Durante el día es el costado oeste de la Terminal de Ómnibus de Mendoza con todo su trajín e incesante ir y venir de personas y colectivos, taxis y particulares. El problema es a la noche cuando se convierte en una jungla; un escenario de robos, actos de pillaje, escapes de tinte cinematográficos y más de una paliza a punto de ser linchamiento.

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Las causas son clarísimas y evidentes, acaso demasiado. Pero ni aun así se arriba a la solución. ¿O tanto cuesta darse cuenta de que es indispensable y urgente al mismo tiempo dotar de vigilancia policial esa zona para atenuar -y ojalá bajar a cero- la gran cantidad de robos que ocurren durante las noches? De celulares al tope de la lista. De auriculares, carteras, bolsos y otras pertenencias también.

Porque la zona está muy desprotegida y en consecuencia, cuando cae la noche, una bandada de delincuentes -los mismos de siempre- hace de las suyas a gusto y piacere. Merodean. Van y vienen de a uno o en pareja. Olfatean la distracción. Y calculan el instante preciso hasta que se lanzan sobre las víctimas, todas ellas usuarios de esos colectivos que tocan la dársena oeste y levantan y dejan gente.

Y les roban los celulares y otras cosas y las dejan sumidas en la angustia del despojo. El llanto. La impotencia. Y más aun: huyen, como es lógico, pero es más grave porque huyen de tal manera que arriesgan la vida y están a punto de arruinársela a más de un conductor de auto, taxi o colectivo que podría atropellarlos y matarlos. Porque se atraviesan.

Sí, porque cuando escapan muchos cruzan los carriles de la Costanera siempre atestados de vehículos que van hacia el Norte o hacia el Sur. Aunque algunos se meten en las entrañas circundantes.

Días atrás, uno de estos delincuentes, ya con el celular robado a una joven entre manos, fue embestido por un taxista. Cayó y hasta ahí llegó. La pierna no le dio para más y quedó tendido. Rápido de reflejos, revoleó el celular para despojarse de la prueba del delito.

¿Astuto? Sí, pero a medias. Porque no contó con que durante los próximos diez minutos le darían una paliza fenomenal entre los acompañantes de la víctima y otras personas que se hartaron de la situación y abandonaron el rol de espectadores para pasar a la acción.

Tema dos: la oscuridad

Hasta el hartazgo han dicho y repetido las autoridades de Seguridad de los últimos años -décadas, diría- que la carencia de urbanización y la falta de mantenimiento son caldo de cultivo para la delincuencia. Dicho de otro modo, un delincuente puede acechar en un baldío, detrás de una enramada o en una zona a oscuras.

Entonces, ¿por qué las autoridades no solucionan la falta de iluminación en la zona oeste de la terminal y alrededores? Porque este problema no es nuevo ni ocasional sino que se repite sostenidamente, como ya se han publicado en estas páginas.

¿Acaso no advierten de que la delincuencia se sirve de esa oscuridad para robar, hurtar, atacar?

Quiero creer que no. Que todavía no.