Sabrina Milagros Sepúlveda tiene 19 años, aunque todos en el barrio le dicen Mili. Su vida comenzó en uno de los lugares más duros de Mendoza: el viejo basural de Puente de Hierro, en Guaymallén. La familia vivía en el Barrio El Vertedero. Allí, entre montañas de residuos, ranchos de chapa y chozas precarias, se crió junto a su familia, sobreviviendo de lo que otros desechaban. Pero Mili no se quedó con eso: fijó en su mente aquello que no quería para otros niños y se convirtió en una referente barrial que fue seleccionada para participar en Brasil de un seminario denominado "Dignidad en la infancia". Asistió en representación de una ONG mendocina que trabaja en el tema: Generando Puentes.
De nacer en un basural a referente barrial: la historia de Mili y su lucha por la dignidad de los niños
Sabrina Milagros Sepúlveda creció en el viejo basural de Puente de Hierro, en Guaymallén. De vivir entre chozas y basura pasó a convertirse en referente barrial
“Nací y crecí en el basural. Era muy chiquita y me acuerdo que vivíamos de la basura. Mis papás y mis abuelos iban a cartonear, y nosotros, los chicos, acompañábamos. Nos mudábamos de rancho en rancho, siempre al costado del basural. Vivíamos como se podía”, recuerda.
La infancia de Mili no fue fácil. La muerte temprana de su papá marcó un antes y un después. “Cuando murió mi papá, yo era muy chica. Fue un golpe tremendo, porque a partir de ahí mi familia se desarmó. Me fui a vivir con una tía, aunque no pude seguir estudiando”, evoca.
En ese mirar atento a las infancias que la rodeaban, comenzó a nacer una semilla que más tarde daría fruto: la necesidad de acompañar a los niños vulnerados.
Un merendero, el inicio del cambio
Los abuelos de Mili habían fundado un pequeño merendero en el barrio, un refugio en medio de tanta necesidad. “Ese merendero fue como mi casa. Ahí me crié, aprendí, me formé. Veía cómo los chicos iban con hambre y con ganas de jugar, y yo empecé a ayudar. Primero dando la merienda, después organizando cosas. Sin darme cuenta, me fui metiendo en todo eso y empecé a sentir que mi lugar era ese: estar con los chicos”, relata.
Con el tiempo, Mili se convirtió en referente barrial. En un contexto de carencias extremas, eligió el fútbol como herramienta de transformación. “Me di cuenta de que el fútbol era lo que más movilizaba a los chicos. Armamos equipos, jugábamos en la calle y hoy soy profe en Generando Puente. Para muchos de esos chicos, el fútbol es todo”.
Generando Puentes: la organización que le abrió horizontes
En 2020, su vocación de ayuda se amplió al sumarse a la ONG Generando Puentes, una organización que trabaja en barrios populares de Mendoza.
Se trata de una iniciativa social, fundada en 2017 que promueve procesos de desarrollo comunitario en barrios populares de Mendoza, por medio de dispositivos como apoyo escolar, primera infancia, talleres de arte, futbol, murga, acompañamiento a niñez en situación de calle y habitat digno. (instagram: @generandopuentes).
Allí, Mili encontró un espacio donde su voz tenía eco. “Con Generando Puentes aprendí mucho. No se trata solo de dar una merienda, sino de acompañar procesos, escuchar a las familias, buscar que los chicos tengan oportunidades. Me sentí parte de algo más grande, de una red que realmente genera cambios”.
La pandemia fue un desafío enorme. “El COVID pegó fuerte en los barrios. Había hambre, había miedo. Con la ONG estuvimos presentes todo el tiempo, llevando contención", señala.
El viaje a un encuentro sobre la infancia que le cambió la vida
La experiencia más transformadora para Mili llegó en 2025, cuando fue seleccionada como representante de Mendoza en un seminario internacional sobre la infancia, en Brasil. El encuentro, titulado “La dignidad en la infancia”, reunió a referentes barriales de toda Latinoamérica.
En Brasil, Mili compartió su historia y escuchó las de otros jóvenes que pasaron infancias difíciles y que trabajan en comunidades vulnerables. “Me encontré con chicos de Colombia, de Perú, de Brasil, de todos lados. Y me di cuenta de que las infancias se parecen, que los problemas son los mismos: la pobreza, la falta de oportunidades, la violencia. Pero también vi que hay miles de personas luchando por cambiar eso. Eso me dio esperanza. Volví con más ganas que nunca de seguir trabajando”.
Hoy, Mili es un ejemplo para muchos en Mendoza. Con una fuerza vital extraordinaria, se ha convertido en referente barrial y social. Los chicos de los barrios la siguen, la admiran y respetan.
“Mi camino es estar con los chicos, acompañarlos, que no les falte lo que a mí me faltó. Tuve una infancia difícil, de supervivencia. Por eso quiero que ellos sí tengan infancia, que jueguen, que sueñen, que estudien, que sean felices”, dice.
Sus días transcurren entre el merendero, las canchas de fútbol, las reuniones con Generando Puentes y el contacto con vecinos que la buscan. ¿Su sueño? Poder estudiar Trabajo Social.
El futuro que sueña: ser trabajadora social
Mili tiene claro que su camino recién empieza. Sueña con poder estudiar Trabajo Social, con poder capacitarse y multiplicar lo que hace. “Quiero estudiar, me encantaría ser trabajadora social. Y también quiero que mi historia sirva para mostrar que se puede, que aunque hayas nacido en un basural, aunque la vida te haya pegado, siempre hay una oportunidad de salir adelante”.
Al mirar atrás, no reniega de su pasado. “Si hoy estoy acá es por todo lo que viví. El dolor me hizo fuerte. Si yo no hubiera estado en el basural, quizás no estaría ayudando hoy”.
Un mensaje para todos luego de una vida en un basural
Antes de terminar la charla, Mili deja un mensaje que resume su lucha: “La dignidad en la infancia no es un lujo, es un derecho. Cada chico debería tener comida, educación, un techo digno, alguien que lo ame. No importa si vive en un barrio privado o en un basural: todos los niños merecen lo mismo. Y si yo puedo aportar un granito para que eso pase, voy a estar ahí”.
Su historia, de esas que golpean y al mismo tiempo inspiran, demuestra, como la de tantos otros, que se puede salir adelante. Que se puede dar una mano a partir de lo vivido. Y que muchos líderes sociales nacen de esta manera. Mili, la niña que jugaba entre la basura, es hoy la joven que levanta la bandera de la dignidad de la infancia.








