Rodolfo Walsh en Operación Masacre
El levantamiento de Valle
En la noche del 9 de junio de 1956 se inició un levantamiento peronista liderado por el General Juan José Valle, para derrocar a la dictadura militar.
La sublevación estaba planeada para comenzar a las 23 del sábado 9 de junio aprovechando una popular jornada de boxeo en el Luna Park transmitida por radio a todo el país.
Las orden era esperar a oir la proclama revolucionaria en medio de la la pelea por el título sudamericano entre Eduardo Lausse y el chileno Humberto Loayza pero ese nunca se concretó por la intervención policial.
Los detenidos
En la casa de Florida
- Carlos Lizaso (21 años, peronista)
- Nicolás Carranza (militante sindical ferroviario, peronista)
- Francisco Garibotti (obrero ferroviario, cinco hijos, peronista)
- Vicente Rodríguez (obrero portuario, tres hijos, peronista)
- Mario Brión (empleado de Siam, un hijo, peronista)
- Horacio Di Chiano (no peronista, pero opositor a la dictadura)
- Norberto Gavino (militante peronista incluido en las listas negras)
- Rogelio Díaz (suboficial retirado de la Marina, dos o tres hijos)
- Juan Carlos Livraga (sólo había ido a oír la pelea).
- Miguel Ángel Giunta (un vecino)
En Avellaneda
- Tte. Coronel José Albino Yrigoyen
- Capitán Jorge Miguel Costales
- Dante Hipólito Lugo
- Norberto Ross
- Clemente Braulio Ross
- Osvaldo Alberto Albedro.
El traslado
El inspector Rodolfo Rodríguez Moreno intentó que los fusilamientos fueran en el Liceo Militar de San Martín pero se le negó toda colaboración y a las 5 de la mañana el teniente coronel Fernández Suárez le ratificó y exigió que lo haga de inmediato en cualquier lugar.
A las 5.30 los doce detenidos fueron colocados en un camión celular, custodiados por quince policías y un auto. Tomaron la ruta 8 y luego se desviaron por el Camino de Cintura. Primero se detuvieron en un punto pero luego decidieron hacer otros trescientos metros, hasta un basural.
La masacre
Los detenidos fueron obligados a bajar a punta de pistola y caminar hacia el basural, iluminado por los vehículos policiales. Allí salieron corriendo y se desató una balacera en la que quedaron cinco muertos: Brión, Carranza, Garibotti, Lizaso y Rodríguez.
"No los ve pero sabe que le apuntan a la nuca. Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez le tiren lo mismo. Tal vez les extrañe justamente que no se mueva. Tal vez descubran lo que es evidente, que no está herido, que de ninguna parte le brota sangre. Una náusea espantosa le surge del estómago. Alcanza a estrangularla en los labios. Quisiera gritar. Una parte de su cuerpo -las muñecas apoyadas como palancas en el suelo, las rodillas, las puntas de los pies- quisiera escapar enloquecida. Otra -la cabeza, la nuca- le repite: no moverse, no respirar". "No los ve pero sabe que le apuntan a la nuca. Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez le tiren lo mismo. Tal vez les extrañe justamente que no se mueva. Tal vez descubran lo que es evidente, que no está herido, que de ninguna parte le brota sangre. Una náusea espantosa le surge del estómago. Alcanza a estrangularla en los labios. Quisiera gritar. Una parte de su cuerpo -las muñecas apoyadas como palancas en el suelo, las rodillas, las puntas de los pies- quisiera escapar enloquecida. Otra -la cabeza, la nuca- le repite: no moverse, no respirar".