Hace 28 años, los relojes rondaban las 14:45 de una muy tranquila ciudad de Buenos Aires. Pero de pronto la calma terminó, o mejor dicho se rompió en millones de pedazos, con una explosión que destruyó la sede de la Embajada de Israel en la capital de nuestro país. Poco más de 50 kilogramos se llevaron la vida de 22 argentinos, pertenecientes a la comunidad judía, sufriendo las consecuencias de la cruel y eterna guerra de Medio Oriente.

En la calle Arroyo 916 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una camioneta Ford F-100, transportando un total de entre 55 y 60 kg de explosivos, se estrelló contra la puerta de la sede de la delegación diplomática israelí.

Como si el horror no fuera suficiente, 853 días después, otro atentado dinamitero atacaba en suelo argentino otro objetivo de la comunidad judía: la mutual de la AMIA.

Además de los 22 fallecidos, también hubo un saldo de aproximadamente 350 heridos, además de cuantiosos daños materiales.

El atentado se llevó a cabo como en horas de la tarde, perpetrado por un conductor suicida que estrelló la camioneta contra el frente de la Embajada de Israel, derrumbando el edificio y causando daños colaterales a varias construcciones de la zona, como una escuela y una iglesia del barrio.

Entre los fallecidos -además de argentinos e israelíes- hubo ciudadanos bolivianos, un uruguayo y otro italiano. También unas ancianas alojadas en un geriátrico ubicado frente a la embajada, algunos peatones y hasta un sacerdote.

Las investigaciones apuntaron rumbo a oriente, y luego cuando del Jihad (Guerra Santa) primero en el Líbano, y de Hezbollah luego, se autoadjudicaron el atentado, luego de dilatarse en el tiempo las pericias y no llegar a ningún veredicto consistente, se llegó a decir que los responsables del hecho fueron ajusticiados por Israel mismo, mientras que en la Argentina la causa prescribió, inconexamente con las medidas y acciones que haya tomado el Estado de Israel o quien corresponda.

Hoy en la actualidad se encuentra levantada parte del muro de la embajada, de la construcción original, junto a dos hileras de árboles, de tilo, que simbolizan a las víctimas del atentado y cada 17 de marzo, a las 15 se recuerda en esa plaza, el inexplicable y cobarde acto donde agentes externos atentaron -en nuestro territorio- y contra argentinos y extranjeros residentes que eligieron Argentina como hogar. La causa se cerró y no hubo detenidos por este horroroso crimen contra la humanidad toda.

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