositarlos en necrópolis preparadas. Aquí los cuerpos quedaron totalmente intactos. Tampoco construyeron una fosa definida. Simplemente arrojaron los cadáveres de forma desordenada junto a la gran muralla sur del antiguo asentamiento, marcando una clara separación comunitaria.
Un descubrimiento macabro
Uno de los hombres rondaba los cuarenta años de edad. Sufrió un corte muy profundo en la pierna derecha provocado por un arma pesada. Dicha herida causó una rápida muerte por pérdida excesiva de sangre. Semanas antes sobrevivió a un tremendo golpe contundente en la zona frontal de la cabeza. El hueso craneal presentaba señales claras de curación avanzada.
El segundo individuo padeció un final aún más drástico a manos de sus captores. Los atacantes lo decapitaron por completo. Luego colocaron su cabeza sobre su propio brazo, a escasos cuarenta centímetros del torso. La posición sumamente forzada de los miembros indica una manipulación muy brusca durante el veloz entierro.
Castigo ejemplar
Seis enormes cuernos de ciervo rodeaban la macabra escena principal. Algunas piezas medían más de un metro de largo. Quienes organizaron el depósito colocaron varios fragmentos óseos antes de lanzar los cuerpos. Luego añadieron más astas encima de los fallecidos. Dicha organización secuencial señala una acción muy planificada para transmitir un severo mensaje de advertencia al resto del pueblo.
Los especialistas interpretan el triste suceso como una "muerte mala". Dicho antiguo concepto agrupaba situaciones de personas marginadas o ejecutadas. Al negarles el sagrado ritual del fuego, los líderes locales buscaron castigar a los hombres más allá de la vida terrenal. Así los dejaron excluidos en los límites físicos de la ciudad para toda la eternidad.






