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Covid: qué hacer con nuestros niños frente a las pantallas

Una especialista en Desarrollo Infantil aconseja a padres de niños y adolescentes ya "intoxicados" por la cantidad de horas de encierro frente a las pantallas

La segunda ola de Covid-19 encuentra a las familias otra vez medio confinadas en casa con el agravante de que ya la “pandemia de las pantallas” ya se instaló y no solo en los niños y adolescentes sino también en los adultos.

El punto es que, para muchos grupos familiares, la super exposición a la tecnología ha ido erosionando los vínculos entre adultos y niños, situación que se volvió más grave entre adultos y chicos que ya tenían problemas para comunicarse

Diario UNO entrevistó a la psicoterapeuta Matty Tuszyner, especialistas en desarrollo infantil, niños con TEA -Trastornos del Espectro Autista- y niños con trastornos de la Comunicación. La especialista reside en CABA, pero está preparando un taller especial de arte para chicos con TEA, que se llevará adelante próximamente en Mendoza.

Tuszyner explicó cuáles son los peligros de dejar solos a los chicos frente a la inmensidad de posibilidades que ofrece internet y qué se puede hacer para manejar el tiempo que pasan frente a las pantallas para que estas sean usadas como un beneficio para los niños y no como un objeto perjudicial.

-¿Se puede decir que estamos inmersos en una pandemia de pantallas?

-El problema de los niños con las pantallas no empezó con la pandemia. La pandemia por necesidad y por comodidad, vino a exacerbar su uso y ha puesto en evidencia la conveniencia del uso de las nuevas tecnologías, pero eso también ha significado un aumento significativo en el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas. Ahora, cuando se habla con insistencia de la llegada de la llamada “segunda ola” de la pandemia es bueno y útil aprender las enseñanzas que nos dejó la primera ola.

-¿Qué deberíamos haber aprendido con la experiencia de la primera ola?

-En primer lugar, tenemos que aprender a observar el fenómeno y prestar atención, por ejemplo, al significado de las palabras marinas que se usan en computación: navegador, navegar, bucear en la web. Siguiendo estas metáforas, si pensamos a nuestros hijos como marineros de un barco que sale a navegar a mar abierto y a internet como el mar mismo, debemos tener en cuenta que ningún marinero lo hace solo. Tiene en tierra una torre de control, faros, radares y en el cielo satélites e incluso estrellas, que son los soportes que le ayudaran a navegar en forma segura. Si quisiéramos evitarles todos los riesgos, su barco debería quedar amarrado en puerto. Un marinero preparado, minimizará los riesgos y sus oportunidades de conocer el mundo serán enormes.

-Específicamente, ¿cómo debemos actuar los adultos al respecto?

-Para empezar, es bueno dejar sentado un punto que en mi experiencia de trabajo con niños y con padres es central: Los niños no nos necesitan como amigos, nos necesitan como guías, debemos ser su faro. Con la mano en el corazón, debemos admitir que querer ser amigo de nuestros hijos es pura demagogia. Como padres responsables, debemos volver a tener el control sobre el rol que la tecnología va a tener en la vida de nuestros hijos. puede que los niños a veces no nos escuchen, pero no tengan dudas de que nos miran siempre.

-Es decir que ellos imitarán lo que nosotros hacemos con la tecnología...

-Lo que se impone es, durante la pandemia, revisar qué nos pasa a los adultos con estas nuevas tecnologías y con los mensajes ambiguos que recibimos. Los adultos solemos adoptar tres posiciones: “La del todo”, “La de la nada” y la de "Los oscilantes”

-¿Qué implican estas posturas?

-La posición “del todo” es la que toman los adultos que piensan que la tecnología es un hecho irreversible. No luchan contra su consumo porque ven en su uso todas las en oportunidades. Permiten el acceso libre y con poco o ningún control sobre el uso de las pantallas, los niños acceden la tecnología cuándo, dónde y cómo quieren. Estos adultos no restringen el uso de los dispositivos electrónicos porque no saben poner límites y entregan sus niños a los aparatos. Acostumbrados a usarlos libremente, tienen reacciones intensas y catastróficas frente a los límites. En situaciones de confinamiento, estas familias desarrollan un estilo de pase libre a la tecnología, pensando que es la única forma de sobrevivir a la pandemia. De este modo, pierden la comunicación entre ellos, hablan poco, renuncian a las actividades compartidas, se desconectan de la naturaleza. La partida la ganan la desconexión y el sedentarismo, dos de los grandes problemas que ha dejado la Pandemia.

En la otra posición, en “la de la nada", los adultos luchan denodadamente contra las pantallas. No tienen término medio. Pueden llegar a suprimirlas de manera radical. Ven solo peligros y no le encuentran ninguna utilidad. Como la tecnología les genera miedos, la estrategia para sobrevivir es evitar su uso, incluso en contexto de pandemia. Quieren proteger a los niños y adolescentes alejándolos de la tecnología o si no, controlar absolutamente todo lo que sucede con ella. Esto se complica cuando los niños van creciendo porque el control se hace más difícil, llegando a comprometer el vínculo con los ellos, implementando medidas extremas como: escuchar sus conversaciones, leer sus mensajes de WhatsApp y hasta conseguir a escondidas las contraseñas de las redes sociales de sus hijos.

En tanto que los “oscilantes” son los más numerosos. Como los niños se divierten con la tecnología, muchas veces, son ellos quienes se los ofrecen y los orientan en esa dirección cuando necesitan tranquilidad para ellos mismos, para que estén entretenidos o para que se calmen. Es decir les damos pantallas buscando distraerlos en lugar de enseñarles cómo tranquilizarse, cómo calmarse por sí solos. Los dispositivos electrónicos son usados como premio o castigo para controlar el comportamiento de los niños. Estas actitudes van formando lo que en la jerga actual se llamaría “población de riesgo”. Si nos fijamos en lo dicho, vemos aquí que estas 3 posturas tienen algo en común: ninguna de ellas prepara al niño o al adolescente para poder manejar la tecnología de forma responsable, tanto durante la pandemia, como cuando esta termine.

-¿Cuál sería, entonces, la postura correcta a tomar por los adultos frente a esta situación?

-Debemos tener en cuenta que los niños se desarrollan saludablemente si en todos los aspectos importantes de su vida son acompañados por las personas que los cuidan y no por las pantallas. Debemos desechar la idea de que los mayores riesgos vienen de la web, porque en realidad, el mayor riesgo está en la mala calidad del vínculo que se instala en la familia a causa de ella. Puede que la web venga a tapar esas dificultades de comunicación que ya había antes. Un simple plan y un buen acuerdo con todos los miembros de la casa nos ayudaran a remediar esto. El plan debe fijar horas como también contenidos y actividades. La función de entretenimiento de las pantallas se vuelve problemática cuando no se limita el tiempo. Fijar horario para usar internet, pueden ser fundamental para enseñar autorregulación con el ejemplo. Esto es problemático sobre todo si desglosamos sus riesgos por edades. Hay unos riesgos generales a todas las edades y otros graves en mayor o menor medida según la franja etaria a que nos refiramos La Comunicación

-¿Cuáles son los riesgos de la super exposición que los niños han tenido frente a las pantallas durante la pandemia?

-Los riesgos son tanto de su salud psíquica, como la falta de concentración -por ende la afectación negativa en sus tareas escolares-, el acoso cibernético o grooming, comportamientos riesgosos (del tipo de las adicciones), contacto con juegos que no parecen ser, pero estimulan comportamientos violentos, tendencia a estar más solos, desconectados de los vínculos y hasta con posibilidades de deprimirse. En cuanto a la salud física, desde el sedentarismo y la obesidad, hasta trastornos del sueño e incluso dolor en las manos, muñecas, cuello y espalda. El aumento de tiempo frente a las pantallas puede provocar también un estrechamiento de los vasos sanguíneos en los ojos (las consecuencias a largo plazo son inciertas).

-¿Qué habilidades se deben estimular para que los niños puedan manejarse frente a la tecnología?

-Es bueno recordar que internet es un espacio público y que así como no dejaríamos a los niños solo en una plaza, tampoco podemos dejarlos solos frente a las pantallas.

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